UNA NOCHE CON MI ESPOSO
Y tengo, además, escondido como un as en la manga, ese dineral que cayó en mi cuenta esta misma mañana, el doble de lo que pedí, la fortuna de un desconocido sin cara que espero no tener que usar nunca, pero que está ahí, esperándome, mi salida por si algún día esta jaula dorada deja de ser dorada.
Le doy otro trago a la botella y brindo sola, en voz alta, con el eco del baño.
—Por la peor boda del mundo —digo—. Y por la mejor noche de bodas que podía pedir.
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El día siguiente es lo más parecido a la paz que he tenido en años.