Por siempre tu y yo.
Dulce estaba acostumbrada a jugar a caperucita y el lobo con el moreno, pero esa frase la encendió como nunca lo creyó, y como toda esposa obediente, se dispuso a hacer lo que su esposo le solicito, lamio de forma sexy sus dedos y bajo la atenta mirada de Tiago comenzó a acariciar y pellizcar sus pezones, el moreno por su parte, saco su pene que estaba tan recto que lo único que podía hacer era rogar por resistir tanto como para llegar al orgasmo junto con su esposa, poco a poco la penetro, y con cada embestida la humedad de Dulce aumentaba, así como los gemidos de ambos, poco a poco Tiago humedeció un dedo y comenzó a presionar el pequeño orificio libre de su ahora esposa, quien lejos de as