3 Answers2026-03-17 03:09:41
Me seduce la idea de usar lo inútil como una forma de entrenamiento mental y emocional.
Tras leer partes de «La utilidad de lo inútil», acabé transformando pequeños hábitos: le dejo a la curiosidad el control de varias horas a la semana. No se trata de abandonar responsabilidades, sino de reservar tiempo sin objetivos productivos claros —leer poesía sin tomar notas, perderme en una exposición sin buscar inspiración inmediata, aprender una palabra al azar en otro idioma—. Esos microespacios alimentan la imaginación y, sorprendentemente, mejoran mi capacidad para resolver problemas prácticos porque me permiten combinar ideas que normalmente no conectarían.
En la práctica reparto esos momentos en la mañana y en la noche: una hora de lectura sin expectativa y una caminata sin auriculares. También me obligo a escuchar relatos que no aportan “valor” tangible pero sí empatía y contextos distintos. En el trabajo termino siendo más creativo y menos reactivo. Al final, lo inútil actúa como un lubricante: hace que las ideas fluyan y que la vida no sea solo una lista de tareas cumplidas. Me quedo con la sensación de que regalarme eso no es desperdicio, sino una inversión en mi curiosidad y mi calma.
3 Answers2026-03-17 08:41:10
Me resulta fascinante cómo los profesores defienden aquello que parece no tener una utilidad inmediata: lo llaman necesario para pensar. He tenido clases donde se debatía poesía, filosofía o historia del arte sin un examen final que midiera un 'empleo directo', y aun así salí con herramientas que nunca caben en un currículum. Aprender a leer un poema con paciencia me enseñó a detectar matices en conversaciones, a valorar ambigüedades y a resistir soluciones rápidas cuando la situación lo requiere.
En aulas donde se cultiva lo aparentemente inútil sucede algo que no ves en un taller técnico: la imaginación se vuelve práctica. La creatividad que se practica tocando una pieza musical o discutiendo una novela puede aplicarse años más tarde al resolver problemas complejos, proponer ideas nuevas o conectar campos distantes. Además, ese tipo de enseñanza preserva la libertad intelectual: permite elegir y transformar intereses personales sin la presión constante de la rentabilidad inmediata.
Por eso entiendo la recomendación de los docentes como una apuesta a largo plazo: no te dan solo competencias para un trabajo, te entrenan para vivir mejor, para reinventarte y para mantener la curiosidad. Esa convicción es contagiosa; salgo de esas clases con ganas de explorar otras cosas y con la seguridad de que lo aprendido, aunque no parezca utilitario en el momento, volverá a ser útil de formas inesperadas.
3 Answers2026-03-17 03:42:28
Me flipa cuando un tema aparentemente 'inútil' en la escuela logra abrir la cabeza de un alumno.
He visto cómo actividades que no buscan una 'aplicación práctica' inmediata —como escribir poemas sin calificación, experimentar con música electrónica por simple curiosidad o dibujar sin objetivo técnico— activan la creatividad y el pensamiento lateral. En secundaria, donde todo parece medido por exámenes y competencias, esos espacios libres funcionan como un respiradero: permiten que los chicos prueben ideas sin miedo al fracaso y desarrollen tolerancia a la ambigüedad, algo que raramente se evalúa pero que resulta esencial para resolver problemas complejos más adelante.
Además, lo 'inútil' suele unir saberes. Un juego de rol improvisado puede enseñar narrativa, ética y matemáticas básicas; una tarde de microrrelatos fortalece la empatía y la economía del lenguaje. No digo que todo deba sustituir las materias tradicionales, pero integrar pequeñas dosis de actividades aparentemente superfluas aumenta la motivación, mejora la convivencia en el aula y favorece el pensamiento crítico. Personalmente me encanta observar cuando un alumno descubre una pasión en algo que, en el horario oficial, no tenía lugar: me recuerda que la educación debería cultivar ganas de aprender, no solo competencias medibles. Esa impresión me queda como una inyección de optimismo sobre lo que realmente importa en la enseñanza secundaria.
4 Answers2026-04-20 09:16:34
Me resulta clarificador cómo la «Teoría Pura del Derecho» pone énfasis en la forma y en la estructura normativa: esa limpieza conceptual todavía tiene mucha utilidad hoy.
