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Reclamada por la Mafia
Reclamada por la Mafia
작가: Bagel

Capítulo 1

작가: Bagel
Cuando mi mamá tomaba una decisión, no había vuelta atrás. Siempre fue firme con eso.

Firmé el acta de alta médica y regresé a la villa. El teléfono vibró en mi bolsillo cuando estaba frente a la puerta. Puse la huella en la cerradura biométrica y la puerta cedió con un clic. Caminé arrastrando los pies hacia la cocina.

Al revisar la pantalla, vi que un montón de propuestas de matrimonio llenaban la bandeja de notificaciones. Cada una tenía fotos bien detalladas e información sobre los candidatos. Vi la llamada que aún seguía en espera, así que deslicé el dedo para contestar y me apoyé contra la encimera de mármol de la cocina.

—Mamma lo sabía desde hace tiempo: Ryder no era el hombre indicado —sentenció la voz de mi mamá al otro lado de la línea—. Un hombre que de verdad se quiere casar contigo no te hace esperar siete míseros años para ponerte un anillo. Aún estás a tiempo de salir de ahí. Ya tengo todo listo para la boda que te he estado planificando en secreto. Es en tres días. Tómate tu tiempo para empacar.

Así que, para el resto del mundo, la realidad siempre había sido clara como el agua. Y yo, durante siete malditos años, me tragué todas sus promesas vacías y dejé que me manipulara como a una reverenda idiota.

—Mamma, elige tú. Me da igual quién sea. Solo quiero que la ceremonia sea discreta —le dije. Mi voz sonó más fría de lo que esperaba.

Escuché pasos a mis espaldas. Ryder apareció de la nada en la puerta de la cocina y, al escuchar la palabra «boda», se acercó.

—¿Una boda? ¿Qué boda? —preguntó, arrugando la frente.

Intentó arrebatarme el teléfono, pero reaccioné a tiempo y lo puse boca abajo contra la encimera. Hizo el amago de quitármelo otra vez, pero su teléfono rompió la tensión.

Contestó la llamada y puse los ojos en blanco. La villa estaba sumida en silencio, así que escuché a la perfección a la mujer que lo llamaba. Era Blair. Parecía andar de histérica otra vez.

—Ryder, ayúdame... Descubrieron mi dirección. Me mandaron una carta con amenazas. Tengo mucho miedo —suplicó.

La cara de Ryder cambió. Frunció el ceño y la preocupación borró cualquier rastro de la discusión que íbamos a tener.

—Blair, no entres en pánico. Quédate en casa, no salgas por ningún motivo. Voy para allá.

Cuando colgó, cualquier duda sobre mi boda desapareció de su mente. Una vez más, no dudó en darme la espalda. Me dejó ahí tirada en la cocina y salió corriendo en medio de la noche a rescatar a su damisela en apuros.

Lo vi largarse. No sentía nada más que una profunda tristeza que me impedía reaccionar. Cuando el ruido del motor se perdió a lo lejos, llamé a mi tía.

Diez años atrás, mis padres habían regresado a nuestra finca en Lanze para tomar las riendas del imperio familiar. Desde entonces, mi tía me acogió en su casa. Cuando se casó, nos mudamos a Star City. Resultó que Ryder vivía en la casa de al lado. Así fue como se cruzaron nuestros caminos.

Años después, mi tía se volvió a casar, vendió la vieja casa y se marchó a Blue Island. Para no ser un estorbo en su nueva vida, me mudé con Ryder. Y ahí me quedé, estancada durante siete años.

Al enterarse de que regresaba a casa para casarme, mi tía pegó un grito al cielo.

—¡¿Casarte?! ¿Con Ryder? ¡Bueno, ya era hora! Siete años... ya le tocaba hacerlo oficial.

Apreté los labios. Me negaba a alimentar su ilusión.

—Zia, no es él. Es un matrimonio arreglado por la familia. Ni siquiera conozco al tipo —aclaré.

El silencio se prolongó entre nosotras. Un silencio denso y con dudas en el aire. Mi tía fue la primera en hablar.

—Olivia, ¿estás segura de esto? Creí que Ryder iba en serio contigo. No entiendo por qué le ha dado tantas largas a dar este gran paso. ¿Quieres que hable con él?

No pude evitar que se me saliera una risa vacía hasta para mis propios oídos.

—No hace falta —le dije—. Para ser sincera, Ryder y yo jamás asumimos un compromiso serio. Nunca me pidió que fuera su novia. En el mejor de los casos, pasamos siete años perdidos en el limbo. Si dejo que esta farsa siga, habré desperdiciado siete años enteros de mi vida al lado de un cobarde.

A mi tía le costó procesar que hubiéramos vivido bajo el mismo techo tanto tiempo sin ninguna etiqueta formal. Al final, dejó de intentar convencerme. Se limitó a decir que, tomara la decisión que tomara, me iba a apoyar contra todo pronóstico.

Antes de colgar, abrí la pantalla de inicio del teléfono y puse un temporizador con una cuenta regresiva. Tres días. Los números comenzaron a latir, marcando el final de mi agonía.

A la mañana siguiente, le pedí a mi mamá que mandara un cargamento con productos exclusivos y una caja de los mejores vinos de la reserva personal de papá, traídos directamente desde la finca en Lanze.

Era mi forma de darle las gracias por todo el apoyo que me dio estos últimos diez años y, al mismo tiempo, mi despedida.

Esa misma tarde, el camión de reparto con el escudo de nuestra familia grabado en los costados llegó a la ciudad. Fui en mi auto detrás del transporte para indicarle al chofer el camino hasta la residencia de mi tía. El corazón se me detuvo cuando vi lo que me esperaba en la entrada.

Era Ryder. Y no estaba para nada feliz.

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