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Capitulo 003

last update Veröffentlichungsdatum: 07.10.2026 12:58:15

“Señor, puedo pasar? Le traje un café.”

Un suave toque en la puerta hizo que Braga levantara la cabeza de la pila de documentos en su escritorio. Se masajeó el puente de la nariz y dejó escapar un largo suspiro.

“Pasa, Miranda,” respondió con voz ronca.

La puerta se abrió lentamente. Miranda entró llevando una bandeja con una taza de café negro y un plato pequeño con galletas. Caminó con cuidado y la colocó sobre la mesa.

“Déjalo ahí, Mir.”

“Está bien, señor.”

Miranda estaba a punto de darse la vuelta, pero su mirada se posó en el rostro de Braga. Las ojeras eran evidentes debajo de sus ojos, haciéndolo lucir mucho más cansado de lo habitual.

“Señor... disculpe.”

Braga detuvo el movimiento de sus manos. “Sí? Qué pasa?”

“No se ve muy bien, señor.”

Miranda apretó el borde de la bandeja contra su cuerpo. “Si me lo permite, debería descansar un momento. No ha comido nada desde el mediodía. Vi que su plato en el comedor sigue intacto.”

Braga se quedó en silencio.

La miró fijamente por un instante. En medio de una casa que casi a diario se llenaba con la furia de Caroline, era precisamente esa nueva sirvienta quien se fijaba en los pequeños detalles que él mismo casi había olvidado.

“No tengo hambre, Miranda. Hay mucho trabajo en la plantación.”

“Pero aun así debe mantener sus fuerzas, señor.” Miranda se apresuró a bajar la cabeza. “Perdone si soy atrevida. No pretendo enseñarle lo que debe hacer. Solo... me da pena verlo tan cansado.”

Braga no respondió de inmediato.

Esa sencilla muestra de atención se sentía extraña para él. Hacía mucho tiempo que nadie le preguntaba si había comido, si estaba fatigado o si simplemente debía tomarse un descanso.

“No pidas disculpas,” dijo Braga finalmente. “No estás siendo atrevida.”

Se levantó de su silla. Miranda, por reflejo, retrocedió medio paso cuando él se acercó.

“Gracias por preocuparte por mí.”

Miranda levantó el rostro y le dedicó una leve sonrisa.

“De nada, señor.”

Volvió a agachar la cabeza. “Con su permiso, me retiro.”

“Miranda, espera.”

Los pasos de Miranda se detuvieron cerca de la puerta. Se giró.

“Sí, señor?”

Braga dudó un momento antes de decir: “Te pido que le tengas paciencia a mi esposa.”

Su mirada se volvió sombría.

“Desde que murió nuestro hijo, su estado de ánimo es cada vez más inestable. Yo mismo ya no sé qué hacer.” Braga suspiró pesadamente. “Si te soy sincero, realmente necesito a alguien como tú en esta casa.”

Miranda puso una expresión de condolencia y preocupación.

“No se preocupe, señor. Daré lo mejor de mí para atender a la señora Caroline.”

“Gracias.”

Braga pareció aliviarse un poco.

“Ahora ve a descansar. Ya es tarde.”

“Está bien, señor.”

Miranda intentó abrir la puerta de nuevo. Sin embargo, tras dar apenas dos pasos, se detuvo como si acabara de recordar algo.

“Señor...”

Braga se giró hacia ella.

Miranda buscó en el bolsillo de su delantal y sacó un pequeño paquete de plástico.

“Tengo estas vitaminas. Mi madre adoptiva me las dio antes de que viniera a trabajar aquí. Decía que son buenas para mantener la energía y no enfermarse tan fácil.”

Se las ofreció con ambas manos.

Braga frunció el ceño.

“No, Mir. Son tuyas. Tú también trabajas duro en esta casa.”

“No se preocupe, señor. Todavía tengo muchas en casa.”

Miranda le dirigió una pequeña sonrisa.

“Por favor, acéptelas.”

Braga finalmente tomó el paquete.

“Está bien. Gracias.”

Luego metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó unos billetes.

“Te daré algo de dinero a cambio.”

Miranda negó con la cabeza de inmediato.

“No hace falta, señor. Solo son unas vitaminas.”

“Tómalo. Considéralo un gesto de agradecimiento.”

Braga volvió a ofrecerle el dinero.

Miranda se apresuró a sostener su mano para detenerlo.

“De verdad no es necesario, señor.”

Como ambos empujaban y tiraban de sus manos al mismo tiempo, sus dedos se rozaron por un instante.

“Tómalo, Mir. No es nada.”

“Señor, de verdad yo no—”

Ninguno de los dos se dio cuenta de que, desde el umbral de la puerta, alguien los estaba observando.

CREEEACK!

Braga y Miranda voltearon de golpe.

La tía Tina estaba de pie allí, petrificada. Su mirada bajó hacia las manos de ambos, que acababan de separarse, y luego se dirigió hacia Miranda.

El rostro de Braga se volvió rígido al instante.

“Tía Tina? Por qué no tocó la puerta primero?”

“Perdón, señor.” La voz de la tía Tina sonaba nerviosa, pero su mirada se mantenía severa. “Entré sin intención de interrumpir.”

Braga iba a decir algo, pero la tía Tina se apresuró a comunicar el motivo de su presencia.

“En la habitación principal, la señora Caroline se empeñó en bajarse sola de la cama. Se cayó al suelo, señor.”

“Qué?!”

Braga salió corriendo del despacho de inmediato.

“Caroline!”

Ni siquiera tuvo tiempo de prestarle atención a Miranda ni a la tía Tina.

La puerta volvió a cerrarse.

Un pesado silencio envolvió la habitación.

La tía Tina se giró despacio. Su mirada ahora estaba completamente fija en Miranda.

“Te lo advertí esta tarde, Mir.”

Miranda apretó la bandeja entre sus manos.

“No es lo que parece, tía. El señor Braga solo quería—”

“Ya basta.”

La voz de la tía Tina cortó la explicación de Miranda.

“Llevo trabajando en esta casa mucho antes de que tú llegaras. Sé muy bien cómo las sirvientas jóvenes intentaban acercarse al señor Braga.”

La tía Tina dio un paso hacia ella.

“Y todas terminaron perdiendo su trabajo.”

Miranda tragó saliva. Su rostro volvió a ponerse pálido deliberadamente.

“Yo no tenía esa intención, tía.”

“En ese caso, no me des razones para pensar lo contrario.”

La tía Tina la miró fijamente.

“Si me doy cuenta de que te le acercas a propósito al señor Braga una sola vez más, yo misma te denunciaré con el señor Santos.”

Miranda se quedó callada.

La tía Tina se acercó hasta quedar a solo unos pasos de distancia.

“No pienses que la señora Caroline no se dará cuenta de que estás jugando a sus espaldas.”

Tras decir eso, la tía Tina se dio la vuelta y salió del despacho.

Miranda permaneció de pie en su lugar.

La expresión inocente que había mantenido todo este tiempo desapareció gradualmente.

Siguió con la mirada la salida de la tía Tina con una frialdad absoluta.

“Eso significa...” murmuró en voz baja, “que tendré que ser más cuidadosa.”

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