INICIAR SESIÓNDominico Mayer
!Ah eso si¡…el que no fuera un error no lo hacia nada sencillo. Ahí estaba yo muerto de ansiedad por quitarle a lengüetazos ese labial rojo. Dios sabía que ya no quería tantos besos que no condujeran a ninguna parte, o bueno si… terminaban en un fuerte dolor de testículos que ya me estaba sobrepasando.
¿Qué necesitaba? Pues sencillo, si esa mujer no hablaba diciendo que sentía por mi… pues que me lo demostrara. Ya estaba harto de jugar su juego de te beso y me voy... ahora jugaríamos bajo nuevas reglas. Iba por todo o nada.
Si después de pasar la noche conmigo seguía con su juego de no admitir nada… pues que así fuera. Al menos sabría que ya no quedaría nada por hacer. Que fuera ella a crearle la crisis emocional a otro hombre que estuviera dispuesto a caer en sus redes sin conocer a que jugaban.
Enojado conmigo mismo por mi falta de coraje para haber manejado mejor la situación la observo desde el mismo sitio en que llevo un rato de pie, apoyado en la barandilla… me propongo a ir tras ella… ¡es ahora o nunca! Si no voy ooobviamente ella encontrará la forma más sutil de escabullirse al coche de su padre y toda mi decisión de ponerle nombre a lo nuestro esta noche, pues valdrá madre.
Me encamino a su dirección sin que nada más me importe, sé que tan pronto el barco toque el puerto mi hermano junto con Erika se marcharan y tendré por breves segundos de luz verde para apoderarme de esa loca.
Veo salir de la cubierta a Alejandro Camel y la señora Betty, presumo que la señora está absolutamente mareada por el color extraño que luce en su rostro y la forma en que se apoya en el suegro de mi hermano, y probablemente mi suegro para mañana por la mañana.
¡Así que este es mi puto momento de gloria!, pues ella está sola. A fin de cuentas, no esperare que el yate toque el muelle para ir por ella.
Como un tiburón detectando la sangre, así de pronto la localicé. Ella sabía que la buscaba, su rostro expectante no le daba la posibilidad de negar que me estaba esperando, aún así no movió un solo dedo para encontrarme primero. Estaba sentada en uno de los blancos sofás del salón del segundo piso del yate y las mejillas se le llenaron de rubor en cuanto me vio aparecer.
Me acerqué en silencio y ya no tenía dudas como abordarla o sobre qué ocurriría esta noche. Eso se lo dejaba a mi imaginación y a mis ganas, pero era un hecho que nos acostaríamos y que pasaríamos la noche en la cama del camarote principal de ese ostentoso yate. O en cualquier otro sitio que se le ocurriera a ella… yo estaba a su entera disposición y tímido no era.
Ya no me movía un mero impulso… era algo mucho más intenso… era una necesidad tan vital como respirar.
Me senté junto a ella en el pulcro sofá y pasé mi brazo izquierdo sobre su hombro, cubriendo su cuerpo con mi calor. Ambos seguíamos mirando las luces de la ciudad de Nueva York bañadas en las negras aguas del océano Atlántico.
—¿Estas bien? —pregunté rompiendo el silencio y ella asintió con la cabeza, los brillantes de sus pendientes brillaron reflejando las luces y este sencillo detalle llamo mi atención. Se veía absolutamente hermosa, fantástica y algo nerviosa. Cosa que me pareció bastante extraño pues ella siempre lucia tan tranquila y relajada que nada parecía perturbarla.
—¿Ya no quieres hablar? —me pregunto al ver que yo continuaba en silencio y que no hacia el mayor esfuerzo por presionarla. Por el momento me estaba conformando por tenerla abrazada junto a mi.
—¡No! —mi respuesta sonó incluso un poco fría. Le bese la cabeza con calma, mal hacia ella en no recordar que antes de la tormenta se respira calma apacible.
—Me preocupa que hayas cambiado así de opinión—recama y no me inmuto.
—No cambie de opinión… solo que a partir de este momento jugaremos a otro juego un poco distinto—espeté ganándome de lleno su atención.
