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Este Invierno Ya No Traerá Heladas

Este Invierno Ya No Traerá Heladas

En el mercado negro, mi padre escogió para mi hermana mayor y para mí a dos gemelos como guardaespaldas. Mi hermana, sin pensarlo, se quedó con el hermano alto y corpulento, dejándome al “mudo”, que apenas seguía con vida. Me dio lástima y lo mantuve a mi lado. Como no hablaba, lo llevaba de un lugar a otro buscando médicos y remedios. Como tenía una severa misofobia, yo siempre mantenía cierta distancia entre nosotros. Creía que había sufrido algún trauma y por eso era así. Hasta que los enemigos de mi padre nos secuestraron a mi hermana y a mí. Él me dejó atrás, eligiendo sin titubear morir para recibir la bala por mi hermana. Antes de morir, habló por primera vez; con los ojos enrojecidos le dijo a mi hermana: —Por fin puedes verme. Y a mí, en cambio, me dijo: —En la próxima vida, te lo ruego, no me elijas. Entonces entendí que no era mudo ni tenía misofobia. Lo de “mudo” y “misofobia” era solo hacia mí. Al abrir los ojos de nuevo, había vuelto al día en que elegíamos guardaespaldas. Esta vez, cumplí su deseo.
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Ojalá no hubieras sobrevivido ese día

Ojalá no hubieras sobrevivido ese día

Cuando tenía nueve años, quedé atrapada en una explosión mientras intentaba salvar a Joel Yorks, en donde la onda expansiva me arrebató la audición, por lo que, desde entonces, he tenido que usar audífonos. Joel se sintió tan culpable, que Insistió en pedirme la mano, y, con los ojos llenos de lágrimas, juró: —Helen, cuidaré de ti el resto de mi vida. Sin embargo, cuando cumplí dieciocho… todo cambió, porque él quería complacer a la chica más bonita de la escuela. Por esto, delante de ella y de todos nuestros compañeros, me arrancó el audífono, mientras decía con total desprecio: —Estoy harto de que seas una carga. De verdad desearía que no hubieras sobrevivido aquel día cuando tenías nueve años. Habría sido mejor que estuvieras muerta. Apreté mi informe audiológico y guardé silencio. Al llegar a casa, revisé en silencio mis solicitudes universitarias y, junto con mis padres, rompí formalmente el compromiso. A partir de entonces, Joel y yo seguiríamos caminos separados. No volveríamos a encontrarnos.
Short Story · Romance
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Después de donarle el hígado a mi novio, supe que fue su venganza

Después de donarle el hígado a mi novio, supe que fue su venganza

Mi novio fue diagnosticado con cáncer y necesitaba un trasplante de hígado. Cuando supe que yo era compatible, no dudé ni un segundo en aceptar la operación. Me extirparon dos tercios del hígado. El dolor era insoportable, pero en cuanto recuperé la conciencia, corrí a ver cómo estaba él. Frente a la puerta, escuché su conversación con un amigo. —Eres un genio, Javier. Nadie más podría idear una forma de venganza tan cabrona. Javier Morales soltó una risa burlona. —Si no fuera porque no quería armar tanto escándalo, hasta le habría quitado un riñón solo por diversión. —Por su culpa, Elena fracasó en el examen de ingreso a la universidad y tuvo que irse al extranjero. En un mes regresará, y en ese momento me despediré de Lucía para siempre.
Short Story · Romance
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El amor que ya no vuelve

