เข้าสู่ระบบMedia hora después, Grasya se quedó dormida.
Helios levantó un dedo y un guardia estuvo a su lado en un instante con una manta gruesa y suave de cachemira. Se levantó, caminó en silencio hasta ella y se la colocó con cuidado sobre los hombros, arropándola alrededor del cuello como si fuera algo precioso, algo frágil que no podía soportar romper.Volvió a su asiento y todo su porte cambió. La suavidad desapareció, reemplazada por un mando frío y afilado.—¿Se ha asegRenata golpeó el vaso con tanta fuerza que lo hizo añicos contra el suelo mientras miraba el noticiero en la pantalla. Allí estaba… el rostro de Grasya, en primer plano.«Valeron Holdings da la bienvenida oficial a su nueva vicepresidenta, Grace Love Manafa–de Crassus. Como heredera de Dominic Valeron y esposa de Helios de Crassus, su nombramiento la sitúa entre las mujeres más poderosas y ricas del escenario global.»—¿Una de las más ricas y poderosas? ¡Ja!Debería haber sido ella. Ella debería ser la que todos admiraran, la que todos miraran con respeto. No importaba cuántas veces Severen le dijera que Grasya pertenecía allí… no podía aceptarlo. Todo lo que veía era a la hija del chofer de su familia. Una chica que no podía permitirse vestidos bonitos, que a sus ojos no era nadie… ¿y ahora de pronto más rica que su propia familia? La verdad se le atoraba en la garganta como una piedra afilada, imposible de tragar.¿Quién había sido antes? Solo la mascota de su hijo, moviendo la cola
Desde fuera del edificio, Helios lo vio todo. Cada gesto, cada mirada, cada movimiento que se desarrollaba en el vestíbulo. Hizo un gesto seco a uno de sus hombres.—¿Qué pasó ahí dentro? —preguntó con la voz fría y afilada.El guardia se aclaró la garganta.—Las dos empleadas dijeron que sentían que Madame había sido nombrada vicepresidenta de la noche a la mañana mientras ellas se mataban trabajando durante años sin ningún ascenso. Una hasta rogó que la vida de su esposa no fuera más que miseria e infierno. Y lanzaron un huevo… casi le da a Madame Grasya.—¿Casi? —La mandíbula de Helios se tensó—. ¿Le rozó? ¿La rozó siquiera? ¿Tocó a mi esposa?—No, jefe —negó el hombre con firmeza.Helios apretó la mandíbula. Aunque el huevo no la hubiera alcanzado, la sangre le hervía. Cómo se atrevían. Grasya nunca había pedido ese cargo al presidente-regente. Dominic Valeron lo había decidido él solo. Si tenían quejas, debían habérselas llevado a él… no descargarlas sobre ella.Pero ella ya no s
“Ya no puedo más. Por favor, basta. Tú eres el fuerte… déjame ser la débil”, rogó Grasya, como si emergiera a la superficie después de apartar la sábana de su cuerpo.Helios se rió, arrojando también la colcha a un lado. Su mirada permaneció clavada en ella mientras el dorso de su mano recorría la curva de su espalda desnuda.—Tú eras la que no paraba de decir que las cosas no se ablandan una vez que se han endurecido… ¿entonces por qué te rindes ahora?—¡Nunca dije que tuviéramos que probar cuánto tiempo se mantenía así el tuyo! —protestó ella—. Se ablanda un momento y vuelve a ponerse duro otra vez. Y desde luego no acepté que lo probaras durante tres días.Helios soltó una carcajada abierta, las mejillas teñidas de diversión. La rodeó con un brazo y la atrajo con suavidad de nuevo hacia la cama. En el instante en que su espalda tocó el colchón, él ya estaba sobre ella, presionándola contra las sábanas.Ella apoyó las manos en su pecho, empujando para crear algo de distancia. Él no
Advertencia: Contiene violencia que algunos lectores pueden encontrar perturbadora. Se recomienda discreción.El cautivo miraba a Lucian con los ojos desorbitados, como si fueran a saltársele de las órbitas. Tragaba saliva una y otra vez.—¿H-hablas en serio? ¿De verdad… le coserías la boca a alguien?Helios soltó una risa baja.—Respóndele, Lucian.Lucian se limitó a una mueca de desprecio.—No me cree. Está bien… tal vez te dé opciones. ¿Puntadas en zigzag? ¿Línea recta? ¿O un círculo? ¿Cuál prefieres?La boca del hombre se abría y se cerraba sin emitir sonido. Las lágrimas le brotaron. Entonces se orinó encima.Lucian y Helios bajaron la mirada hacia la mancha oscura que se extendía por los pantalones del cautivo.—¿Ya te measte? —se burló Lucian—. Ni siquiera te he tocado. Y todavía no dije que te cosería la boca… todavía.El hombre estalló en sollozos, temblando sin control.Helios negó con la cabeza y le hizo una seña a Lucian para que continuara.Lucian se acercó y le dio unas
Advertencia: Contiene violencia que algunos lectores pueden encontrar perturbadora. Se recomienda discreción del lector.Helios miraba a su esposa dormida a su lado, los ojos suaves de pura adoración. Ella yacía acurrucada de lado, mirándolo, unos mechones de cabello cayéndole sobre el rostro.Con suavidad, se los apartó detrás de la oreja.Grasya murmuró, los párpados revoloteando, pero no despertó. Siguió profundamente dormida.Su pulgar rozó la comisura de sus labios y estos se movieron en sueños. No pudo resistirse a inclinarse a besarlos.—Te amo, señora de Crassus —susurró, aunque sabía que su mente seguía perdida en los sueños.Grasya murmuró de nuevo.—Amore mio… —respiró—. No pares… sigue… puedo más…Él sonrió. Estaba soñando con él otra vez. Siempre con él. Le encantaba llenar sus sueños con él… y a él le encantaba. Significaba que ocupaba su mente y su corazón por completo, estuviera despierta o dormida. Y por las cosas que decía, sabía exactamente de qué trataban esos sueñ
—¿Por qué nos fuimos tan pronto? —preguntó Grasya—. No me sentía realmente mal, sabes.No había discutido cuando él lo dijo: simplemente se había puesto a su lado, confiando en él por completo.En lugar de responder, le colocó unos auriculares inalámbricos en las orejas. La confusión se profundizó en su mirada suave.—¿Qué es esto? ¿Quieres que escuche…?Grasya dio un salto. Una detonación ensordecedora atravesó el aire. Incluso con la música inundándole los oídos, el estruendo violento la sacudió. Se arrancó los auriculares.—¿Qué fue eso? —La alarma chispeaba en sus ojos.—Lo oíste —dijo Helios con calma.—Claro que lo oí… ¿cómo no iba a oírlo? ¿Me los pusiste para que no escuchara? ¿Esperabas esa explosión? ¿De dónde vino?Él respiraba con firmeza, en control.—Recibí un aviso. Mis hombres detectaron movimiento: bombas colocadas a lo largo de nuestra ruta. Siempre tomamos caminos privados para mantener a los civiles fuera de peligro, pero nos encontraron. —Su mano se posó sobre la







