Recuerdo la mañana en que mi abuela me señaló un manojo de tomillo junto al camino y me explicó que en España casi cualquier monte mediterráneo lo guarda como tesoro. El romero y el tomillo son omnipresentes en la costa y el interior seco; ambos se usan en infusiones para aliviar molestias leves y en cocina para dar sabor. La lavanda crece en las zonas más soleadas y se aprovecha por su aroma relajante —ideal para sacos de armario o infusiones suaves— mientras que la salvia, más resistente, aparece en laderas y jardines; tiene usos tradicionales para la garganta y la digestión.
En los huertos y balcones urbanos proliferan la menta, la melisa y la manzanilla («Matricaria chamomilla»), perfectas para infusiones frescas. El hipérico (hipérico perforatum) es muy común en praderas y bordes de caminos y se ha usado tradicionalmente para el ánimo, aunque conviene recordar que interacciona con medicamentos. En las montañas encontramos arnica y valeriana, y en zonas templadas aparece la tila (tilia) y la ortiga, rica en minerales y usada en infusiones. Para quien cultiva, el aloe vera prospera en el sur y en maceta; es un recurso práctico para pieles quemadas o pequeñas heridas, siempre con precaución.
Lo que más me gusta es que muchas de estas plantas están al alcance de un paseo: jara (cistus), hinojo silvestre, diente de león y llantén. Eso sí, recoger responsablemente, identificar bien y evitar consumo durante embarazo o con medicación son reglas que repito cada vez que salgo al campo. Me deja una sensación de conexión con lo natural y con tantas generaciones que usaron las mismas hierbas.
Me encanta explorar tiendas especializadas en plantas medicinales, y en España hay algunas joyas. En ciudades como Barcelona o Madrid, existen herbolarios con décadas de tradición donde puedes encontrar desde manzanilla hasta raíz de valeriana, todo con certificación ecológica.
También recomiendo ferias locales de agricultura, donde pequeños productores venden sus cultivos sin intermediarios. La calidad suele ser excelente porque ellos mismos cuidan cada etapa del proceso. Eso sí, siempre pregunta por el origen y el método de secado para asegurarte de que conservan sus propiedades.