Hace años guardo en la memoria una lista de películas españolas que, sin pedir permiso, se colaron en la cartelera global y cambiaron la percepción que tenía mucha gente sobre el cine de aquí.
Pienso en «Los otros» de Alejandro Amenábar: una película con una atmósfera opresiva, una actriz internacional como Nicole Kidman y un final que dejó a mucha gente hablando. Ese film demostró que un thriller español podía competir en salas y mercados anglosajones gracias a su pulso narrativo y pulcritud técnica. En una línea cercana, «
mar adentro» fue otro hito: la historia íntima y poderosa de Ramón Sampedro llegó al Oscar y abrió puertas para que el cine español se viera como capaz de tocar temas universales con gran dignidad.
También me encanta cómo el fantástico y el cine de autor rompieron barreras: «
el laberinto del fauno» (aunque dirigido por
guillermo del toro, mezcla de producción hispana) dejó huella por su mezcla de
cuento de hadas y brutalidad histórica; y «Volver» de Almodóvar, con su mezcla de humor, dolor y personajes inolvidables, funcionó en festivales y salas de todo el mundo. No puedo olvidar «
el orfanato» y «[•REC]», dos ejemplos
de terror español que provocaron remakes y replicaron fórmulas en otros países. Al final, lo que más me interesa es que esas películas no solo vendieron boletos: cambiaron la forma en que el público internacional miró el cine español, mostrándolo variado, audaz y con identidad propia.