Cuando pienso en la utilidad práctica, valoro especialmente su insistencia en distinguir qué es válido por la mera pertenencia a un sistema jurídico y qué pertenece al terreno de la moral o la política. Eso ayuda a ordenar debates sobre interpretación judicial, porque obliga a identificar las fuentes formales y a no dejar todo en manos de intuiciones morales cambiantes. También me parece útil para comprender mejor la circulación del derecho internacional y la idea de una norma fundamental que da cohesión a un sistema.
Por otro lado, no puedo ignorar sus límites. La teoría tiende a abstraer tanto que a veces pierde de vista el poder, la desigualdad y los efectos sociales de las normas. Por eso la mezclo mentalmente con enfoques empíricos y críticos: la «Teoría Pura del Derecho» me da herramientas analíticas, pero suelo complementarla con mirada sociológica para no perder el pulso real de la norma.
3 Answers2026-03-17 08:47:19
Me topo con esta cuestión desde el costado más histórico y académico: muchos de mis colegas sostienen que la idea de la «utilidad de lo inútil» es más un gesto moral o estético que una tesis practicable. Critican que el término "inútil" se define de manera vaga y romántica; así, cualquier actividad cultural o contemplativa puede ser revestida de aura valiosa si se la rescata con anécdotas ejemplares. Esa crítica apunta al problema de la evidencia: ¿qué datos demuestran que la música antigua, la filosofía pura o la poesía sin público generan beneficios medibles para la sociedad?
Además, suele mencionarse el coste de oportunidad: financiar lo llamado "inútil" tiene implicaciones presupuestarias. Desde esa óptica, defender lo inútil sin precisar criterios para su apoyo equivale a una posición elitista que puede desviar recursos de necesidades urgentes como salud, educación básica o investigación aplicada que salva vidas. No es que los críticos nieguen el valor intrínseco del arte, sino que piden un debate honesto sobre prioridades y rendición de cuentas.
Finalmente, también hay objeciones epistemológicas: algunos académicos sostienen que la retórica de la inutilidad romantiza la creatividad y así evita preguntarse cómo ocurren las transferencias reales entre saberes «inútiles» y aportes prácticos. En mi experiencia, prefiero pensar que la defensa del ocio creativo debe ir acompañada de argumentos empíricos y políticas claras, no solo de elegías sobre lo sublime; es decir, admiro la defensa de lo inútil pero quiero verla bien fundada y accesible para todos.
2 Answers2026-03-17 22:01:49
Abrí «La utilidad de lo inútil» con esa mezcla de curiosidad y recelo que me provoca cualquier libro que promete poner patas arriba ideas muy asentadas sobre trabajo y provecho.
Ordine plantea, desde el inicio, una defensa apasionada de lo que la sociedad moderna suele desechar: saberes y actividades que no rinden cuentas ante la balanza del beneficio económico inmediato. Para él, lo inútil —la poesía, la filosofía, la contemplación, el mero deleite estético— no es un lujo prescindible sino una reserva vital para la libertad intelectual y moral. Usa ejemplos históricos y literarios —pasajes sobre Montaigne, Shakespeare, los humanistas del Renacimiento— para mostrar cómo esos «usos inútiles» alimentan la imaginación, afinan el juicio y sostienen la capacidad de cuestionar el poder y el mercado. No se limita a una defensa abstracta: muestra cómo las actividades consideradas superfluas permiten el desarrollo de empatía, creatividad y pensamiento crítico, cualidades que no tienen precio pero que sostienen sociedades humanas y reflexivas.
También me gusta la manera en que Ordine rebatea el argumento utilitarista con anécdotas que parecen pequeñas provocaciones: detrás de muchos avances prácticos hubo curiosidades sin propósito inmediato, investigaciones realizadas por amor al saber y no por cálculo de rendimiento. Defiende la universidad como un refugio donde cultivar lo inútil frente a la lógica productiva que todo lo instrumentaliza. Además, resalta la dimensión ética: dedicar tiempo a lo que no nos «sirve» enseña a valorar el otro y a vivir con sentido, más allá del provecho.
El tono del libro, mezcla de erudición y ternura, me convenció: Ordine no es solo un polemista contra la mercantilización de la cultura, sino un amante de la belleza que recuerda que el goce intelectual y la gratuidad son fuerzas transformadoras. Tras leerlo, me quedé con la certeza de que proteger lo inútil es, en realidad, cuidar lo que nos hace verdaderamente humanos y libres, una idea que comparto y que me apetece defender en conversaciones cotidianas.
