Bella Grace
Diana Robinson se había estado reduciendo a sí misma durante nueve años para mantener este matrimonio.
Había renunciado a su carrera, al derecho de hacer oír su voz e incluso a su dignidad. Todo porque amaba a un hombre que nunca dejaba de castigarla.
La noche de su aniversario de bodas, entró en su casa con las bolsas de la compra y una esperanza, solo para descubrir que ya había sido reemplazada.
La persona que la sustituyó era la maestra de su hija: Lauren Johnson.
—¿Organizaste su fiesta de cumpleaños en mi casa? —preguntó Diana con la voz temblorosa—. ¿Justo el día de nuestro aniversario?
No solo había sido abandonada por su marido. También había sido rechazada por su propia hija.
—¡Señorita Lauren, por favor sea mi mamá! —lloró Selena—. ¡Esa persona me cae mal! —señaló a su madre. En la frágil voz de la niña de ocho años había una crueldad desgarradora.
Todos los sacrificios terminaron por revelar la verdad: no había sido más que una lenta aniquilación.
Cuando Diana entregó los papeles a Henry y le dijo «Firma», ya no suplicaba. Se fue en silencio.
Solo entonces la casa quedó realmente vacía.
—¿Y mamá? —preguntó Selena. Cuando regresaron, no quedaba ni rastro de Diana.
¿Qué pasará cuando Henry descubra que lo que firmó eran en realidad los papeles del divorcio? ¿Podrá soportar la partida de Diana?
¿Y qué será de su hija Selena?
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