Si solo necesitas un resumen práctico: las grandes cadenas (Starbucks, Dunkin', Costa Coffee) son la opción más fácil y suelen tener sirope de avellana en muchas sucursales de Madrid; perfecto si quieres algo predecible. Las cafeterías de especialidad en barrios como Malasaña, Chamberí o Lavapiés, por otro lado, suelen poder prepararte un hazelnut latte a medida si les pides añadir sirope Monin o Torani, o incluso ajustar la dulzura y la textura de la leche.
Mi truco es pedir «latte con sirope de avellana, poco sirope» para no empalagarme, y cuando tengo tiempo prefiero buscar un local donde el barista me pregunte si quiero leche vegetal o normal. También puedes comprar sirope en supermercados grandes o en tiendas gourmet y recrearlo en casa si te enganchas: con un buen espresso y la proporción adecuada queda mucho más rico que la versión estándar. Al final, en Madrid hay opciones para el capricho rápido y para la versión cuidada; solo cambia dónde vas según lo que te apetezca.
Me pirra encontrar sitios donde el latte de avellana esté bien hecho; en Madrid hay opciones para todos los gustos. Si vas a lo seguro, las grandes cadenas como Starbucks o Dunkin' suelen tener siropes de sabores como avellana en la mayoría de sus sucursales (por ejemplo en Gran Vía, Callao o cerca de Sol), así que es un recurso rápido y consistente si quieres algo inmediato y uniforme. También verás que Costa Coffee aparece en varias zonas y ofrece bebidas similares: no es alta coctelería de café, pero funciona perfecto para un capricho dulce.
Por otro lado, los cafés de especialidad madrileños muchas veces te lo preparan al momento si pides añadir sirope de avellana. En barrios como Malasaña, Conde Duque o Chamberí hay bares que juegan con siropes Monin o Torani y le dan mejor cuerpo y equilibrio al latte. He pedido avellana en sitios como «Toma Café» y en cafeterías de barrio donde el barista ajusta la proporción de sirope y espresso para que no empalague.
Mi recomendación práctica: pide ‘latte con sirope de avellana’ y, si prefieres menos dulce, pide la mitad de sirope. Si te apetece algo frío, el iced hazelnut latte suele salir muy bien con leche vegetal. Y si quieres recrearlo en casa, busca siropes Monin o Torani en grandes superficies o tiendas gourmets: con buen espresso y la cantidad justa de avellana queda delicioso. En resumen, Madrid tiene tanto cadenas fiables como joyas locales que personalizan tu latte, depende de la experiencia que busques.
No hay plan más sencillo que recorrer un barrio y encontrar un latte de avellana que te sorprenda. En Chueca y el centro encontrarás muchas cafeterías de paso y pequeñas cadenas donde suelen tener sirope de avellana; son lugares ideales si vas a hacer compras o turismo y quieres algo rápido. En zonas más alternativas como Lavapiés o Malasaña, los locales independientes suelen ofrecer una versión menos industrial: te lo preparan con cariño y quizá con sirope artesanal o una proporción diferente de espresso.
Si te interesa un punto intermedio entre calidad y comodidad, explora cafeterías de barrio en Chamberí o Salamanca donde los baristas aceptan personalizar bebidas. Personalmente me ha pasado pedir ‘con menos sirope’ y obtener un latte equilibrado que no tapa el café. También hay cafeterías con carta de sabores donde la avellana es fija en la lista, perfecto si vas con prisa y no quieres dudar en el mostrador.
Consejos rápidos: di «latte con sirope de avellana» o «hazelnut latte» si hay personal que habla inglés; pide la mitad del sirope si no te gustan las cosas demasiado dulces; y siéntate a disfrutarlo acompañado de una pastita local. Madrid puede ser muy amable con el paladar si sabes cómo pedirlo y dónde buscar.
2026-07-04 14:28:36
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Harta del apellido Moretti
Anna Smith
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Hoy quiero compartir la lista de ingredientes perfecta para un hazelnut latte casero que realmente merece la pena.
