Oculto
—No te preocupes, tu amado secreto estará bien, supongo — levantó a Alicia y unió sus labios con los de ella, pero sin dejar de mirar directamente a los ojos.
Sus ojos se intercalaban de colores; entre negro, azulados, marrones, rojizos y verdes. Era lo más extraño que había visto, pero lo más hermoso... ¿Qué m****a estoy diciendo?
—¿Qué carajo le haces? ¡Suéltala! — se la arrebaté y la protegí de él, pegándola a mi pecho.
—Poca confianza, ¿eh? — miró hacia el cielo, e hice lo mismo, perdiéndome en la penumbra oscuridad que nos arropó muy rápido—. Ya empezó el ritual.