ANMELDENDejo a mi madre ver su telenovela mexicana y me dispongo a doblar la ropa que he traído por la mañana de la sala de lavado que tenemos en casa.
Es ahí cuando me doy cuenta que tengo ropa que ya no me queda, pero la guardo “por si acaso”
Observo ese vestido rojo ajustado, me quedaba como otra piel en mi cuerpo. Me hacía sentir sensual y segura talla L. Cierro los ojos al ver la talla, ¿Cómo me atreví?
Aprieto entre mis manos el vestido azul y lágrimas se acumulan en mis ojos mientras en la vieja radio reproduce la canción Hoy me acorde de ti de Jose Luis Perales.
Hoy he cerrado mi ventana
Y he pensado en ti,
Quería recordarte esta mañana.
Te vi sentada en un sillón,
Tomando tu café,
Los niños correteando por la casa
Patética
Me pregunté:
¿Será feliz?
¿En dónde vivirá?
¿Será una mujer enamorada?
¿Enamorada?
Patética
Sollozo con el vestido pegado a mi pecho.
—Cariño—mi madre entra y se sienta a mi lado
—Estoy bien—sollozo, limpio las lágrimas que mojan mis mejillas—¿puedes doblarla por mí?
—Por supuesto—toma el cesto y tira la ropa en una silla—listo—eso me hace reír—ahora ven a preparar la cena conmigo.
—Se me antoja algo así como comida china, ma.
Se gira sorprendida—comida china será—afirma con una sonrisa adornando su hermoso rostro
Tomo el trozo de taco chino y lo parto en trozos pequeños, derramo la salsa roja sobre este y tomo un pedazo pequeño, lo llevo a mi boca y poco a poco lo voy devorando, al terminar aparto el plato con otro taco y lo dejo a un lado.
—¿Satisfecha?—pregunta mamá tomando el taco restante que deje y comiéndolo con ganas.
—Satisfecha señora—respondo limpiando mi boca con una servilleta.
—Diana llamó…otra vez…como hace 4 meses ha estado haciendo—levanto mi mirada hacia ella—¿hoy tendrás tiempo para regresarle la llamada?
—Quizás—me levanto y llevo los platos al lavado
—Sin presiones—dice ella y se va hasta la sala.
Me quedo viendo los platos sucios un buen rato y empiezo a fregarlos, pensando en todo lo que ha pasado y si estoy dispuesta a hablar de nuevo con ella. Quien debería de perdonarme es ella, ella debería estar molesta conmigo, no querer verme, no querer saber de mí y es lo contrario ¿Por qué lo hace?
—Porque es tu amiga—veo a mamá y pareciera que leyera mis pensamientos.
—Soy muy predecible ¿cierto?—mi semblante se apaga por completo recordando ese maldito día.
—¡Basta Sammy Benson!, ¡ya basta! No digas esas cosas que sabes perfectamente que no son ciertas. Eres única y lo sabes.
—Es por eso que se aprovecharon de mí ¿cierto? —tiemblo, lanzo el plato en el fregadero y corro hasta el baño del cuarto de mamá con ella detrás, tomo el pomo y también esta con llave—no la abras—grito tratando de abrirla sacudiendo el pomo—no la abras, no la abras, ¡no lo hagas mamá!—grito desesperada golpeando la puerta, me deslizo sobre esta y lloro negando—no la abras…
—No lo haré cariño—sé que quiere quebrarse junto conmigo, se inclina y me acuna, ella es el motivo de mi lucha. Quiero vivir para cuidarla, lucho por que ella lo hizo por mí. Lloró muchas noches cuando apenas le alcanzaba para pagar los gastos de la casa.
Nunca lo hizo en mi presencia, al menos no que yo la viera pero, sé que lloró mucho y no se dio por vencida.
Ella ha sido todo para mí, y me ha puesto primero a mí que cualquier persona o cosa, cuando toda esta pesadilla empezó, no se dio por vencida y eso me ha impulsado a querer seguir luchando.
—Gracias mamá, no sabes cuánto te amo—después de eso me tranquilizo un poco. Pensar en todo lo que ha hecho por mí, me ayuda a seguir adelante.
—Bueno, has progresado, hace cuatro meses ibas por el hacha—la observo seria por unos instantes y luego ambas nos echamos a reír
—Doña panchita no deja de hacer chistes con eso, siempre que dice algo en broma agrega: espero tengas el hacha bajo llave—volvemos a reír.
Doña Francisca, es una señora mayor de 72 años, desde que nos mudamos ha sido como una madre para mamá y una abuelita para mí, viene por las tardes a tomar el té…ella está bien ¡acá! En uno de mis tantos episodios, observó, cómo iba por el hacha para romper la puerta del baño, desde entonces me hace chistes sobre eso y lejos de molestarme, me hace reír mucho.
