Mangonel
—Cuñado, no me piques con tu palo, me haces cosquillas.
En la cama caliente de la sierra del norte, mi esposa, toda su familia y yo dormíamos apretados. La hermana de mi esposa dormía junto a mí, con las nalgas alzaditas y pegadas contra mí. Su cuerpo era una belleza en pleno florecer; esas nalgas suaves y firmes me volvían loco.
Lo más hermoso era que, de tanto restregarse contra mí, ella también estaba teniendo una reacción. Mi esposa dormía detrás de mí, y yo ya no me podía contener…