Martha Ramos
Mi esposo, Gael Padilla, era un viajero de otro mundo.
Yo vivía en un mundo menor regido por una trama predeterminada: cada persona desempeñaba un papel asignado por el destino, como si todos viviéramos dentro de una novela.
A los viajeros como él no se les permitía enamorarse de los habitantes de esos mundos.
Aun así, se enamoró de mí a primera vista.
Y cada vez que sus sentimientos por mí se intensificaban, sufría un dolor tan fuerte como si le desgarraran el alma.
Gael ya había soportado esa tortura noventa y nueve veces.
Yo era agente de una unidad especial de la policía. Tiempo después, durante una operación de captura en el extranjero, me secuestraron y me llevaron a una base controlada por un grupo rebelde.
Pasaba los días entre golpes, humillaciones y abusos. Incluso me trataban como un objeto y se ensañaban conmigo para dar rienda suelta a su sadismo.
Cuando ya estaba al borde del colapso, recordé el método secreto que Gael me había enseñado para conectarme con su comunicador interdimensional.
Cuando por fin logré activarlo, la conexión se estableció en modo silencioso, quizá debido a una interferencia. Yo podía escucharlos, pero ellos no podían oírme ni saber que estaba conectada. Gustavo, sin embargo, podía vigilar mi estado mediante el sistema de la misión. Además, el comunicador guardaba automáticamente en mi celular todo el audio recibido.
Entonces escuché una conversación entre Gael y Gustavo Salas, su mentor.
—Gael, ¿cómo pudiste ponerte en contacto tú mismo con esos rebeldes para que secuestraran a Sofía? ¿No decías que era el amor de tu vida?
La voz de Gael sonó fría, sin una pizca de emoción.
—En la trama original, Elena debía participar en esta operación, caer en manos de los rebeldes y soportar ocho rondas de tortura. Mi misión es asegurarme de que ocurra lo que estaba escrito. Si Sofía ocupa su lugar y pasa por las ocho rondas de tortura, la misión también contará como cumplida.
—Sofía es la protagonista de este mundo. El destino la protege. No le va a pasar nada. Era la forma más segura de cambiar el destino de Elena sin hacer fracasar la misión. Cuando termine la misión, podré quedarme para siempre en este mundo. Entonces la compensaré por todo el daño que haya sufrido.
Sentí que el corazón se me hacía pedazos.
Y cuando mis captores volvieron a acercarse, dejé de resistirme por completo.