Suplicando tu perdón
La frase golpeó como un latigazo.
Alexis bajó la vista un instante, incapaz de sostener ese recuerdo que aún lo perseguía como un fantasma.
Tessa, en pie, temblaba de indignación.
El rojo en sus mejillas revelaba la humillación que la consumía, pero aun así tragó saliva, sus rodillas cedieron, y cayó al suelo ante Sienna.
—¡Por favor, hermana! —rogó con la voz desgarrada—. Ten piedad de Alexis… si no le permites presentar el proyecto, su empresa caerá en bancarrota, perderá todo lo que construyó.