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Yo Y Su Amante, Embarazadas, ¿Él Elegirá?

Yo Y Su Amante, Embarazadas, ¿Él Elegirá?

El día de nuestra boda, Leonardo Sánchez me juró que me amaría para toda la vida. Siete años después, hizo que otra mujer quedara embarazada y hasta la instaló en una mansión de maternidad que había preparado con esmero. Cuando lo descubrí, el vientre de ella ya estaba abultado, a punto de dar a luz. Él apenas se sobresaltó un instante, pero enseguida la protegió detrás de su espalda. —Camila, tú siempre tuviste miedo de ser madre. Con este hijo, la familia Sánchez tendrá un heredero y tú ya no tendrás que sufrir. —Seguiremos igual que antes, nada va a cambiar. Yo sostenía en mis manos el examen de embarazo recién confirmado y, entre lágrimas, solté una sonrisa rota. El día en que Valeria dio a luz, yo me sometí a un aborto, dejé el acuerdo de divorcio y tomé un avión rumbo a un país lejano.
Short Story · Romance
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Elegiste acabar con nuestro bebé para salvar a tu amante

Elegiste acabar con nuestro bebé para salvar a tu amante

Con nueve meses de embarazo, un exempleado, que guardaba un profundo rencor tras haber sido despedido para darle ese puesto a mi esposo, me llevó a la fuerza a la azotea del edificio y me asestó decenas de puñaladas. Mi marido, Víctor Escobar, capitán de un escuadrón de rescate, prefirió movilizar a todo su personal para impedir que Raquel Herrera, su exnovia, sumida en una depresión, le prendiera fuego a su departamento. No le supliqué que viniera a rescatarme. En mi vida anterior, precisamente porque lo había llamado suplicándole ayuda, él había dejado desprotegida a Raquel y había ido corriendo a salvarme. Mi bebé y yo logramos sobrevivir, pero ella, después de prenderle fuego a su departamento, murió consumida por el incendio. En apariencia, Víctor no me había guardado ningún rencor. Incluso llegó a reservarme una suite de maternidad privada. Sin embargo, el mismo día que di a luz, me amarró ¡y nos acuchilló sin piedad, a mí y a mi bebé recién nacido! —¡Ese día tú y ese tipo se pusieron de acuerdo para engañarme, ¿no es así?! ¡Tus «heriditas» no eran nada graves! ¡Ni de chiste te ibas a morir! —exclamó, fuera de sí—. ¡Pues, si tanto te encanta que te apuñalen, entonces, te daré el gusto! Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día en que me habían tomado como rehén. Pero, esta vez, tomé una decisión: lo dejaría correr para salvar a su Raquel.
Short Story · Romance
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Obsesión transnacional: eres mía ahora

Obsesión transnacional: eres mía ahora

Luciano Sforza manda en la mafia italiana con mano de hierro. Se ve como todo un caballero, pero por dentro no tiene alma. No conoce de leyes ni de moral... en su mundo, se hace lo que él diga y punto. Pero... todo cambió el día que se topó con Carla Díaz. La primera vez que la vio, ella era solo una jovencita indefensa, traicionada por su propia gente y vendida a los rincones más oscuros de la zona roja. Al verla así, tan frágil y vulnerable, a Luciano se le metió una idea retorcida en la cabeza: quería tenerla solo para él, como quien se encapricha con una mascota de lujo. Pero ella resultó ser mucho más que una cara bonita. Escondida tras una máscara de niña buena, Carla lo engañó con promesas de obediencia mientras planeaba su escape paso a paso. Luciano la llenó de lujos, pero la mantuvo encerrada, robándole la libertad y haciendo todo lo posible por doblarle el orgullo. Él disfrutaba el juego, convencido de que tenía el control de todo. *** Sin embargo, el día que ella por fin logró escapar de su jaula de oro, Luciano perdió el juicio. Movió cielo y tierra, revolviendo cada rincón de la ciudad sin encontrar ni una sola huella de ella. Fue entonces, en medio de la desesperación, cuando la verdad le cayó encima como un balde de agua fría: en este maldito juego de poder... ¿quién había terminado siendo el juguete de quién? *** Al principio, él se lo soltó así, con un descaro que le puso la cara roja de pura vergüenza: —Todavía no he probado a una belleza como tú. Pasa la noche conmigo y yo te saco de este basurero. Al final de la partida: Luciano está frente a ella, como si estuviera rezándole a una virgen. Le toma la mano con miedo de romperla, se hinca de rodillas y le suplica con la voz rota: —Mi vida, te lo ruego... dime que todavía me quieres. Por favor, ámame.
Romance
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