La pregunta es ¿Por qué tenemos un hacha?
Se le robamos al hombre encargado de la seguridad de este lugar, quería cortar un árbol que tenemos en la cera de nuestra casa, y entre las tres robamos su hacha, el hombre al darse cuenta, fingimos indignación e hicimos un drama sobre que la seguridad en el lugar estaba disminuyendo y lo indignada que estábamos de lo sucedido.
Lo sé, somos unas cínicas, al final, solo usaron una cortadora para podar el árbol.
Me levanto con ella caminando a mi lado—será mejor que llame a Diana.
Su sonrisa se ensancha, sus ojos se iluminan, mete su mano en el bolsillo de su pantalón sacando su celular y lo extiende hacia mí, asiente dándome ánimos y doy la vuelta con lentitud para meterme en mi habitación.
El celular tiembla en mis manos. Me voy hacia las llamadas recibidas y en el historial del número guardado de Diana, se refleja el registro, todos los días ha llamado, a la misma hora.
¡Dios!
Ella no se ha dado por vencida conmigo, mis ojos se cristalizan junto a una pequeña sonrisa un poco amarga…cuanto la extraño y hasta hoy me he dado cuenta.
Después de hablar 10 minutos con Diana, me quedo con un alegría en mi pecho, una emoción palpitante y siento que se ha rellenado un poco el vacío que llevo dentro, me hizo tanto bien que olvidé el episodio de hace un rato.
Los mejores diez minutos de mi vida en estos cuatro meses.
Regreso a mamá con su celular y me preparo para dormir. Para ser sincera me pongo a jugar Fornite hasta que el cansancio me vence por la madrugada.
Mi pijama es más grande de lo que recuerdo y no diré que me queda bien o mal, simplemente no lo sé, en mi casa ya no hay espejos grandes solo queda el pequeño que está en el baño.
Jugando en línea justo me asesinan cuando unos perdedores piden ser parte de mi equipo y son un asco. Se la pasaban discutiendo y al final se mataron entre ellos.
Cuando veo el reloj noto las 1 de la madrugada del día 02 de julio 2019.
Tomo a Sebastián y me animo a seguirle escribiendo un poco más de mí.
02 julio 2019
Querido Sebastián, ¿Dónde me quedé? ¡Ah sí! Gracias a su guerra, a mamá no le tocó más que acceder a dejarme en casa de mi padre sábado todo el día, hasta el domingo por la tarde, sus turnos para poder mantenernos eran dobles desde ese año. No te voy a negar que la noticia me cayó como balde de agua fría, es más, me quedé sin respirar y me desmayé en el proceso.
Y eso que aún, no me enteraba de la vida de esas dos mujeres tan extrañas que tenían más cabello que cuerpo. Cuando llegué a la enorme casa, me quedé en la entrada viendo el taxi irse, porque mi muy “amado” padre estaba muy ocupado como para ir por su abandonada hija.
Entré, con mi pequeña mochila donde solo llevaba el pijama, porque dudaba que me quedara alguna de las barbies, y una muda para el siguiente día, mi cepillo de dientes y el cepillo para mi cabello azabache rizado muy rebelde, en ese entonces por qué ahora lo tiño de rojo.
Angélica, desde que crucé la puerta, no hizo más que escanear de pies a cabeza, al parecer mis jeans y mi camiseta de hello kitty contrastaba con todo lo pulcro de su casa, desde su candelabro del siglo XIX hasta la ropa de diseñador de ella y su esbelta hija. Angélica, vestía un vestido entallado color blanco, su cabello rubio (teñido por cierto), su piel blanca y lisa como la porcelana y sus labios de un color tan rojo que mi mirada se negaba a dejarlos de ver.
¿Ahora entiendes por qué solo me gusta el rojo en cabello, uñas y bolígrafo?
La casa era inmensa, aún lo es, en fin, decir que me sentía pequeña en ese lugar con esas dos mujeres era poco, me sentía como una hormiga en una reunión de elefantes.
—Sammy—mi hermanastra baja las escaleras para recibirme—que bueno que llegaste, justo hoy, organicé una pijamada, te presentaré con mis amigas—vio de forma poco amigable mi forma de vestir.
Mi madre siempre me ha enseñado a ser amable y negarme de forma educada cuando no estoy de acuerdo en algo.
—No sé qué decir al respecto…
—Que aceptas—dio un brinquito con aplausos, me tomó de la mano y me arrastró escaleras arriba hacia su habitación.
