4 Answers2026-01-21 09:19:01
Recorro mentalmente aquellas fotografías en sepia de la Barcelona modernista y casi puedo oler el café y la tinta: «Els Quatre Gats» fue un punto de encuentro vibrante donde confluyeron pintores, escritores y gente de teatro con muchísima energía creativa.
Yo, que he pasado años leyéndome biografías y catálogos, pienso primero en Ramon Casas y Santiago Rusiñol, dos nombres absolutamente centrales: Casas ayudó a fundar el local y decoró con su estética modernista, mientras que Rusiñol trajo la bohemia y las tertulias literarias. A esos les siguieron artistas como Miquel Utrillo y Isidre Nonell, que nutrían las conversaciones con debates pictóricos y crítica de arte.
Pablo Picasso, siendo aún muy joven, también frecuentó el café: allí mostró su talento emergente y colaboró con dibujos y colaboraciones para las publicaciones asociadas al local. Completaban la escena escultores como Enric Clarasó, y dramaturgos y promotores teatrales como Adrià Gual, que dio un pulso más teatral al ambiente. Siempre me sorprende cómo un solo espacio pudo concentrar tanta diversidad creativa; esa mezcla fue el caldo de cultivo del modernismo catalán y se nota en cada anécdota que leo.
4 Answers2026-01-21 13:13:17
Tengo un cariño especial por ese sitio en el corazón de Barcelona. «Els Quatre Gats» está situado en el Barri Gòtic, concretamente en la calle Montsió número 3 (Carrer de Montsió, 3). Se encuentra a pocos pasos de La Rambla y muy cerca de la Plaça Reial, así que es fácil de localizar si paseas por el centro histórico.
Con mis cincuenta y pico años me encanta pensar en él como un puente entre el modernismo y la vida cotidiana: abrió en 1897 y fue punto de reunión de artistas como Picasso. Si llegas en metro, la parada más cómoda suele ser Liceu (L3) en La Rambla; también queda a distancia andando desde Jaume I (L4).
Me gusta entrar y fijarme en los detalles: la decoración, las fotos antiguas, ese aire de taller de artistas reconvertido en café. Es de esos sitios que te hacen imaginar conversaciones largas con libros y amigos, así que si te apetece absorber historia mientras tomas algo, es un lugar perfecto para quedarse un rato.
4 Answers2026-01-21 12:57:18
Hay algo entrañable en ojear el menú de Els Quatre Gats y sentir que entras en una cocina que mezcla tradición con un toque cosmopolita.
Normalmente abren con entrantes para compartir: pan con tomate bien frotado, una bandeja de anchoas o boquerones, aceitunas, y esas croquetas cremosas que siempre hacen que pidas otra ración. También suelen aparecer ensaladas sencillas pero frescas, sopas o cremas en temporada fría, y alguna tabla de quesos o embutidos para picar.
Como platos principales verás arroces o fideuàs los días de más afluencia, pescados a la plancha o guisos marineros, y carnes a la brasa o estofadas. No faltan los clásicos catalanes como los canelons o la escalivada según la estación. Para terminar, crema catalana, tartas caseras o helados, y una carta de vinos y cavas locales que acompaña bien todo el menú. En general es comida pensada para compartir, relajada, con sabor casero y un punto de nostalgia que a mí siempre me resulta reconfortante.
4 Answers2026-01-21 20:02:16
En las calles del Barrí Gòtic hay un local cuya historia se siente aún en el eco de las risas y los vasos: «Els Quatre Gats». Abrieron sus puertas en 1897, impulsados por un grupo de artistas que querían un espacio donde conversar, exponer y probar cosas nuevas, inspirados en el cabaret parisino «Le Chat Noir». Allí se mezclaban pintores, escritores y músicos; se montaban pequeñas obras, lecturas y exposiciones que rompían con lo académico de la época.
Recuerdo leer cómo jóvenes talentos —entre ellos un Pablo Picasso muy temprano en su carrera— encontraron en aquella cafetería un escaparate y una red de apoyo. Los carteles, caricaturas y revistas que circulaban, como «Pèl & Ploma», hicieron de «Els Quatre Gats» un semillero del modernismo catalán: no solo un café, sino una incubadora de ideas que transformó la escena cultural.
Hoy sigue siendo famoso porque encapsula ese espíritu: arquitectura modernista, anécdotas de artistas míticos y la sensación de que al sentarte allí te conectas con una Barcelona creativa que sigue inspirando. A mí me encanta por eso, por la mezcla de lo íntimo y lo grande que aún se respira entre sus mesas.
4 Answers2026-01-21 02:19:52
Cruzar la puerta de «Els Quatre Gats» me sigue pareciendo como abrir un capítulo vivo del modernismo catalán: aún huele a café y a tinta de revista antigua, y las paredes parecen guardar charlas que fueron históricas.
El local nació en 1897 en la Casa Martí, ese edificio modernista diseñado por Josep Puig i Cadafalch, y fue impulsado por un grupo de jóvenes artistas y bohemios que querían un lugar donde exponer ideas nuevas. Ramón Casas, Santiago Rusiñol y Pere Romeu fueron algunas de las figuras que lo convirtieron en punto de encuentro para pintores, poetas y arquitectos. La inspiración vino de lugares como «Le Chat Noir» de París; la intención era crear un espacio donde el arte, la música y la crítica se mezclaran sin formalismos.
Durante sus primeros años fue sede de tertulias, exposiciones y hasta de una pequeña revista vinculada al café. Picasso, aún muy joven, presentó allí una de sus primeras muestras y participó de ese ambiente eléctrico. Aunque el proyecto original tuvo que cerrar en 1903 por dificultades económicas, el mito no desapareció: con el tiempo «Els Quatre Gats» se restauró y hoy sigue siendo referencia cultural en Barcelona, un museo-café que recuerda la efervescencia creativa de finales del XIX. Me emociona pensar que aún se puede entrar y sentir esa continuidad entre pasado y presente.