Peachy
Me enamoré de un extraño por internet. Su alias era Morpheus.
Durante tres meses, me había quedado dormida sonrojada por culpa de sus mensajes sucios y descarados.
Morpheus: ¿Puedes sentir cuánto te deseo, dulzura?
Morpheus: Anoche volví a verte en mis sueños. Te retorcías debajo de mí y gritabas mi nombre.
Al fin estuve lista para mandar todo al diablo y pedirle que nos viéramos, pero entonces me envió una foto.
Era una toma casual de su escritorio. Sin embargo, en el centro descansaba un libro antiquísimo. En la cubierta brillaba un escudo estampado que yo conocía a la perfección: el Ouroboros del clan de vampiros Valerius.
Resultaba que yo trabajaba en el mismo museo donde dicho clan almacenaba sus reliquias inmortales.
Durante tres meses enteros, había intercambiado mensajes explícitos con un depredador inmortal. Un monstruo que, con toda seguridad, me había vigilado desde las sombras todos y cada uno de los días.
Mientras la cabeza me daba vueltas al intentar ponerle rostro a ese acosador, mis ojos dieron con la respuesta.
El anillo del sello de granate de sangre hecho a medida, el cual yo misma ayudé a diseñar para Morpheus... brillaba en el dedo de mi jefe, Alistair.