Bodas de Odio
¿O simplemente quería ver mi reacción?
Clavé los ojos en los suyos, buscando en ese dorado impasible algún indicio, una grieta, algo que me dijera si era sarcasmo, delirio o amenaza. Nada, ni una mueca, ni un cambio en su respiración.
Así que solté una carcajada. Una de esas que revientan el silencio como un vaso contra el suelo.
—Me encanta tu sentido del humor —dije, entre dientes, mientras recuperaba la compostura—. Ácido, oscuro y cruel. Te queda mejor que la corbata azul.