Siempre me han gustado las películas raras vistas desde la distancia, y si pongo la lupa sobre Neil Breen, mi voto va para «Pass Thru» como la más desconcertante. Hay algo en esa estructura narrativa, en cómo se presenten ideas de identidad, tecnología y redención, que resulta menos fronteriza y más filosófica; la extrañeza aquí no viene solo por lo amateur, sino por la intención de hacer una especie de purga digital con tonos casi bíblicos.
No es que «Pass Thru» tenga mejores efectos o
diálogos más pulidos; al contrario, su rareza emerge cuando Breen intenta fusionar mensaje social y misticismo tecnológico, y el resultado es una mezcla que confunde intencionalidad con profecía personal. Eso me dejó desconcertado en un buen sentido: la película no busca caerse simpática, busca imponer una idea, y esa determinación la vuelve extraña de una manera más perturbadora que las risas fáciles.
Saliendo del cine tuve un rato de silencio, pensando en cómo una única voz puede convertir críticas sociales, redención y acción en algo que parece salido de otro mundo. Esa sensación es lo que, para mí, hace a «Pass Thru» extraordinariamente rara.