UN MILLONARIO REBELDE
—Chilló la mujer.
— ¡Abner, levántate!, ¡imbécil, malcriado! —Tomó a Abner por los pies, ignorando por completo las quejas de la chica.
— ¡Ah!, ¿qué mierdas…? —se quejó Abner adormilado — ¿Qué pasa?
— ¡Que tú, idiota, acabas de cagarla en grande!
La furia de Calisto se desbordó.
— ¿Qué haces aquí?, ¿de qué hablas, loca? —inquirió Abner, poniéndose de pie sin importarle que estaba desnudo.