En mi grupo de cinefilos siempre vuelvo al mismo ejemplo: la versión de Magneto que hizo McKellen nunca se sintió como un relleno. Ian McKellen interpretó a Erik Lehnsherr/Magneto en la saga «X-Men» de Fox —aparece en «X-Men», «X2», «X-Men: The Last Stand» y reaparece en «X-Men: Days of Future Past»— y no tuvo otros papeles dentro de las películas de Marvel.
Su rol funcionó como secundario en términos de reparto en algunas entregas, pero con peso dramático y moral que transformó cada película donde apareció. Personalmente, siempre recuerdo su presencia como sofisticada y cargada de historia, un tipo de actuación que rara vez se olvida.
Me resulta difícil separar a Ian McKellen de su Magneto porque esa interpretación quedó grabada en tantas pantallas y generaciones.
Él encarnó a Erik Lehnsherr, más conocido como Magneto, en la saga cinematográfica de los X-Men producida por 20th Century Fox. Sus apariciones principales incluyen «X-Men» (2000), «X2» (2003), «X-Men: The Last Stand» (2006) y regresó en «X-Men: Days of Future Past» (2014). En esas películas es, más que un villano plano, una figura compleja que funciona como antagonista y a la vez como motor emocional de varias tramas.
Lo interesante es que, aunque mucha gente asocia a McKellen con Marvel por este personaje, sus papeles fuera de la saga X-Men no incluyen otras identidades dentro del universo marvel cinematográfico. Su Magneto es la contribución más significativa y reconocible al mundo de los cómics en pantalla, y su versión marcó la forma en que se veía al personaje hasta las reinterpretaciones posteriores.
No puedo dejar de pensar en la potencia dramática que le dio a Magneto: dignidad, rabia y tristeza en el mismo gesto. Ian McKellen interpretó a Erik Lehnsherr, alias Magneto, en varias entregas de la franquicia X-Men bajo la marca de Fox: lo vimos en «X-Men», «X2», «X-Men: The Last Stand» y volvió en «X-Men: Days of Future Past».
Aunque la pregunta habla de roles secundarios, conviene aclarar que McKellen no tuvo otros personajes en películas de Marvel diferentes a Magneto; su trabajo ahí fue el de un secundario clave y, en muchas escenas, casi protagonista. Su Magneto contrasta con la versión joven de Michael Fassbender en las películas anteriores de la línea temporal, y esa dualidad entre actores ayudó a enriquecer la saga. Al final, su presencia elevó el tono de esas películas y dejó una huella difícil de ignorar.
Me fascina cómo una sola figura puede funcionar en tantos registros dentro de una franquicia gigante. En el caso de Ian McKellen, su aportación al cine de superhéroes está concentrada en la encarnación de Erik Lehnsherr, conocido como Magneto. Lo vimos en «X-Men» (2000), «X2» (2003), «X-Men: The Last Stand» (2006) y en un regreso notable en «X-Men: Days of Future Past» (2014).
Desde la óptica de alguien que disfruta analizar personajes, su Magneto es más que un antagonista secundario: es un contrapunto filosófico para el grupo de protagonistas, un líder con motivaciones profundas y heridas personales que justifican —o al menos explican— sus acciones. Si se habla de roles secundarios, diría que McKellen los elevó; convirtió lo que podría haber sido un mero villano en una pieza esencial para el conflicto y la emoción de las películas. También vale la pena mencionar que esas interpretaciones se dieron fuera del actual universo cinematográfico de marvel, así que su legado pertenece a la era de los X-Men de Fox.
2026-07-17 10:29:42
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Me Metí en La Novela y Él Me Eligió
Isabel Ortiz Michaus
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Me metí en una novela.
Y no como la protagonista ni como la villana, sino como una extra bonita, sin nombre, de esas que solo aparecen de fondo para rellenar escenas.
El problema es mi hermano mayor: de todos los personajes, es el único que se comporta como una persona normal, y justo por eso, en la novela lo pintan como el “amor imposible” de la protagonista: un dios frío, reservado, casi intocable, al que ella jamás logra conquistar.
Cuando ella se le declara entre lágrimas, él responde que está estudiando.
Cuando le promete entregarle todo, él dice que anda montando un negocio.
Cuando ella se deja caer y se pierde entre galanes, él ya está en la cima, con un éxito brutal y diez mil millones de dólares al año.
Yo, de verdad, pensé que iba a vivir en paz, sin deseos, sin tentaciones, así para siempre.
Hasta que una noche, ya de madrugada, lo encontré con una prenda que yo reconocería en cualquier parte entre sus manos… y, en voz baja, casi obsesivo, repitiendo un nombre una y otra vez.
Un nombre demasiado familiar, demasiado cercano.
