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مؤلف: Locus
last update تاريخ النشر: 2026-10-21 10:51:47

David

Permanecí demasiado tiempo en el corredor.

Lo sabía y, aun así, no me moví.

La puerta del dormitorio de Sophie estaba casi cerrada, dejando escapar una fina línea de luz sobre la alfombra. Al otro lado, Ana hablaba en voz baja, con aquella calma que parecía capaz de atravesar una tormenta sin necesidad de levantar el tono.

No conseguía escuchar todas las palabras, pero reconocía el ritmo de una historia narrada lentamente, con pausas cuidadosas, como si cada frase tuviera la función de ma
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  • Amor de una noche: el multimillonario obsesionado   22

    David Permanezco sentado en la terraza de la casa del lago después de que Ana sube a su habitación para organizar algunos documentos de la universidad. Confieso que preferiría pasar el resto del día con ella, pero sé que necesita resolver sus problemas y no quiero que piense que voy a interferir en cada decisión que tome. Además, Sophie está jugando con Margaret en el jardín, así que aprovecho unos minutos de tranquilidad para revisar los mensajes que Tiago me envió durante la mañana.Entre los correos de la empresa y algunos documentos pendientes, encuentro una actualización de los abogados sobre el acuerdo matrimonial con la familia de Lídia. Su padre ha realizado inversiones importantes contando con nuestra futura unión, y existen varios negocios relacionados con aquel compromiso. Sin embargo, nada de eso cambia mi decisión. No voy a casarme con Lídia, aunque tenga que asumir personalmente las consecuencias financieras de cancelar las negociaciones.Durante mucho tiempo creí que a

  • Amor de una noche: el multimillonario obsesionado   21

    David Ana no regresó al comedor. Esperé durante algunos minutos, intentando prestar atención a Sophie mientras me explicaba que quería caminar cerca del lago después del desayuno. Respondí en los momentos adecuados, pero mi mirada volvía una y otra vez hacia la puerta de cristal por la que Ana había salido. La llamada la había alterado. Lo vi en la rigidez de sus hombros, en la forma en que apretó el teléfono y en la lágrima que intentó ocultarme. Quería saber quién había conseguido lastimarla desde tantos kilómetros de distancia. Quería un nombre, una dirección y un motivo. Pero Ana todavía no confiaba lo suficiente en mí para entregarme ninguna de esas cosas. Y aquello me irritaba más de lo que debería. No porque creyera tener derecho a invadir todos sus secretos. Me irritaba porque alguien estaba haciéndola sufrir y yo permanecía sentado, sin saber contra quién debía actuar. Mi teléfono vibró sobre la mesa. Era un mensaje de Tiago. “El nuevo código de acceso de la casa d

  • Amor de una noche: el multimillonario obsesionado   20

    DavidAna no regresó al comedor.Esperé durante algunos minutos, intentando prestar atención a Sophie mientras me explicaba que quería caminar cerca del lago después del desayuno. Respondí en los momentos adecuados, pero mi mirada volvía una y otra vez hacia la puerta de cristal por la que Ana había salido.La llamada la había alterado.Lo vi en la rigidez de sus hombros, en la forma en que apretó el teléfono y en la lágrima que intentó ocultarme. Quería saber quién había conseguido lastimarla desde tantos kilómetros de distancia. Quería un nombre, una dirección y un motivo.Pero Ana todavía no confiaba lo suficiente en mí para entregarme ninguna de esas cosas.Y aquello me irritaba más de lo que debería.No porque creyera tener derecho a invadir todos sus secretos. Me irritaba porque alguien estaba haciéndola sufrir y yo permanecía sentado, sin saber contra quién debía actuar.Mi teléfono vibró sobre la mesa.Era un mensaje de Tiago.“El nuevo código de acceso de la casa del lago ya

  • Amor de una noche: el multimillonario obsesionado   19

    SamanthaEstaba en casa intentando poner un poco de orden en mi vida cuando el timbre comenzó a sonar sin parar.No era el toque normal y educado de alguien dispuesto a esperar. Era insistente, irritante y casi agresivo. La persona del otro lado parecía querer arrancar la puerta de su sitio con solo mantener el dedo sobre el botón. Dejé la computadora portátil sobre la mesa, respiré hondo y caminé hasta la entrada con la poca paciencia que me quedaba.Cuando miré por la mirilla, puse los ojos en blanco.Alexandra y Lucas.Los dos estaban en el pasillo de mi edificio con la expresión de quienes acababan de perder el control de su propia vida. Lucas llevaba una camisa arrugada, tenía el cabello desordenado y el rostro marcado por la desesperación. Parecía no haber dormido bien en varios días. Alexandra, en cambio, estaba furiosa. No triste ni arrepentida. Furiosa. Como si el mundo hubiera cometido una injusticia imperdonable contra ella.Abrí la puerta solo lo suficiente para poder mira

  • Amor de una noche: el multimillonario obsesionado   18

    AnaA la mañana siguiente, desperté antes de que sonara la alarma.Durante unos segundos, me quedé mirando el techo de la habitación, intentando ordenar todo lo que había sucedido la noche anterior. La casa del lago estaba en silencio, iluminada por la claridad suave que atravesaba las cortinas. Afuera, el viento movía las ramas de los árboles y el agua parecía tranquila, como si aquella casa no hubiera recibido una visita inesperada capaz de convertirlo todo en un desastre.David había estado a punto de besarme.Todavía sentía su mano sujetando la mía, el calor de su cuerpo demasiado cerca y su voz grave confesando que estaba cansado de fingir. Pero lo que más me inquietaba no era el beso que casi ocurrió. Eran todas las cosas que había dicho después.Había cancelado el acuerdo con Lídia por mí.La había expulsado de aquella casa y le había prohibido entrar nuevamente en cualquier propiedad de la familia Beckman. No intentó disimular lo que sentía ni me presentó como una simple emple

  • Amor de una noche: el multimillonario obsesionado   17

    DavidPermanecí demasiado tiempo en el corredor.Lo sabía y, aun así, no me moví.La puerta del dormitorio de Sophie estaba casi cerrada, dejando escapar una fina línea de luz sobre la alfombra. Al otro lado, Ana hablaba en voz baja, con aquella calma que parecía capaz de atravesar una tormenta sin necesidad de levantar el tono.No conseguía escuchar todas las palabras, pero reconocía el ritmo de una historia narrada lentamente, con pausas cuidadosas, como si cada frase tuviera la función de mantener a mi hija segura dentro de sus sueños.Sophie había pedido que Ana la acostara.No a Margaret.No a mí.A Ana.Aquello no me provocaba celos. Al contrario. Despertaba una satisfacción extraña, profunda y peligrosa.Sophie no escogía personas fácilmente. Desde la muerte de Laura, desconfiaba de cualquiera que intentara acercarse demasiado. Ana había entrado en nuestras vidas sin pedir permiso y, en pocos días, consiguió que mi hija sonriera, comiera mejor, durmiera tranquila y pidiera regr

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