共有

20. Ruleta Rusa

作者: J.R. Rocha
last update 公開日: 2026-10-01 10:52:16

Mis manos temblaban tanto que el arma amenazaba con resbalarse de mis dedos. Nunca había disparado una pistola. Adam vio la duda en mis ojos, ese milisegundo de debilidad humana, y atacó.

Con un movimiento brutal y desesperado, se abalanzó sobre mí. El cañón de su revólver golpeó mi muñeca con tanta fuerza que mi arma salió volando por los aires, perdiéndose en la oscuridad del suelo. Antes de que pudiera gritar, los dedos de Adam se enredaron en mi cabello con una violencia que me arrancó lágr
この本を無料で読み続ける
コードをスキャンしてアプリをダウンロード
ロックされたチャプター

最新チャプター

  • Arquitecta de su Ruina: La Venganza de la Heredera Secreta.   37. Dmitri Vólkov

    El humo denso de un puro cubano se arremolinaba en el techo del almacén clandestino de Brighton Beach. Dmitri Vólkov observaba las múltiples pantallas frente a él con una quietud que aterrorizaba a sus hombres mucho más que si estuviera gritando. Todos los indicadores logísticos de la Bratva en la Costa Este parpadeaban en rojo. Puertos bloqueados. Contenedores incautados por el FBI. Cuentas congeladas en paraísos fiscales.La perra americana y el rey amnésico no solo habían descubierto la trampa de Irina; habían respondido con un ataque financiero tan devastador que habían dejado a la facción de Dmitri ciega y sorda en menos de veinticuatro horas. Y su hermana... su estúpida y ambiciosa hermana ahora era una prisionera en las entrañas de Roccanera, rehén de su propia mentira.Dmitri aplastó el puro contra un cenicero de cristal hasta hacerlo añicos.Atacar La Fortaleza de los Hansen con fuerza bruta ya había demostrado ser un fracaso suicida. Dante era un monstruo en el combate abier

  • Arquitecta de su Ruina: La Venganza de la Heredera Secreta.   36. Correccional Federal

    El hedor a cloro barato, sudor rancio y desesperanza era algo a lo que Julian Keller creyó que nunca se acostumbraría, pero después de seis meses en el Centro Correccional Federal de Otisville, ese olor se había convertido en su única realidad. El antiguo "soltero de oro" de Manhattan, el CEO que solía desayunar ostras y champán a ochenta pisos sobre la Quinta Avenida, ahora llevaba un mono naranja descolorido que le rozaba la piel y comía un estofado grisáceo en una bandeja de metal abollada.Estaba sentado en una de las largas mesas de la cafetería, encorvado, intentando hacerse lo más pequeño posible. En prisión, la arrogancia se pagaba con sangre, y Julian había aprendido a base de golpes físicos y psicológicos que su apellido aquí adentro no valía absolutamente nada. No tenía a su padre para rescatarlo —Adam seguía prófugo con la mujer que Julian creía su esposa—, y su madre no le respondía las cartas desde que fue desalojada del motel en Queens.Estaba completamente solo.El rui

  • Arquitecta de su Ruina: La Venganza de la Heredera Secreta.   35. El silencio en el subsuelo

    El silencio en el subsuelo de Roccanera no era simplemente la ausencia de sonido; era un depredador físico que se enroscaba en mi garganta y me robaba el aire.No había ventanas. No había relojes. La luz artificial del techo, de un blanco clínico y despiadado, nunca parpadeaba ni disminuía su intensidad. No sabía si era de día o de noche, si habían pasado horas o semanas desde que los guardias de Dante me arrastraron a esta jaula de hormigón y acero.Miré mis manos. Las uñas esculpidas y pintadas de carmín, las mismas que había deslizado tantas veces por el pecho del rey de Nueva York, ahora estaban astilladas y deslucidas. Me habían quitado mi vestido de seda roja, mi armadura, reemplazándolo por un conjunto de algodón gris áspero que me hacía sentir como exactamente lo que era ahora: una prisionera sin nombre, sin poder y sin voz.Me subestimaron, intenté decirme a mí misma, pero la mentira se atoró en mis labios resecos.Fui yo quien cometió el error más letal de la Bratva. Subesti