El amor que ya no vuelve

Regresé a ese momento de mi vida en que mi tío político —con quien no tengo lazos de sangre— había sido drogado con esa droga afrodisíaca. Pero esta vez, no me convertí en su “antídoto”. En lugar de eso, marqué el número de la mujer que él realmente amaba. En mi vida anterior, me enamoré perdidamente de él. Cuando supe que había sido drogado, ignoré su súplica de llamar a su gran amor… y fui yo quien calmó su deseo. Un mes después, quedé accidentalmente embarazada. Por lo que él se vio obligado a casarse conmigo, pero el día de la ceremonia de nuestra boda, su amada —que había viajado al extranjero para olvidar su dolor— fue secuestrada y asesinada. Antes de morir, le hizo ciento noventa y nueve llamadas pidiendo ayuda. Él, que estaba ocupado cumpliendo con la boda, no contestó ninguna. Después… solo se quedó mirando aquellas llamadas perdidas, sin decir una palabra. Hasta que, el día que tenía que dar a luz, me encerró en el sótano. Le rogué que me llevara al hospital. Pero él solo sonrió, con esa frialdad que jamás olvidaré, mientras me veía morir lentamente, sin poder traer al mundo a nuestro hijo. Sus últimas palabras antes de que cerrara los ojos y muriera fueron: —Si no hubieras quedado embarazada, nunca me habrían obligado a casarme contigo. Si no fuera por ti, habría contestado las llamadas de Luz y, ella no habría terminado así. Tú… mereces morir. Y entonces, volví a abrir los ojos. Era ese mismo día, el día en que él había sido drogado con ese medicamento afrodisíaco.
Short Story · Romance
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Cuando me perdiste, no dijiste nada

Cuando me perdiste, no dijiste nada

En el quinto año de su matrimonio, Débora Acosta descubrió a su esposo Emilio Romero acostándose con su secretaria, la mujer incluso estaba embarazada. De golpe, los cinco años que Débora había entregado al matrimonio parecieron una broma cruel. Pidió el divorcio, solo para darse cuenta de que en la familia Romero ya no había un lugar para ella. La amante, Irene Palacios, la provocó sin pudor, Emilio se mostró frío e indiferente y las críticas de los familiares terminaron por hundirla en un dolor insoportable. Después del divorcio, Emilio volvió a encontrarse con Débora. Ella era como una luna lejana, inalcanzable. Su mirada y su corazón ya estaban llenos de otro hombre. La mujer que había sido su esposa terminó convirtiéndose en el tesoro más preciado de alguien más. Al final de un banquete, Emilio la tomó del brazo. Con la voz quebrada y los ojos enrojecidos, le preguntó casi suplicando: —De verdad, ¿ya no me quieres? Débora lo miró con frialdad. En ese momento, el hombre elegante y distante que estaba a su lado la rodeó con el brazo. Alzó la mirada y dijo con calma: —Sr. Romero, mi esposa y yo tenemos que volver a casa. Por favor, compórtese. *** Ella había creído que era el chiste de toda la ciudad. En su momento más miserable, un hombre al que apenas había visto unas cuantas veces la llevó a su casa. Más tarde entendió la verdad. Alguien la amaba como a un tesoro. Cada una de sus lágrimas era invaluable para él y jamás permitiría que volviera a sufrir ni la más mínima injusticia.
Romance
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Cuando me tuviste, no me viste

Cuando me tuviste, no me viste

Dos semanas antes de la boda, Nelson decidió posponerla una vez más. —Ivana inaugura su primera exposición de arte ese día —me dijo—. Estará sola y nerviosa. Tengo que estar ahí para apoyarla. Al final, tú y yo ya estamos juntos, ¿qué más da casarnos un día antes o después? Pero ya era la tercera vez que aplazaba nuestra boda por aquella mujer. La primera, Ivana acababa de operarse y sentía nostalgia de la comida de su tierra, por lo que Nelson no dudó en viajar al extranjero y quedarse con ella durante dos meses. La segunda, Ivana decidió irse al bosque en busca de inspiración para pintar y él, preocupado por su seguridad, fue tras ella. Esta era la tercera. Colgué la llamada y miré a César, mi amigo de toda la vida, quien se encontraba sentado frente a mí, relajado, jugando con su bastón de esmeralda, cuyo golpeteo en el piso de mármol rompía el silencio entre nosotros. —¿Todavía necesitas esposa? —le pregunté, sonriendo con picardía. El día de mi boda, Ivana sonreía radiante, copa en mano, esperando el brindis del hombre a su lado. Pero él, con los ojos rojos, observaba en silencio la transmisión en vivo de la boda del heredero del Grupo Santos, el imperio inmobiliario más grande del país.
Short Story · Romance
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Todas las Flores que No Fui

