Me reí como loco la primera vez que apareció Wil Wheaton en «The Big Bang Theory»; su llegada fue un golpe de energía auténtica para la dinámica del grupo.
Recuerdo que lo mostraron interpretándose a sí mismo, con esa mezcla exacta de arrogancia simpática y
autocrítica que lo hace querible. En la serie se le presenta como una especie de némesis para Sheldon: alguien que, por su propia fama y pasado en la
cultura geek, despierta
celos y competencias ridículas que generan comedia pura. Lo divertido es que no es un villano, sino más bien la personificación de un ego con el que Sheldon entra en conflicto.
Con el paso de las apariciones, la relación evoluciona: hay enfrentamientos, humillaciones y también
momentos en los que se deja ver que ambos comparten pasiones similares por la cultura nerd. Para mí, ese arco de rivalidad a camaradería es de lo mejor que trajo el programa, porque Wheaton juega con su propia imagen y eso enriquece la
sátira sobre la fama dentro del fandom.