4 Answers2026-01-21 08:25:11
Siempre me emociono cuando pienso en reservar en un lugar con tanta historia como Els Quatre Gats; hay algo de ritual en hacerlo bien.
Primero, consulto la web oficial del local para ver horarios y el sistema de reservas que tienen activo: muchas veces permiten reservar directamente online, lo cual es lo más cómodo para mesas pequeñas. Si la web no me da opción, miro si están en plataformas de reservas tipo ElTenedor o similares; ahí suele aparecer la disponibilidad y te llega la confirmación por correo o por la app.
Si voy con un grupo grande o quiero pedir algo especial (mesa concreta, celebraciones, menú para grupos), prefiero llamar o enviar un correo: suele ser más rápido para aclarar detalles y evitar malentendidos. También compruebo horarios de cierre y los días de afluencia, porque las noches de fin de semana o temporada turística se llenan y conviene reservar con antelación.
Por último, anoto la confirmación y la hora, llego con margen y, si debo cancelar, aviso pronto para liberar la mesa. Reservar así me da tranquilidad y la promesa de una buena velada en un sitio con mucha personalidad.
4 Answers2026-01-21 09:19:01
Recorro mentalmente aquellas fotografías en sepia de la Barcelona modernista y casi puedo oler el café y la tinta: «Els Quatre Gats» fue un punto de encuentro vibrante donde confluyeron pintores, escritores y gente de teatro con muchísima energía creativa.
Yo, que he pasado años leyéndome biografías y catálogos, pienso primero en Ramon Casas y Santiago Rusiñol, dos nombres absolutamente centrales: Casas ayudó a fundar el local y decoró con su estética modernista, mientras que Rusiñol trajo la bohemia y las tertulias literarias. A esos les siguieron artistas como Miquel Utrillo y Isidre Nonell, que nutrían las conversaciones con debates pictóricos y crítica de arte.
Pablo Picasso, siendo aún muy joven, también frecuentó el café: allí mostró su talento emergente y colaboró con dibujos y colaboraciones para las publicaciones asociadas al local. Completaban la escena escultores como Enric Clarasó, y dramaturgos y promotores teatrales como Adrià Gual, que dio un pulso más teatral al ambiente. Siempre me sorprende cómo un solo espacio pudo concentrar tanta diversidad creativa; esa mezcla fue el caldo de cultivo del modernismo catalán y se nota en cada anécdota que leo.
4 Answers2026-01-21 13:13:17
Tengo un cariño especial por ese sitio en el corazón de Barcelona. «Els Quatre Gats» está situado en el Barri Gòtic, concretamente en la calle Montsió número 3 (Carrer de Montsió, 3). Se encuentra a pocos pasos de La Rambla y muy cerca de la Plaça Reial, así que es fácil de localizar si paseas por el centro histórico.
Con mis cincuenta y pico años me encanta pensar en él como un puente entre el modernismo y la vida cotidiana: abrió en 1897 y fue punto de reunión de artistas como Picasso. Si llegas en metro, la parada más cómoda suele ser Liceu (L3) en La Rambla; también queda a distancia andando desde Jaume I (L4).
Me gusta entrar y fijarme en los detalles: la decoración, las fotos antiguas, ese aire de taller de artistas reconvertido en café. Es de esos sitios que te hacen imaginar conversaciones largas con libros y amigos, así que si te apetece absorber historia mientras tomas algo, es un lugar perfecto para quedarse un rato.
4 Answers2026-01-21 12:57:18
Hay algo entrañable en ojear el menú de Els Quatre Gats y sentir que entras en una cocina que mezcla tradición con un toque cosmopolita.
Normalmente abren con entrantes para compartir: pan con tomate bien frotado, una bandeja de anchoas o boquerones, aceitunas, y esas croquetas cremosas que siempre hacen que pidas otra ración. También suelen aparecer ensaladas sencillas pero frescas, sopas o cremas en temporada fría, y alguna tabla de quesos o embutidos para picar.
Como platos principales verás arroces o fideuàs los días de más afluencia, pescados a la plancha o guisos marineros, y carnes a la brasa o estofadas. No faltan los clásicos catalanes como los canelons o la escalivada según la estación. Para terminar, crema catalana, tartas caseras o helados, y una carta de vinos y cavas locales que acompaña bien todo el menú. En general es comida pensada para compartir, relajada, con sabor casero y un punto de nostalgia que a mí siempre me resulta reconfortante.
4 Answers2026-01-21 20:02:16
En las calles del Barrí Gòtic hay un local cuya historia se siente aún en el eco de las risas y los vasos: «Els Quatre Gats». Abrieron sus puertas en 1897, impulsados por un grupo de artistas que querían un espacio donde conversar, exponer y probar cosas nuevas, inspirados en el cabaret parisino «Le Chat Noir». Allí se mezclaban pintores, escritores y músicos; se montaban pequeñas obras, lecturas y exposiciones que rompían con lo académico de la época.
Recuerdo leer cómo jóvenes talentos —entre ellos un Pablo Picasso muy temprano en su carrera— encontraron en aquella cafetería un escaparate y una red de apoyo. Los carteles, caricaturas y revistas que circulaban, como «Pèl & Ploma», hicieron de «Els Quatre Gats» un semillero del modernismo catalán: no solo un café, sino una incubadora de ideas que transformó la escena cultural.
Hoy sigue siendo famoso porque encapsula ese espíritu: arquitectura modernista, anécdotas de artistas míticos y la sensación de que al sentarte allí te conectas con una Barcelona creativa que sigue inspirando. A mí me encanta por eso, por la mezcla de lo íntimo y lo grande que aún se respira entre sus mesas.