Zafira
Cuando mi hermana gemela Ana Reyes y yo nacimos, nuestros padres contrataron a un adivino para que predijera nuestro futuro.
Las pruebas nacionales de admisión universitaria se realizaban durante dos jornadas consecutivas. El hombre aseguró que, si yo obtenía una puntuación más alta que Ana, ella caería en una profunda depresión y terminaría lanzándose desde la azotea de la escuela cuando se publicaran los resultados.
Para protegerla, mis padres pasaron dieciocho años reprimiéndome y menospreciándome.
Incluso ese día me quitaron la credencial de acceso a las pruebas, sin la cual no podía presentarme.
Me arrodillé frente a ellos para suplicarles y, desesperada, golpeé la frente contra el piso de baldosas.
Papá me dio una patada y me empujó dentro de la cámara frigorífica del pequeño almacén de alimentos que mis padres tenían anexo a la casa. Al caer, mi teléfono golpeó el suelo; la pantalla se hizo añicos y quedó completamente negra. Mi hombro chocó contra el panel de control y activó el sistema de refrigeración, pero ninguno de ellos se dio cuenta. Cuando papá cerró la puerta de golpe y echó la llave desde afuera, el impacto atascó el mecanismo de la palanca de emergencia.
—Sabes perfectamente que Ana podría morir por tu culpa. ¿Y aun así quieres presentarte a las pruebas? ¿De verdad quieres empujarla al suicidio?
El panel indicaba que el sistema estaba programado a −30 °C.
Solo llevaba el uniforme de verano: una camisa de manga corta y una falda.
Golpeé la puerta con todas mis fuerzas.
—¡Mamá, hace mucho frío! Por favor, déjenme salir.
—¿A quién pretendes engañar?
La voz de mamá era aguda y cortante.
—¡Si el sistema de refrigeración ni siquiera está encendido! Como tú no vas a presentarte a las pruebas, bastará con que Ana complete las dos jornadas para que esa predicción ya no pueda cumplirse. ¿Y tú no puedes pensar en nadie más que en ti?
Sus pasos se alejaron.
La sangre seguía brotando de mi frente. Goteaba sobre mi camisa y se congelaba casi al instante.
Me encogí en un rincón.
Poco a poco, mi cuerpo comenzó a ponerse rígido.