เข้าสู่ระบบLa luz tibia de la mañana comenzaba a bañarle la espalda a Shun mientras avanzaba en silencio por el pasillo de la casa, sintiendo que la alfombra absorbía el peso vacilante de sus pasos. Llevaba la ansiedad al límite, con la boca seca y la nuca rígida; desnudarse emocionalmente era un terreno inhóspito para él, y más aún si tenía que doblegar su orgullo para solicitar el auxilio de un alfa.Al detenerse frente a la puerta cerrada de la habitación, dudó. El pecho se le agitó en un latido violento que amenazaba con ahogarlo, pero bajó la mirada hacia su propio vientre y buscó un segundo de centro. Pensó en Kyle, si había tenido la templanza y el valor necesarios para buscar y recuperar al viejo, él no podía permitir que la cobardía le arrebatara a Théon.Levantó la mano con los dedos temblorosos y golpeó la madera tres veces con nudillos débiles. Esperó unos segundos que se le hicieron eternos, mordiéndose el labio inferior, hasta que el cerrojo giró sin prisa.La puerta se abrió despa
La brisa primaveral soplaba con suavidad a lo largo del parque Tamagawadai, desprendiendo una lluvia tenue de pétalos rosados que flotaban en el aire como nieve tibia antes de posarse sobre el césped. La luz matutina se filtraba entre las copas tupidas de los cerezos en plena floración, tiñendo el sendero de matices dorados y pasteles.Caminando sin prisa por la vereda principal, Seiya avanzaba tomado de la mano de su esposo. Llevaba colgada del hombro la abultada bolsa del picnic, sintiendo una calidez plena en el pecho al tener a toda su familia reunida bajo el dosel rosa de los árboles; para él, estar allí no solo era un espacio de paz, sino una forma silenciosa y respetuosa de honrar las tradiciones de su abuelo.Eliot avanzaba a paso firme sosteniendo con cuidado los piecitos del pequeño Eriss, quien iba coronando la marcha sentado plácidamente sobre sus hombros, curioseando el paisaje desde las alturas. Un par de metros más adelante, las gemelas caminaban juntas, tomadas de la m
La noche se extendía en absoluto silencio por la habitación de Shun. Apenas una pequeña lámpara sobre la mesa de trabajo iluminaba el desorden de hojas, el cuaderno de cuero abierto y el pesado diccionario.Mantenía el ceño fruncido, fijando la vista con obsesión en la apretada letra cursiva de Théon. Sus ojos ardían por el cansancio y una molestia sorda le recorría la espalda por llevar horas inclinado en la misma posición, pero se negaba rotundamente a parar. Con la memoria ágil que lo caracterizaba, sus dedos pasaban las páginas del diccionario solo para corroborar términos técnicos o conjugaciones complejas; las palabras más comunes ya las había memorizado tras días de esfuerzo ininterrumpido.Tras completar la traducción de un denso párrafo, soltó el bolígrafo con un suspiro pesado y se llevó la mano a la nuca para estirar los músculos tensos. Sintió la necesidad de tomar aire y, buscando un impulso para no rendirse ante el agotamiento, decidió retroceder varias hojas en su libret
La noche sobre Roppongi caía envuelta en una llovizna fina que multiplicaba el destello de los letreros de neón sobre el asfalto mojado. El distrito respiraba un dinamismo vibrante, donde el ruido y la música de los bares subterráneos se mezclaban con el movimiento de los taxis.Eliot y Seiya caminaban con los dedos entrelazados, dejando atrás las avenidas principales y adentrándose progresivamente en un laberinto de callejuelas más estrechas y silenciosas, donde la luz de los faroles se volvía más tenue y la noche ganaba intimidad.El alfa avanzaba observando con atención los carteles iluminados en ideogramas japoneses, sintiéndose fuera de su elemento, mientras que el enigma se movía con la soltura.—¿Te gusta, amor? —preguntó ladeando el rostro hacia él con una sonrisa tranquila.—No puedo decir que no me gusta —admitió ajustando el agarre de sus manos mientras esquivaban a un par de peatones—, pero es algo raro estar aquí...Dejó escapar una risita suave y se pegó un poco más a su
La luz del mediodía primaveral filtraba una calidez suave sobre el interior del taxi que serpenteaba por las autopistas de Tokio en dirección a Denenchōfu. A través de la ventanilla, el paisaje urbano revelaba una mezcla fascinante de modernidad y tradición que resultaba completamente ajena para la vista italiana.Eliot mantenía a Kaori plácidamente dormida sobre su regazo, acomodándola contra su pecho mientras deslizaba sus dedos por el cabello de la pequeña con absoluta devoción. Nataniel viajaba a su lado, observando por momentos el movimiento de la ciudad y en otros la escena familiar.—Es un alivio que mi niña hable japonés tan bien... —murmuró con voz suave, inclinándose para rozar la frente de su hija con los labios—. No sé qué hubiéramos hecho sin ella.El patriarca dejó escapar una leve sonrisa, ajustando la postura en el asiento.—No volveré a quejarme de que Seiya nos deje por fuera de su club —comentó con tono entretenido—. Ojalá Eriss lo aprenda igual de bien.—Sí, despué
La mañana de primavera sobre las calles de Okusawa transcurría en una calma luminosa, con el sol filtrándose suavemente entre los edificios y los árboles que bordeaban las aceras. Kyle caminaba a paso lento, con los dedos entrelazados a los de Shun, dejando que sus ojos vagaran fascinados por los aparadores de las pequeñas tiendas y los detalles del paisaje urbano.Había una serenidad compartida entre los dos, una complicidad silenciosa de dos omegas que se sabían a salvo en la presencia del otro.—Oye, Kyle... ¿Puedo hacerte una confesión? —habló Shun con voz pausada, ajustando apenas el agarre de sus manos mientras avanzaban—. Últimamente creo que tú eres el único que me entiende de verdad…El muchacho giró un rostro curioso hacia él, reduciendo un poco la marcha sin soltarlo.—Sí, puedes contarme lo que quieras —respondió con calidez en la mirada.—¿Recuerdas el día que fuimos al parque Inokashira? —preguntó manteniendo la vista al frente mientras sus pasos marcaban un ritmo tranqu