El día en que el primer amor agonizante de mi compañero entró en labor de parto, sus padres apostaron a diez guerreros frente a mi puerta.
Lo hicieron solo para impedir que irrumpiera en la sala de parto y arruinara el nacimiento del heredero del Alfa Kaelen.
Sin embargo, no aparecí. Ni siquiera cuando el llanto de un recién nacido llenó el aire.
Su madre, la antigua Luna, sostuvo la mano de la otra loba y soltó un suspiro de alivio.
—Liana, con nosotros aquí, ¡esa estéril de Elara jamás les hará daño a ti ni al cachorro!
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Por fin se relajó al comprobar que yo no iba a venir.
No podía entenderlo. Lo único que quería era darle un hijo, un legado, al primer amor que se estaba muriendo. ¿Por qué no podía yo ser más comprensiva?
Al mirar al cachorro dormido, una sonrisa satisfecha cruzó su rostro.
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Pero él no lo sabía. Yo acababa de presentar mi solicitud ante el Consejo Supremo.
En una semana, renunciaría a mi estatus dentro de la manada, me iría con los bebés que llevaba en el vientre y no volvería a verlo jamás.
CONTENIDO ADULTO: Este libro contiene escenas y temas que pueden ser sensibles o perturbadores para algunos lectores. La lectura está indicada para mayores de 18 años.
Cuando Susan, una publicitaria determinada e independiente, acepta un nuevo empleo en la poderosa Rurik Motors, no imagina que está a punto de cruzarse en el camino de Dmitry Rurik. Un Alfa frío, implacable y marcado por un pasado que le enseñó a nunca amar.
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Hace tres años, el hermano de mi esposo recibió una bala por él. Por eso, Gwen trajo a la viuda de su hermano, Eliza, a nuestro hogar. Yo era la Donna solo de nombre. Tuve que hacerme a un lado para dejarle el lugar a Eliza en todo.
Una vez, Eliza fingió cortarse las venas. Dijo que yo la había incitado a ello. Gwen me agarró por la garganta, y el instinto asesino brilló en sus ojos.
—Lárgate. La familia Falcone no tiene lugar para una perra venenosa como tú.
Él le entregó la fundación de arte de la familia para "compensarla". Se suponía que esa fundación sería mía.
Esa vez, no dije nada.
Él estaba firmando una pila de contratos comerciales. Simplemente deslicé los papeles del divorcio entre ellos. Unos días después, notó que yo no estaba en casa. Me buscó por todo Chicago, pero no pudo encontrarme.
Fue entonces cuando vio la sentencia de divorcio.
Finalmente lo entendió. Me había ido. Para siempre.
Ese día, el intocable rey del Chicago Outfit… se hizo pedazos.
No puedo evitar sonreír cuando pienso en la carrera de Ian McKellen y los reconocimientos que ha acumulado: su trayectoria ha sido premiada tanto en teatro como en cine y condecorada por el propio Reino Unido.
Yo recuerdo leer que fue nombrado caballero (Knight Bachelor) en 1991, una distinción oficial por sus servicios al teatro y a las artes que le dio el título de «Sir». En el terreno estrictamente artístico, ha ganado varios premios Laurence Olivier por su trabajo teatral —es conocido y celebrado en los escenarios británicos— y ha cosechado también numerosos galardones y reconocimientos de trayectoria y honoríficos a lo largo de los años.
Además, ha recibido nominaciones muy destacadas en cine: fue candidato al Oscar por «Gods and Monsters» (Mejor actor) y por su papel en «El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo» (Mejor actor de reparto). Más allá de los premios competitivos, su carrera está salpicada de premios de crítica, honores institucionales y reconocimientos por su contribución a la cultura, así que la suma de todo eso explica por qué es una figura tan reverenciada. Me parece genial que su trabajo haya sido valorado desde tantas aristas diferentes.
Recientemente me puse a seguir varias charlas donde Ian McKellen ha hablado de cine y me llamó la atención lo abierto que ha estado con la prensa. En los últimos meses le vi conceder entrevistas a medios como «The Guardian» y la BBC, donde repasó tanto su trabajo en «El Señor de los Anillos» como su visión sobre el cine contemporáneo y la experiencia teatral frente a la pantalla.
En una conversación para «The New York Times» mencionó cómo cambian las audiencias y la importancia de mantener viva la tradición de ver películas en sala, y en una charla con «The Hollywood Reporter» profundizó en la relación con directores con los que ha trabajado durante décadas. También apareció en un par de podcasts y programas de radio especializados hablando sobre la longevidad de los personajes que interpreta y la manera en que el cine moderniza los clásicos.
Me quedó la impresión de que, además de anécdotas, buscaba dejar una reflexión sincera sobre el oficio de actuar en la pantalla grande; se nota que disfruta compartir sus recuerdos y defender el valor social del cine.