5 Réponses2026-01-01 08:23:56
Me sorprendería mucho si no hubiera productos derivados de 'El inútil' en España, considerando la popularidad que ha alcanzado. Aunque no he visto merchandising oficial, en tiendas de cómics y en mercadillos se encuentran camisetas con frases icónicas del personaje. También he oído de ediciones especiales del libro con ilustraciones exclusivas, aunque son difíciles de conseguir.
Lo que más me llama la atención es cómo los fans han creado su propio contenido, desde stickers hasta tazas personalizadas. Es un fenómeno interesante porque muestra el cariño que despierta esta obra.
3 Réponses2026-03-17 03:42:28
Me flipa cuando un tema aparentemente 'inútil' en la escuela logra abrir la cabeza de un alumno.
He visto cómo actividades que no buscan una 'aplicación práctica' inmediata —como escribir poemas sin calificación, experimentar con música electrónica por simple curiosidad o dibujar sin objetivo técnico— activan la creatividad y el pensamiento lateral. En secundaria, donde todo parece medido por exámenes y competencias, esos espacios libres funcionan como un respiradero: permiten que los chicos prueben ideas sin miedo al fracaso y desarrollen tolerancia a la ambigüedad, algo que raramente se evalúa pero que resulta esencial para resolver problemas complejos más adelante.
Además, lo 'inútil' suele unir saberes. Un juego de rol improvisado puede enseñar narrativa, ética y matemáticas básicas; una tarde de microrrelatos fortalece la empatía y la economía del lenguaje. No digo que todo deba sustituir las materias tradicionales, pero integrar pequeñas dosis de actividades aparentemente superfluas aumenta la motivación, mejora la convivencia en el aula y favorece el pensamiento crítico. Personalmente me encanta observar cuando un alumno descubre una pasión en algo que, en el horario oficial, no tenía lugar: me recuerda que la educación debería cultivar ganas de aprender, no solo competencias medibles. Esa impresión me queda como una inyección de optimismo sobre lo que realmente importa en la enseñanza secundaria.
3 Réponses2026-03-17 13:51:12
Me flipa ver cómo lo que parece inútil termina moviendo el mundo; por eso siempre apunto ejemplos concretos que desmontan la idea de lo superfluo. Durante años seguí historias de investigación básica que nadie pretendía comercializar y luego explotaron en tecnología cotidiana: la teoría de números, que muchos consideraban un juguete intelectual, fue clave para la criptografía moderna y sistemas como RSA y la criptografía de curva elíptica; sin esa “utilidad inútil” hoy no podríamos comprar online con tanta seguridad. Otro caso que me encanta citar es la física teórica: la relatividad, tan abstracta en su momento, es imprescindible para que el GPS funcione con precisión.
También me atraen los ejemplos en cultura y ocio. Juegos y pasatiempos aparentemente frívolos generan habilidades reales y comunidades: «Minecraft» se usa en aulas para enseñar urbanismo y lógica, «Pokémon GO» demostró que un juego puede aumentar la actividad física y conectar barrios; y la escena del software libre, impulsada por programadores que empezaron por puro hobby, dio proyectos como «Linux» y contribuciones que sostienen infraestructura crítica.
Al final, lo que llaman inútil a menudo es incubadora: tiempo libre, experimentos sin agenda, arte decorativo o chistes virales crean capital social, innovación y bienestar. Me deja la sensación de que cuidar ese espacio de “lo inútil” es apostar por creatividad y por soluciones que todavía no sabemos que necesitamos.
3 Réponses2026-03-17 08:41:10
Me resulta fascinante cómo los profesores defienden aquello que parece no tener una utilidad inmediata: lo llaman necesario para pensar. He tenido clases donde se debatía poesía, filosofía o historia del arte sin un examen final que midiera un 'empleo directo', y aun así salí con herramientas que nunca caben en un currículum. Aprender a leer un poema con paciencia me enseñó a detectar matices en conversaciones, a valorar ambigüedades y a resistir soluciones rápidas cuando la situación lo requiere.
En aulas donde se cultiva lo aparentemente inútil sucede algo que no ves en un taller técnico: la imaginación se vuelve práctica. La creatividad que se practica tocando una pieza musical o discutiendo una novela puede aplicarse años más tarde al resolver problemas complejos, proponer ideas nuevas o conectar campos distantes. Además, ese tipo de enseñanza preserva la libertad intelectual: permite elegir y transformar intereses personales sin la presión constante de la rentabilidad inmediata.
Por eso entiendo la recomendación de los docentes como una apuesta a largo plazo: no te dan solo competencias para un trabajo, te entrenan para vivir mejor, para reinventarte y para mantener la curiosidad. Esa convicción es contagiosa; salgo de esas clases con ganas de explorar otras cosas y con la seguridad de que lo aprendido, aunque no parezca utilitario en el momento, volverá a ser útil de formas inesperadas.
5 Réponses2026-01-01 01:43:42
El autor de 'El inútil' en España es Juan José Millás. Este escritor y periodista valenciano ha destacado por su narrativa introspectiva y su capacidad para retratar la cotidianidad con un toque surrealista. Su obra gira en torno a personajes comunes enfrentados a situaciones absurdas, reflejando la complejidad humana.
