TODO POR ELLAS
Otra cosa que le daba la certeza de que las cosas estarían bien eran las palabras de Humberto Valtierra, al que antes pensó no le debía creer nada, pero que ahora le daba la seguridad y la tranquilidad suficiente como para dejar de llorar y centrarse en disfrutar de lo poco disfrutable que era ser mamá primeriza y por partida doble.
Porque, no, a diferencia de lo que muchas personas presumían sobre lo bello que era la maternidad, ella no había podido disfrutar nada excepto ver los rostros dormidos de sus dos bebés; del resto: los dolores antes, durante y después del parto, lo deforme que había quedado su cuerpo, lo doloroso que era amamantar, lo asqueroso que era cambiar pañales y limpiar vó