  • Arquitecta de su Ruina: La Venganza de la Heredera Secreta.   34. Cimientos de Guerra

    El calor de su pecho contra mi mejilla era el único ancla que necesitaba en ese momento. El silencio en el ala médica era denso, cargado con el eco de la tormenta que acabábamos de desatar, pero entre los brazos de Dante, el mundo exterior había dejado de existir. Sus latidos resonaban contra mi oído, fuertes, constantes, el sonido de un hombre que había regresado del borde del abismo.Levanté el rostro para perderme en sus ojos ónix. Ya no había rastro de la niebla tóxica, ni de la frialdad implacable que me había destrozado días atrás. Solo quedaba él. Mi rey oscuro.—No tengo nada que perdonar, Dante —susurré, deslizando mis dedos por la nuca de su cuello, sintiendo la tensión acumulada en sus músculos—. Tu mente estaba envenenada, atrapada en una jaula que ella construyó, pero tu cuerpo... tu cuerpo recibió una bala por mí. Tu instinto masacró a esos mercenarios en el garaje para protegerme. Nunca me olvidaste.Dante cerró los ojos, soltando un suspiro tembloroso que pareció rasga

  • Arquitecta de su Ruina: La Venganza de la Heredera Secreta.   33. Jaula del Tiempo

    El vestíbulo de la Torre Hansen estaba fuertemente custodiado. Cuatro guardias armados bloquearon las puertas de los ascensores en cuanto me vieron cruzar el arco de seguridad con la carpeta de documentos apretada contra mi pecho.—Señorita Belfort, tenemos órdenes estrictas del señor Hansen. No puede estar aquí —dijo el jefe de seguridad, poniendo una mano sobre su funda táctica.No me detuve. Mi caminar era un desfile de autoridad absoluta.—Tu jefe dio esas órdenes cuando tenía el cerebro envenenado por una neurotoxina rusa, Marcus —respondí, mirándolo con una frialdad que lo hizo dudar—. Soy dueña del cincuenta por ciento de las acciones de este edificio. Si me pones un dedo encima, te aseguro que no volverás a trabajar en esta ciudad. Apartate.Antes de que el guardia pudiera decidir entre su lealtad al protocolo o a su instinto de supervivencia, las puertas del ascensor se abrieron. Leo estaba allí, despeinado y con ojeras oscuras. Al verme, soltó un suspiro de alivio que pareci

  • Arquitecta de su Ruina: La Venganza de la Heredera Secreta.   32. El Código de la Mentira

    El ático de la Torre Hansen ya no era un santuario de poder; se había convertido en una celda de máxima seguridad recubierta de mármol. Dante estaba de pie frente al inmenso ventanal, mirando la ciudad que se extendía a sus pies, pero sus ojos no registraban las luces de Nueva York. Por primera vez en semanas, el dolor punzante en sus sienes había comenzado a ceder. Sin las gotas de neurotoxina en su sistema, la espesa niebla química que había sofocado su mente se estaba disipando, dejando a su paso una claridad letal y un remordimiento que amenazaba con volverlo loco.Recordaba el calor de Olivia en el sótano, el sabor de sus lágrimas en el museo y la forma en que le había dado la espalda con la columna recta, sacrificando su propio corazón para no condenarlo a abandonar a su sangre.Detrás de él, las puertas del despacho se abrieron bajo la estricta vigilancia de dos guardias armados. Leo entró, seguido por el doctor Evans, el médico jefe de la clínica subterránea de los Hansen, un

続きを読む
無料で面白い小説を探して読んでみましょう
GoodNovel アプリで人気小説に無料で!お好きな本をダウンロードして、いつでもどこでも読みましょう!
アプリで無料で本を読む
コードをスキャンしてアプリで読む
DMCA.com Protection Status