Para un vaso (unos 300–350 ml) uso: 30–60 ml de espresso (un shot doble si quiero más potencia) o 120 ml de café muy concentrado; 200–250 ml de leche (entera, semidesnatada o vegetal como avena si prefiero); y 20–30 ml (o 1–2 cucharadas) de jarabe de avellana. Si hago el jarabe casero, los ingredientes son: 100 g de avellanas tostadas, 200 g de azúcar, 200 ml de agua, una cucharadita de extracto de vainilla y una pizca de sal. Tostarlas intensifica el aroma y la mezcla se pasa por la batidora y se cuela para obtener un jarabe limpio.
Como extras opcionales añado un poco de nata montada o leche espumada por encima, cacao en polvo o una pizca de canela, y avellanas picadas para decorar. También sirve un chorrito de licor tipo Frangelico si es una versión para adultos. Para montar la leche la caliento hasta unos 60–65 °C y la espumo; si no tienes vaporizador, caliento en cazo y bato con un espumador manual.
En casa me gusta ajustar la dulzura: para un sabor suave uso 15–20 ml de jarabe, y si quiero algo más goloso subo a 30 ml. El jarabe casero aguanta en nevera una semana y le da un carácter tostado que no consigues con productos industriales; esa combinación de café fuerte, leche cremosa y avellana tostada siempre me llama la atención y me saca una sonrisa por la mañana.
Me gusta desmenuzar lo que hay en mi taza antes de tomar el primer sorbo, y con un hazelnut latte eso tiene su miga: la mayoría de las calorías vienen de la leche y del jarabe, no del café. Si tomo un ejemplo típico en cafetería, con leche entera y el jarabe de avellana estándar (que suele tener alrededor de 20 kcal por bomba), los números suelen quedar así: un vaso pequeño de 240 ml (8 oz) con 2 bombas se sitúa alrededor de 180-190 kcal; uno mediano de 360 ml (12 oz) con 3 bombas ronda 270-290 kcal; y un grande de 480 ml (16 oz) con 4 bombas puede llegar a 350-380 kcal.
Es importante recordar que estas cifras varían: la densidad calórica de la leche depende de si es entera, semidesnatada o desnatada (la entera aporta aproximadamente 60 kcal/100 ml, la desnatada unos 35-40 kcal/100 ml), y los jarabes comerciales pueden ser más o menos calóricos según la marca. Si la cafetería usa leche vegetal, por ejemplo, la avena puede subir las calorías respecto a la desnatada, mientras que la almendra sin azúcares suele bajar bastante la cuenta.
En mi experiencia, si quiero controlar calorías sin renunciar al sabor, pido menos bombas de jarabe o versión sin azúcar y prefiero leche semidesnatada; así un mediano puede bajar de ~280 kcal a ~180-200 kcal. Al final, depende de cuánto dulzor y cuánta leche quieras, pero esas cifras te dan una buena referencia para decidir qué pedir.
Me encanta el contraste entre un café sencillo y una versión con sabor, porque cada pequeño añadido cambia la historia de la taza.
Un latte clásico es básicamente una base de espresso fuerte y leche al vapor cremosa; ahí radica su encanto: equilibrio entre el amargor del café y la suavidad láctea, con una espuma fina que acaricia la bebida. Es ideal cuando quieres que el perfil del espresso brille, que se noten las notas tostadas, florales o achocolatadas del grano. En cambio, un hazelnut latte incorpora un componente aromático y dulce: normalmente sirope de avellana o leche con sabor a avellana que aporta una capa extra de dulzura y un aroma a fruto seco tostado.
La diferencia práctica no es solo sabor, sino también textura y percepción. El sirope añade viscosidad y sensación en boca distinta; si se usan leches vegetales de avellana, la bebida puede tener un matiz más ligero y un regusto más nutty. Además, el hazelnut latte suele pedir ajustes en la intensidad del espresso o en la cantidad de sirope para que no opaque al café. Para mí, un latte puro funciona como lienzo para apreciar el tueste; un hazelnut latte es más un capricho reconfortante, perfecto para mañanas de frío o para acompañar repostería con chocolate.