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Capítulo 14: La Distancia del Depredador

last update Date de publication: 2026-11-05 22:53:12

El resto de la tarde transcurrió bajo un silencio denso y pesado que se podía cortar con un hilo. Desde su escritorio, Alexa sentía la vibración constante de Damián al otro lado de la puerta de caoba, como si la presencia del hombre atravesara la madera. No se habían dirigido la palabra desde el altercado con Samara. Alexa se concentró febrilmente en los números, los informes y la correspondencia, utilizando el trabajo como una barrera contra el calor extraño que todavía le cosquilleaba en la nuca.

A las seis de la tarde, Elena se despidió con una reverencia respetuosa y abandonó la planta, dejándolos solos en la penumbra.

Alexa guardó sus bolígrafos, apagó el ordenador y se dispuso a tomar su bolso. No pensaba quedarse un segundo más de lo necesario cerca de un hombre que le desordenaba la mente con solo mirarla. Sin embargo, antes de que pudiera dar el primer paso hacia el ascensor, la puerta del despacho se abrió con suavidad.

Damián estaba apoyado en el marco. Se había quitado la corbata y desabotonado los dos primeros botones de la camisa negra, dejando al descubierto la firmeza de su cuello y el inicio de un pecho imponente. Su mirada ámbar, fija en ella, destilaba una posesividad que le encogió el estómago a Alexa.

—¿Te vas sin despedirte, pequeña loba? —la voz de Damián era un gruñido ronco y bajo que pareció llenar la habitación.

—Mi turno terminó hace diez minutos, señor Vane —respondió Alexa sin inmutarse, levantando la mentón con frialdad mientras tomaba sus cosas—. A menos que tenga algún asunto pendiente que no pueda esperar a mañana, me retiro a descansar.

Damián dio un paso hacia ella con una lentitud calculada. Su presencia era tan abrumadora que el aire a su alrededor se sintió de pronto más cálido, cargado de ese inconfundible aroma a madera de pino quemada y tierra mojada que le aceleraba el pulso a Alexa de una forma que ella no lograba comprender.

—No hay nada pendiente —murmuró él, acortando la distancia hasta quedar a menos de un metro—. Lo único urgente aquí eres tú.

—Deberías aprender a separar sus impulsos personales de la dinámica de trabajo —replicó Alexa con una sonrisa ligera, aunque las piernas le temblaban ligeramente—. Lo que pasó con tu secretaria de viajes fue una muestra clara de por qué esto es una pésima idea. No soy parte de tu lista de conquistas, Damián.

Al escuchar su nombre de los labios de ella, la mandíbula de Damián se tensó con violencia. En dos zancadas cerró el espacio restante, invadiendo su terreno con una autoridad natural que no pedía permiso.

—Samara no significa nada para mí —espetó él con voz grave y un tono áspero—. Su trabajo es coordinar los itinerarios en el extranjero, nada más. Te lo dije antes y te lo repito ahora: a mí no me importa lo que ella piense.

—Eso díselo a las mujeres que entran a tu oficina como si fuera su casa —contestó ella, intentando esquivarlo por un costado.

Pero Damián fue más rápido. Extendió un brazo y apoyó la palma contra la pared, bloqueándole el paso por completo y dejándola atrapada entre su cuerpo y la madera.

—Mírame —ordenó en un susurro grave, bajando la cabeza hasta que sus rostros quedaron a milímetros de distancia.

Alexa alzó la vista despacio. Sus ojos castaños chocaron contra el fulgor dorado y salvaje de los de él. No bajó la mirada; resistió la presión de su postura con terquedad que hizo que los labios de Damián se curvaren en una sonrisa complacida.

—No me das miedo, Damián —susurró ella, desafiante.

—Debería dártelo —admitió él en un murmullo bajo—. Porque cada vez que me miras de esa manera, cada vez que me desafías con esa inteligencia tuya, lo único que quiero es pegarte a mí y no dejarte salir de esta oficina.

Un escalofrío abrasador recorrió la espalda de Alexa. Un calor desconocido latía con fuerza en su pecho, una reacción física desmedida que no entendía pero que la empujaba a no dar ni un paso atrás. Su razón le decía que huyera de ese hombre dominante, pero su cuerpo parecía responder a una llamada extraña e incontrolable.

—Inténtalo —lo retó ella en un susurro cargado de tensión—. A ver si tienes el valor de lidiar con lo que vas a provocar.

Damián soltó una risa seca y profunda que hizo vibrar el aire entre ambos. Su mano libre se deslizó con lentitud por el cuello de Alexa, acariciando la piel sensible de su nuca, justo donde ese calor misterioso ardía con más fuerza.

—Ya provocaste bastante por hoy, Alexa —murmuró él contra sus labios, rozándolos apenas sin llegar a besarla—. Y te aseguro que no me voy a quedar con las ganas. Mañana a primera hora la cadena hotelera del Caribe nos dará la respuesta sobre la propuesta que redactaste. Si la aprueban, celebraremos a mi manera.

—Y si la rechazan, me culparán a mí —replicó ella, sosteniéndole la mirada.

—Si la rechazan, tendrás que pensar en otra solución —sonrió Damián con arrogancia—. Pero no van a rechazarla. Eres demasiado brillante para fallar.

Sin darle tiempo a responder, Damián se apartó con la misma brusquedad con la que se había acercado, dándose la media vuelta hacia su despacho, dejando a Alexa con el corazón latiendo a mil por hora en medio del pasillo silencioso.

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