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Capítulo 12: Fuego sobre Mármol

last update publish date: 2026-10-20 22:12:51

El traslado al área de creatividad no le dio un solo segundo de respiro. Durante dos horas intensas, Alexa se instaló frente a las pantallas del departamento de publicidad junto al señor Smith. Sus dedos volaban sobre el teclado con una destreza feroz, puliendo cada línea del dossier, reformulando los textos del folleto y reorganizando la narrativa del hotel campestre en el Caribe bajo la mirada entre sorprendida y maravillada del jefe de creativos.

A la una y cincuenta de la tarde, Alexa y el señor Smith ingresaron de nuevo al despacho de la presidencia. Damián Vane los esperaba de pie junto al enorme ventanal, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón de vestir y la chaqueta apoyada en el respaldo de su sillón. La camisa negra, con las mangas arremangadas hasta los antebrazos, dejaba al descubierto unos brazos firmes y marcados que exudaban una masculinidad brutal.

—Está listo, señor Vane —anunció el señor Smith, proyectando en la pantalla principal la nueva propuesta gráfica y conceptual redactada por Alexa—. La señorita Grey reestructuró la campaña por completo. El concepto ahora gira en torno al refugio, la soberanía sobre la naturaleza y el lujo absoluto de desaparecer del mundo.

Damián caminó despacio hacia la mesa, con la cadencia pausada y dominante de un depredador. Sus ojos ámbar recorrieron cada diapositiva, deteniéndose en los titulares punzantes y la sofisticación del lenguaje. La satisfacción en su rostro era innegable, pero la mirada posesiva que clavó en Alexa tras revisar la última página superaba por mucho cualquier logro profesional.

—Excelente trabajo, Smith —la voz de Damián resonó grave, profunda y rasposa en el silencio de la estancia—. Envíe este material inmediatamente a la junta directiva de la cadena hotelera en el Caribe. Quiero su confirmación antes de las tres.

—Entendido, señor Vane. Saldrá de inmediato —asintió el publicista, recogiendo sus papeles a toda prisa antes de dirigirse hacia la salida junto a Elena.

Alexa acomodó las carpetas sobre la mesa y dio media vuelta para seguir a los demás, sintiendo cómo el corazón le golpeaba con fuerza contra el pecho.

—Tú te quedas, Alexa —ordenó Damián con un susurro bajo, denso y cargado de una autoridad implacable.

Antes de que ella pudiera protestar o dar un solo paso hacia la puerta, la enorme hoja de caoba se cerró con un golpe seco. Damián cruzó la distancia que los separaba en dos zancadas hambrientas. Con un movimiento fluido y aplastante, la tomó firmemente de la cintura y la empujó hacia atrás, acorralándola sin contemplaciones contra la fría pared de la oficina.

—¡Señor Vane! ¿Qué le pasa? ¡Déjeme ir! —exclamó Alexa, levantando el rostro de inmediato para sostenerle la mirada con una altivez salvaje, sin bajar los ojos ni un solo segundo.

Esa mirada dorada, indómita y desafiante fue la chispa que terminó de encender la pólvora. Tener a su pequeña loba tan cerca, demostrando no solo que poseía una inteligencia brillante y feroz, sino una belleza ardiente que lo enloquecía, lo tenía jodidamente duro. La tela de su pantalón presionaba con descaro y firmeza contra el vientre de Alexa, revelando sin rodeos la excitación salvaje que el Alfa apenas lograba contener.

Damián apoyó ambas palmas a los lados de la cabeza de ella, atrapándola en su territorio, inclinándose hasta que sus labios quedaron a un milímetro de los suyos. El intenso aroma a madera de pino quemada y tierra mojada envolvió los sentidos de Alexa, provocando que la sangre de su cuerpo ardiera como fuego puro.

—Damián, mi nombre es Damián y no tienes idea de lo jodidamente tentadora que te veías, dictando órdenes y dando cátedra —murmuró Damián con la voz completamente ronca por el deseo, clavando sus ojos ámbar en los labios carnosos de ella—. Llevo dos horas sin poder pensar en otra cosa que no sea devorarte esa boca impulsiva.

—No soy tu juguete, Damián—siseó Alexa, apoyando las manos contra su pecho de acero para intentar frenarlo, aunque el calor abrasador que emanaba del cuerpo de él le hacía temblar las rodillas—. Estás cruzando un límite.

—Mi nombre en tus labios... Joder... Tú eres mi límite, pequeña loba —respondió él en un gruñido grave que vibró directamente contra la piel del cuello de Alexa—. Mírame... mira lo que me haces con solo estar en la misma habitación.

Damián bajó una de sus manos con lentitud posesiva, tomándola de la nuca y enredando sus dedos en su cabello castaño para inclinarle el rostro. La presión de su miembro erguido contra el pubis de ella sacó un gemido ahogado de la garganta de Alexa, quien apretó los muslos mientras un calor líquido y pulsante se extendía por su cadera.

—No puedes dominarme... —alcanzó a jadear ella, manteniendo los ojos clavados en los suyos, rehusándose a someterse pese al fuego que la consumía por dentro.

—Me fascina cuando intentas luchar —sonrió Damián de forma peligrosa y arrogante—. Tu inteligencia me excita, pero esta fiereza tuya... esta fiereza me vuelve loco.

Sin darle tiempo a articular otra palabra, Damián atrapó sus labios en un beso voraz, ardiente y posesivo. Su lengua devoró la de ella con una exigencia salvaje que exigía rendición inmediata, mientras sus manos bajaron de nuevo a su cintura, pegándola con fuerza implacable contra su cuerpo erecto. Alexa ahogó un gemido dentro de la boca de él; en lugar de alejarse, sus dedos terminaron aferrándose con fuerza a los hombros del Alfa, respondiendo al beso con una pasión destructiva que hizo retumbar al instinto salvaje que despertaba en sus venas.

El beso se volvió más profundo, más sucio y desesperado, un choque de poderes donde el dominio de Damián y la rebeldía indómita de Alexa incendiaron la estancia, dejando claro que ninguno de los dos saldría ileso de esa atracción fatal.

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