Revisión Profunda
—Te lo ruego, si no llamas a la policía ni le dices a mi papá, yo… yo haré lo que sea.
Cuando trabajaba en la tienda, instalé una cámara oculta encima de los estantes para atrapar ladrones.
Para mi sorpresa, la primera en caer fue una universitaria de aspecto inocente y figura espléndida.
La llevé a la bodega para hacerle un cacheo.
Durante el cacheo, la suavidad de sus pechos me encendió de golpe.
Lo más insólito fue que, sin que yo supiera cuándo, su calzoncito estaba empapado.