3 Answers2026-06-03 02:38:51
Me fascina cómo el terror moderno recicla figuras clásicas y las reconvierte en sustos muy actuales.
En mis lecturas más recientes veo la metáfora extendida salir a la luz con fuerza: espacios que no son solo escenarios, sino símbolos vivos. En «La casa de hojas» la casa misma actúa como metáfora de la mente fracturada; sus pasillos infinitos funcionan como sinécdoque de una psique que se descompone. También encuentro mucha prosopopeya: objetos y casas que «respiran», árboles que «murmuran», lo que vuelve lo inanimado amenazante. Esa humanización de lo no humano es perfecta para que el lector sienta que cualquier cosa cotidiana puede volverse enemiga.
Además la sinestesia y el lenguaje sensorial están presentes para empujar al lector al borde: olores que «pican», sonidos que «se ven», imágenes que mezclan tacto y color. La repetición, la anáfora y la epífora funcionan como metrónomo del miedo, haciendo que una frase o una palabra vuelva a aparecer hasta que produce fatiga y pavor. En relatos cortos actuales, sobre todo en los que beben del realismo sucio o la tradición latinoamericana —pienso en colecciones como «Las cosas que perdimos en el fuego»— se usa la alegoría social: el horror no solo asusta, también denuncia.
Al final me impresiona cómo estas figuras sirven tanto para crear atmósfera como para abrir lecturas múltiples: una casa que devora puede ser miedo literal o metáfora de una familia tóxica. Esa ambigüedad es lo que me engancha y hace que siga buscando nuevos relatos que jueguen con el lenguaje y la sombra.
4 Answers2026-05-01 00:30:15
Me cuesta encontrar una imagen más inquietante que ver a personas normales firmando papeles que destruyen vidas.
He leído «Eichmann en Jerusalén» y, aun así, me sorprende cómo la rutina administrativa reproduce esos mismos patrones hoy: oficinas de inmigración que procesan deportaciones sin detenerse a mirar rostros, jueces que aceptan pruebas manipuladas porque están dentro del expediente, y empleados públicos que repiten formularios sin pensar en las consecuencias humanas. La banalidad del mal no es un monstruo con capa; es una mesa, un sello y la voluntad de no hacerse preguntas.
Pienso en las empresas que externalizan fábricas a países con normas laxas y miran los beneficios, en los sistemas que priorizan eficiencia sobre dignidad. No se trata solo de maldad consciente, sino de invisibilidad deliberada: normalizamos trámites que generan daño masivo. Me deja una sensación fría, la certeza de que la ética se erosiona cuando nadie asume la responsabilidad directa.
3 Answers2026-05-16 08:04:58
Me sorprendió lo directo que es «Los secretos de la mente millonaria» cuando habla con ejemplos; no es un tratado académico, sino una mezcla de anécdotas personales, relatos de gente que asistió a sus seminarios y ejercicios prácticos para aplicar los principios. En el libro aparecen historias sobre cómo cambiaron hábitos financieros, decisiones de negocio que dieron resultado y errores que costaron caro, todas presentadas para ilustrar los “archivos” mentales que Eker propone cambiar. Esos ejemplos funcionan más como modelos que como estudios controlados: pretenden hacer resonar una idea y motivar al lector a actuar.
Leyendo con ojo crítico, noto que muchos ejemplos están narrados desde la experiencia del autor y de participantes en sus seminarios, con detalles suficientes para entender el punto pero sin documentación externa ni seguimiento a largo plazo. Eso no los hace inútiles; yo los tomo como disparadores prácticos: copio ejercicios, pruebo las declaraciones y observo si cambia mi forma de reaccionar frente al dinero. Si buscas pruebas científicas o datos estadísticos, aquí no los encontrarás, pero sí casos concretos y herramientas para experimentar en tu propia vida.
En mi caso, los ejemplos me ayudaron a identificar patrones de pensamiento repetitivos y a crear hábitos nuevos. No es literatura financiera pura, sino un manual de reprogramación mental con historias que conectan. Me gustó que invita a probar y ajustar, y eso lo hace útil si estás dispuesto a poner en práctica lo que propone.