Todas las Flores que No Fui

Llevo diez años casada con Nicolás. He conocido a cada una de sus novias. Cada vez que se aburría y quería cambiar, yo era su mejor pretexto para terminar con ellas: —Si te casas conmigo, vas a terminar igual que ella. Nos acostumbraríamos tanto el uno al otro que se perdería toda la emoción. En nuestro aniversario de bodas, yo le secaba las lágrimas a la universitaria que acababa de dejar, mientras él llevaba a su nueva conquista al cine. Cuando se acabó el paquete de pañuelos, fue como ver un reflejo de mi pasado. Así que le pedí el divorcio. Su reacción fue de una confusión genuina, algo raro en él. —¿No vas a esperar un poco más? Tal vez lo nuestro pudo funcionar. Le dediqué una sonrisa vaga, sin responder, y compré un boleto de avión para cruzar el océano. Ya no podía esperar a que cambiara, así que decidí dar el primer paso.
Short Story · Romance
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I Will Love You No More

I Will Love You No More

Richard Lorde’s childhood friend had just become a widow. On our fifth wedding anniversary, he brought his childhood friend and her daughter into a karaoke box and removed my ring right before everyone. “Lily needs a proper status right now. It’s no longer right for you to wear that ring. “Resign from your job tomorrow and take care of Lily and her daughter.” Everyone in the room fell silent as they waited for me to blow my top off. But I said nothing. I calmly brought out the divorce agreement I had already signed, put it on the table, and left. My best friend stood up to advise me against it, but Richard just swung the wine glass and snorted. “Let her. She’ll come begging for my forgiveness before tomorrow.” When I slammed the door shut, I heard laughter from the room. What they did not know was that half an hour ago, I had received a message telling me that my visa application had been approved. The person in charge of picking me up had been waiting at my house ten minutes ago. This time, I was not turning back.
Short Story · Romance
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Ex Wants Me Back? No Way!

Ex Wants Me Back? No Way!

Hilda Michaela has been in love with her crush Edwilson Autore ever since she was a child. When an unexpected nightstand between the two led to a pregnancy, their families arranged for them to marry. Even though Wilson was against their union, Hilda devoted her life to him, hoping that he would love her back. Years passed, yet Wilson was the same. He became even colder when Hilda mysteriously lost the pregnancy exactly after a month of their marriage. This infuriates him even the more and only viewed their union as a trap. One day, he thrust divorce papers into her face when she least expected. "I've been thinking about this for a while, let's go our separate ways" he bellowed. Years later, when their paths cross, yearning reflected in his eyes as he pleaded, "Hilda.. Can you take me in again?" Hilda let out a loud empty laugh before she gazed at him with zero emotions and sneered, " I would love to take you in darling but the last I checked, i didn't own a daycare."
Romance
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The Last Month of No Masters

The Last Month of No Masters

This is the ninth year Dante and I have honored the Month of No Masters. The Corinni family's heir apparent believes this will make our relationship last longer. For one month after our dating anniversary each year, he is free, and we stay out of each other's lives. If either of us finds someone more suitable, we are to wish them well. If not, we go back to the way things were after a month. Around me, the men of the family are spraying champagne with abandon. "To another year of freedom! Congratulations to our Underboss on reclaiming his bachelor status!" "The family betting pool is open! Place your bets on the left if you think they'll still get married, and on the right if you think it's over for good!" Through the hazy cigar smoke, I sat on the corner of a leather sofa, a cold observer, as if this whole farce had nothing to do with me. Dante's hand was curled around Scarlett's waist as he brushed past me, whispering, "Don't get any ideas. You'll always be my only Donna." "I'm a kite. No matter how far I fly, the string is always in your hand." I pressed my cold fingers against the gentle swell of my belly, my expression a blank mask. Dante, this time at the family's betting table, I'm putting my money on "the end." I'm going to vanish from your world completely. That kite string you're so proud of? Tonight, I'm cutting it myself.
Short Story · Mafia
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