La Dulce princesa.
Para Dulce, la forma brusca con la que Horus la estaba tomando le gustaba, era el opuesto de Giovanni, en sus ojos no había dulzura, ni amor, solo deseo y pasión, fuego, eso era Horus, y lo agradecía, porque en ese momento estaba ardiendo de placer, y eso provocaba que se olvidara de Pedro, solo podía sentir a Horus llenarla, la manera tan erótica en como gemía y hacia ruidos guturales de puro placer, un placer que ella provocaba, podía hacerle perder la cabeza a un hombre de 30 años, uno que cuando tenía 17 estuvo enamorado de su madre, y la parte morbosa de Dulce hizo presencia, provocando que dejara de gemir y riera.
— ¿Te estas divirtiendo pequeña? — Horus la hizo brincar un par de veces