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CAPÍTULO 5: VENENO EN LA PANTALLA

Author: Cachetona
last update Petsa ng paglalathala: 2026-09-09 09:15:00

La noche cayó sobre la ciudad envuelta en una llovizna fina que repicaba de forma monotona contra los cristales de la mansión. En la cocina, Dariana ayudaba en silencio a Graciela a recoger los platos de una cena amarga en la que Joaquín y Antonia apenas le habían dirigido la palabra. Duvan, como era su costumbre, no había llegado a cenar. La excusa de las reuniones de negocios en la compañía se había vuelto la pantalla perfecta para justificar su ausencia constante, dejando a Dariana atrapada en una espera interminable que consumía sus fuerzas poco a poco.

Cerca de las diez de la noche, Dariana subió a la recámara principal.

El silencio de la habitación era denso y sofocante. Se cambió por una sencilla pijama de seda crema, se desató el cabello y se sentó al borde de la gran cama matrimonial. Sobre la mesa de noche, su teléfono celular vibró de repente con un zumbido seco. Al principio pensó que podría ser un mensaje de su madre preguntando cómo estaba, o tal vez de su amiga Bracksy buscando saber de ella. Pero al tomar el dispositivo y encender la pantalla, el número que aparecía en la notificación era desconocido.

Con el corazón latiéndole con una inquietud repentina, abrió la aplicación de mensajería. Al cargarse la conversación, el primer archivo era una fotografía de alta resolución.

Dariana sintió que el aire se le congelaba en los pulmones. En la imagen se veía el interior de un restaurante de lujo a media luz. Sentados juntos a una mesa pequeña aparecían Duvan y Melissa. Él vestía el mismo traje azul marino con el que había salido de la casa esa mañana. Melissa le sostenía la mano sobre el mantel blanco mientras le sonreía de forma íntima y cercana, y Duvan, el mismo hombre que en esa casa solo repartía miradas de hielo y muecas de desprecio, la observaba a ella con una expresión relajada y receptiva.

Debajo de la fotografía, comenzó a llegar una ráfaga de mensajes de texto redactados con una crueldad calculada:

*«¿De verdad pensaste que haberte puesto ese vestido blanco te daba algún derecho sobre él?»*

*«Duvan jamás va a quererte, Dariana. El tiempo que no pasa trabajando lo pasa conmigo, buscando el consuelo y la calidez que tú nunca vas a poder darle.»*

*«Acepta la realidad y deja de hacer el ridículo jugando a la esposa abnegada. Para él solo eres un trámite desagradable.»*

Cada palabra leída en la pantalla era como un punzón atravesándole la piel. Los dedos de Dariana comenzaron a temblar con tanta fuerza que casi deja caer el teléfono sobre las cobijas. Intentó respirar profundo para frenar el ahogo que le comprimía el pecho, pero las lágrimas, calientes y traicioneras, comenzaron a desbordarse por sus mejillas sin que pudiera detenerlas.

En ese preciso instante, la puerta de la recámara se abrió. Duvan entró a la habitación quitándose el saco del traje con gesto cansado. Venía oliendo a una leve mezcla de lluvia y al mismo perfume costoso que Melissa solía usar. Al levantar la vista y ver a Dariana sentada en el borde de la cama, bañada en lágrimas y sosteniendo el teléfono contra su pecho, Duvan frunció el ceño con profunda irritación.

—¿Ahora qué te pasa? —preguntó Duvan con una voz helada, arrojando el saco sobre un sillón individual—. ¿Vas a empezar con un drama a estas horas de la noche? Estoy agotado del trabajo como para tener que aguantar tus berrinches.

Dariana se levantó de la cama de golpe. Por primera vez desde que había pisado esa casa, la tristeza en su rostro dio paso a una chispa de indignación y dignidad herida. Se acercó a él a paso firme, encarándolo directamente y mostrándole la pantalla encendida del teléfono.

—¿Trabajo, Duvan? ¿A esto le llamas estar trabajando? —exclamó Dariana con la voz entrecortada por la rabia y el dolor—. ¡Míralo! ¡Mira la foto que me acaba de enviar tu ex pareja! Mientras tú me dejas aquí aguantando los desprecios de tus padres y la soledad de esta casa, estás en restaurantes lujosos tomándole la mano a Melissa.

Duvan echó una mirada rápida a la fotografía en la pantalla. Un destello de molestia cruzó sus ojos al verse expuesto, pero en lugar de ofrecer una explicación o mostrar un mínimo de arrepentimiento, su rostro se volvió aún más duro y cínico. Soltó una risa seca y negó con la cabeza mientras se desabrochaba los primeros botones de la camisa.

—¿Y para eso armas todo este espectáculo? —respondió él con un tono desgarradoramente indiferente—. Melissa es una persona importante en mi vida y no tengo por qué darle explicaciones a nadie sobre con quién me reúno o con quién me tomo un café. Si ella decide mandarte fotos o mensajes, ese es un problema entre tú y ella. No vengas a pedirme cuentas a mí.

—¡Soy tu esposa, Duvan! —gritó Dariana, sintiendo cómo el corazón se le rompía en mil pedazos ante la falta absoluta de empatía de su marido—. ¡Tengo derecho a exigir respeto! Si no me amas, si querías seguir al lado de Melissa, ¿por qué te casaste conmigo? ¿Por qué me trajiste a este infierno?

Duvan dio un paso violento hacia ella, acortando la distancia hasta quedar a pocos centímetros de su rostro. Su mirada se volvió oscura, cargada de una ira añeja y peligrosa que hizo que Dariana diera un paso atrás por instinto.

—Te casaste conmigo porque quisiste, Dariana —dijo Duvan bajando la voz a un susurro lleno de veneno—. Nadie te obligó a firmar ese papel. Tú te llenaste la cabeza de ilusiones tontas creyendo que podías borrar el pasado con una sonrisa. Así que ahora no vengas a exigirme respeto ni fidelidad. Acostúmbrate a las cosas como son, porque este es el matrimonio que te toca vivir.

Sin decir una palabra más, Duvan se giró, tomó su saco del sillón y salió de la recámara principal dando un portazo desgarrador que retumbó en todo el piso superior.

Dariana se quedó sola en medio de la estancia iluminada a medias. El eco del golpe de la puerta seguía resonando en sus oídos mientras las lágrimas le empapaban el rostro. Se miró las manos temblorosas y luego dirigió la vista al teléfono, donde el mensaje de Melissa seguía brillando en la oscuridad. En ese momento, en lo más profundo de su alma, algo se quebró para siempre. La fe ciega que le tenía a su amor por Duvan comenzó a desmoronarse, dando paso a la amarga certeza de que estaba atrapada en un juego siniestro del cual tendría que aprender a defenderse si no quería ser destruida por completo.

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