Millás comenzó su carrera en los años 70, evolucionando desde un estilo más convencional hacia una prosa más personal y reconocible. 'El inútil' encapsula su mirada crítica hacia las convenciones sociales, mezclando humor negro con profundidad psicológica. Sus libros suelen dejar un regusto agridulce, invitando a releer entre líneas.
2 Réponses2026-03-17 22:01:49
Abrí «La utilidad de lo inútil» con esa mezcla de curiosidad y recelo que me provoca cualquier libro que promete poner patas arriba ideas muy asentadas sobre trabajo y provecho.
Ordine plantea, desde el inicio, una defensa apasionada de lo que la sociedad moderna suele desechar: saberes y actividades que no rinden cuentas ante la balanza del beneficio económico inmediato. Para él, lo inútil —la poesía, la filosofía, la contemplación, el mero deleite estético— no es un lujo prescindible sino una reserva vital para la libertad intelectual y moral. Usa ejemplos históricos y literarios —pasajes sobre Montaigne, Shakespeare, los humanistas del Renacimiento— para mostrar cómo esos «usos inútiles» alimentan la imaginación, afinan el juicio y sostienen la capacidad de cuestionar el poder y el mercado. No se limita a una defensa abstracta: muestra cómo las actividades consideradas superfluas permiten el desarrollo de empatía, creatividad y pensamiento crítico, cualidades que no tienen precio pero que sostienen sociedades humanas y reflexivas.
También me gusta la manera en que Ordine rebatea el argumento utilitarista con anécdotas que parecen pequeñas provocaciones: detrás de muchos avances prácticos hubo curiosidades sin propósito inmediato, investigaciones realizadas por amor al saber y no por cálculo de rendimiento. Defiende la universidad como un refugio donde cultivar lo inútil frente a la lógica productiva que todo lo instrumentaliza. Además, resalta la dimensión ética: dedicar tiempo a lo que no nos «sirve» enseña a valorar el otro y a vivir con sentido, más allá del provecho.
El tono del libro, mezcla de erudición y ternura, me convenció: Ordine no es solo un polemista contra la mercantilización de la cultura, sino un amante de la belleza que recuerda que el goce intelectual y la gratuidad son fuerzas transformadoras. Tras leerlo, me quedé con la certeza de que proteger lo inútil es, en realidad, cuidar lo que nos hace verdaderamente humanos y libres, una idea que comparto y que me apetece defender en conversaciones cotidianas.
3 Réponses2026-03-17 03:09:41
Me seduce la idea de usar lo inútil como una forma de entrenamiento mental y emocional.
Tras leer partes de «La utilidad de lo inútil», acabé transformando pequeños hábitos: le dejo a la curiosidad el control de varias horas a la semana. No se trata de abandonar responsabilidades, sino de reservar tiempo sin objetivos productivos claros —leer poesía sin tomar notas, perderme en una exposición sin buscar inspiración inmediata, aprender una palabra al azar en otro idioma—. Esos microespacios alimentan la imaginación y, sorprendentemente, mejoran mi capacidad para resolver problemas prácticos porque me permiten combinar ideas que normalmente no conectarían.
En la práctica reparto esos momentos en la mañana y en la noche: una hora de lectura sin expectativa y una caminata sin auriculares. También me obligo a escuchar relatos que no aportan “valor” tangible pero sí empatía y contextos distintos. En el trabajo termino siendo más creativo y menos reactivo. Al final, lo inútil actúa como un lubricante: hace que las ideas fluyan y que la vida no sea solo una lista de tareas cumplidas. Me quedo con la sensación de que regalarme eso no es desperdicio, sino una inversión en mi curiosidad y mi calma.
3 Réponses2026-03-17 08:47:19
Me topo con esta cuestión desde el costado más histórico y académico: muchos de mis colegas sostienen que la idea de la «utilidad de lo inútil» es más un gesto moral o estético que una tesis practicable. Critican que el término "inútil" se define de manera vaga y romántica; así, cualquier actividad cultural o contemplativa puede ser revestida de aura valiosa si se la rescata con anécdotas ejemplares. Esa crítica apunta al problema de la evidencia: ¿qué datos demuestran que la música antigua, la filosofía pura o la poesía sin público generan beneficios medibles para la sociedad?
Además, suele mencionarse el coste de oportunidad: financiar lo llamado "inútil" tiene implicaciones presupuestarias. Desde esa óptica, defender lo inútil sin precisar criterios para su apoyo equivale a una posición elitista que puede desviar recursos de necesidades urgentes como salud, educación básica o investigación aplicada que salva vidas. No es que los críticos nieguen el valor intrínseco del arte, sino que piden un debate honesto sobre prioridades y rendición de cuentas.
Finalmente, también hay objeciones epistemológicas: algunos académicos sostienen que la retórica de la inutilidad romantiza la creatividad y así evita preguntarse cómo ocurren las transferencias reales entre saberes «inútiles» y aportes prácticos. En mi experiencia, prefiero pensar que la defensa del ocio creativo debe ir acompañada de argumentos empíricos y políticas claras, no solo de elegías sobre lo sublime; es decir, admiro la defensa de lo inútil pero quiero verla bien fundada y accesible para todos.