Los días siguientes a la confrontación transcurrieron en una tensa calma que pesaba más que las discusiones abiertas. En la gran mansión, los pasos retumbaban con eco y las miradas de los suegros de Dariana continuaban siendo dagas silenciosas. Joaquín apenas levantaba la vista del periódico durante los desayunos, y Antonia se limitaba a dar órdenes cortas a las empleadas, ignorando por completo la presencia de su nuera como si fuera una figura transparente. Para Dariana, sin embargo, el verdadero tormento no era el desprecio de sus suegros, sino la distancia helada de Duvan. Su esposo había comenzado a pasar aún más tiempo fuera de casa. Llegaba de madrugada y se marchaba antes de que saliera el sol, dejando tras de sí solo el rastro de su colonia costosa y la cama intacta. Una tarde, mientras la lluvia repicaba con fuerza contra los cristales del gran salón, Dariana decidió refugiarse en la cocina. Se había convertido en su único santuario dentro de aquella jaula de mármol. Allí,
Last Updated : 2026-09-11 Read more