Para esa época yo tenía 13 años y ella 12, cuando la puerta de su habitación se abrió, podría jurar que casi quedé ciega.
El color rosa predominaba en cada detalle, su cubre cama, almohadas, buró, armario, todo el maldito lugar era un muy maldito vomito de unicornio.
—¡Vaya!—entré al lugar lentamente viendo aquello tan espantoso.
—Lindo ¿cierto?
—¿Sabes que hay más colores verdad?—pregunté por si no se los habían enseñado en la escuela.
—Claro tontita, pero el rosa es el color de las princesas.
— ¿Y eso dónde está estipulado? —me observó tratando de comprender mi comentario.
—Como sea—barrió su mano con indiferencia—dame esto—tomó mi mochila y la puso en su silla…si, rosa, cerca de la ventana. —mamá ya preparó todo para más tarde, puedes darte una ducha y luego bajamos a recibir a nuestras invitadas.
—O…k—fue lo único que pude articular.
Sus amigas del cual no recuerdo sus nombres, bueno si, porque resulta que son sus dos mejores amigas en la actualidad, Lorena y Maritza (esa es la más zorra) y la que más botox tiene en su cara, no sé cómo hace para masticar.
12 años y en su estúpida conversación no escuché más que ‹‹en la revista de alta moda dice que los colores en contraste están de modas›› o ‹‹puedes creer que haya aceptado esa talla en tal marca›› todo eso mientras yo me atragantaba con la pizza, las sodas, las gomitas y mucho chocolate que ninguna de ellas probó a excepción del agua… sin gas.
—Sam—se dirigió a mi Lorena— ¿sabes cuantas calorías tiene esa cosa?
— ¿Te refieres a la pizza? —pregunté tomando un trozo y llevándolo a mi boca.
—Si—la vi arrugar la cara con asco—tienes 13 años y mira como estas, debieras hacer dieta, sino parecerás una enorme vaca.
—Lo dijiste bien, tengo trece años, y no sé por qué se preocupan tanto por su peso, estar saludable es lo que importa.
Las tres me vieron con horror.
Y así pasó el tiempo, ellas junto a mi madrastra malvada, pasaban el tiempo molestando el hecho de mi peso y mi apariencia.
Cuando por fin me gradué y empecé a trabajar en Fontaine, me siguió importando un comino lo que pensaran.
Que ellas encontraran la manera para mantenerse flaca era muy su problema, ahora mi querido Sebastián te estarás preguntando ¿Cómo una chica tan segura de su personalidad y físico cayó en tan espantosa situación actual?
Meses atrás te respondería: un hombre.
Ahora que tengo la oportunidad de explicarte todo y he analizado mi situación: no es un hombre, fueron las circunstancias en la que se dieron las cosas lo que me afectó de esta manera.
Tengo cuatro meses de encierro, mi querido Sebastián, de los cuales quizás cuando termine de contar mi historia, pueda de una buena vez cerrar este círculo y volver a mi vida normal.
«No intento bailar mejor que nadie más. Solo intento bailar mejor que yo misma».(Arianna Huffington.)Dante siente el peso de mi lasciva mirada, me sonríe de una forma en que, si no fuese que Arturo es el dueño de mis calzones, Dante me los bajaría con esos ojos tan expresivos llenos de sensualidad.—¡Hola! —saluda extendiendo su mano—soy Dante—¡Lo se! —aprieto su manota—Soy Sammy—¡Lo se!— me sigue la corriente—¡Lo siento por ti!, pero tengo novio—señalo a Arturo quien nos mira apretando los labios en un vano intento de suprimir la risa, al ver mi rostro tan expresivo, ¡le susurro “es Dante! Emocionada a lo cual él asiente con dos pulgares arriba.—Yo también lo siento por mí, pero también tengo novia—me guiña después de unos segundos ambos reímos.—Hasta que por fin conozco en persona al famoso grandulón—Ese soy yo, es un honor para mi conocer a la famosa Sammy, solo escuchaba tu voz y muy pocas veces vi tu rostro en video llamadas que le haces a mi pelirroja.—Me alegro que haya
«No intento bailar mejor que nadie más. Solo intento bailar mejor que yo misma».(Arianna Huffington.)El gran evento se llevará a cabo en un gran salón, donde los lujos no podrían pasarse por alto.Katherine lo hubiese preferido más sencillo, pero decidió darle ese gusto a mi adorado jefecito, se lo merece después de esperar tanto.Los medios de comunicación no tuvieron acceso al interior solo pueden tomar foto y videos mientras entramos, no masEntrelazo el brazo de Arturo, y si, humildad aparte parecemos una pareja perfecta tomada de alguna serie de romance a la cual llamaremos A pesar de las decisiones.¡Vaya! Debería de escribir algún guion, pero creo que solo soy buena con los títulos, en fin.—¡Wow! —no me esperaba algo tan maravilloso sacado de un cuento de hadas.—No es tan maravilloso como lo eres tú—él si sabe cómo enamorar—No sigas que tanto amor no tengo espacio en el pecho.Caminamos hasta encontrar a mi amiga Diana que conversa con satanás y como los conozco están en p
“Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades” (Miguel de Cervantes.) El transcurso en el auto sigue en silencio, sin embargo, el deseo contenido se siente a flor de piel.A penas llegamos a su apartamento, Arturo gira la perilla y lanza las llaves al piso al cerrar la puerta tras de nosotros, recostándome de inmediato a esta, este día ha sido el de recostarme a lo que sea que se lo permita, así que, su faceta de caballero desapareció al cerrar esa puerta y mi faceta de dama se fue al carajo.Nuestros labios apenas se separan para que nuestros pulmones tomen un poco de aire, es como si se negaran a apartarse por completo, como si hubiesen nacido para estar juntos y jugar el resto de sus vidas, el silencio del apartamento es sustituido por nuestros jadeos llenos de deseo que no podemos contener más.Baja sus labios hasta mi cuello, marcando cada parte con dulzura, pero a la misma vez como si fuese su territorio, lo que me hace temblar de deseo, mis p
“Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades” (Miguel de Cervantes.) Me siento como la protagonista de un libro, a la cual su novio millonario la lleva y le compra regalos, carísimos, por cierto.Bueno, estoy exagerando, venimos a una tienda exclusiva en busca de nuestros atuendos para el gran día, la boda esperada por todos, especialmente por mi jefecito.—No quiero que lo mal interpretes ni mucho menos que te sientas mal, sé que puedes pagarte lo que sea que quieras, pero, esto es algo que deseo hacer y pido que me permitas hacerlo.—No voy a negar que me gustan los regalos, mas, ¿no crees que esto es demasiado?—Como te conozco por eso es que solicito tu permiso, para que te sientas cómoda.—Me parece bien, te daré ese gran honor—bromeo.Entramos a la tienda y el lujo se nota en cuanto ponemos un pie dentro, he venido aquí muchas veces, puesto que es donde mi jefecito también compra sus trajes y muchas veces vine aquí a por ellos.—Buenas tardes
Final “El amor no tiene que ser perfecto, solo tiene que ser verdadero.”(Anónimo)Uno me mira como si yo fuese un ser insignificante, de esos NPC de los videos juegos que solo sirven para llenar un vacío, ósea como los extras en las películas.El otro, definitivamente, también me mira de esa forma con un atisbo de pereza.—Solo tengo dos dudas, que carcomen mi cerebro—aun sigo con mi cara de desconcierto intentando explicar el panorama.—Y ¿crees que me interesa? Benson.—Mira Satanás Murphy, le interese o no, puedo bien cerrar la puerta y llamar a la policía.—No te atreverías—amenaza—ya déjame entrar—sin esperar ser invitado, pasa como Pedro por su casa.—Buenos días Samuel ¿Qué te trae tan temprano?—Así que pasaron cogiendo, por eso no me querías dejar entrar.—¡Claro que no! —me horrorizo, no quiero que me pase molestando todo el día con eso y peor aún que lo grite a los cuatro vientos cuando me lo encuentre en Fontaine.—Vengo a dejarte a este pequeño amigo—me extiende al gato
La mayoría de nuestros obstáculos desaparecerían si en lugar de temerles, decidiéramos caminar valientemente a través de ellos. (Orison Swett Marden)Aunque la decepción es quizás un poco más que la primera vez, ya que tenía la percepción de que Brendan no era como Angela, esta vez es diferente.No me guardo nada, me permito llorar mientras las manos de mamá y Arturo me sostienen.Como dijo mi jefecito Valentino, ahora entiendo que no estoy sola, y no dejo que la vergüenza me venza.Entramos a mi habitación y sigo sentada en el borde de mi cama, mi novio se niega por completo a irse y eso me llena de alivio.—Entiendo que te sientas así, sé que te gustó su forma de ser contigo, cosa que me llena de amargura, rabia y muchos celos, aunque solo fuese una mentira, podrías despotricar vituperios contra él si lo deseas, aunque confieso que si fuese mujer también me hubiese gustado ese imbécil—bromea para calmar un poco el ambiente.—No mientas, él no es tu tipo—le sigo para sentirme mejor—a