—¿Qué quieres decir con eso Dominico? — me interrogo enarcando una ceja. —Siempre te he dicho que no estoy jugando contigo.
—Perdona, pero tengo otra percepción acerca de tu modo de comportarte conmigo— explique sin dejar de abrazarla y con la vista perdida en las luces reflejadas en el océano. No le estaba reclamando… ya me había dado cuenta que eso no era una buena táctica.
—Dominico…— trato de decir y negué con la cabeza.
—¡Déjalo Jul! —pedí con tranquilidad. Ahora parecía ser ella quien se sentía confundida. La verdad no puedo negar que me encantó darle una cucharada de su propio chocolate.
—Dominico… eres muy importante para mí—musitó afectada con mi nueva actitud.
—Lo sé—admití— Tu también eres importante para mí Julie Peterson, solo que ya no seguiré jugando tu juego, cuando obviamente puedo hacer esto— acorté el espacio entre nosotros dos y sencillamente me dedico a sentir el roce de su mejilla sobre mis labios. Su cuerpo vibra ante el contacto y caliento con mi aliento la curva de su cuello. Ya sabe que la besaré de un momento a otro y su boca entreabierta y húmeda es la más deliciosa prueba de ello. Mis labios contra los suyos por fin chocan y deseosa es ella la que le agrega la mayor demencia, tiene hambre de mis besos, y si llego a saber antes no hubiera esperado tanto para saciar mis propios deseos de hacerla mía.
Lo que empezó como la noche en que mi hermano anunciaría su compromiso matrimonial, se convirtió en algo más. Se convirtió en la mágica noche en que me coronaría y saciaría mis más profundos deseos de hacer de esa mujer, mi mujer.
—¿De que juego hablas? — preguntó sin aliento contra mis labios.
—Del juego en que me embrujaste primero mirando tus ojos, rozando tu cuerpo y besando tus labios, y en el que me niegas tener acceso a tenerte completa.
—No te niego nada, solo que hay cosas que son un poco difíciles para mi—susurro sin alejarse.
—¡No me expliques!… el que me explique no cambiara mi decisión de esta noche— otra vez trató de decir algo —¡Shhh! No me expliques mi linda… sé que es difícil para ti, por eso te lo haré más sencillo.
—Tengo miedo a entregarme—admitió y la silencié a besos.
—Yo Dominico Mayer— murmuré dando pequeños besos sobre sus labios, sus mejillas, y todo su rostro. Con dedicación besé sus ojos, su nariz y su frente y otra vez volví a sus labios. Había descubierto que besarla sintiéndome su único dueño era un aliciente del que no quería prescindir nunca más. —Yo Dominico Mayer, me declaro perdedor Jul. Jugar contra una rival tan fuerte como tu… es algo que no estoy dispuesto a continuar haciéndolo. Esta noche me aprovechare de ti… si tienes algo que decir en contra… ¡lánzate por la borda! ¡Ahora!, porque te aseguro que cuando este barco atraque en el muelle ya estaré metido en ti. Y metido en ti estaré la noche entera. Te hare el amor al vaivén de las olas durante toda la madrugada… y si al amanecer te quieres marchar… pues no te detendré.
La pequeña tramposa tendría que jugar bajo mis reglas… era la única posibilidad de seguir de ahora en adelante.
Ni siquiera notamos cuando el resto del grupo abandonó el barco. Estábamos tan ocupados en besarnos y devorarnos mutuamente que el resto del mundo desapareció. ¡Y lo mejor de todo es que la noche a penas iniciaba!.
EPÍLOGO(Cinco Años Después)Fráncfort, Alemania.Érika CamelEl frío del invierno me hace abrazarme más el cuerpo, mientras espero paciente que Derek Mayer llegue hacia mi con un enorme ramo de flores que acaba de comprar del otro lado de la calle.Lleva la semana completa llenándome de regalos, y no es casualidad que estemos en esta helada ciudad justo hoy.Hoy es el día de nuestro quinto aniversario. Nuestras bodas de Madera, como metáfora de un árbol que crece y necesita de crear una base sólida para prosperar y crecer. Nuestra unión estaba en su mejor momento y se mostraba resistente con el tiempo.Nuestros dos hijos estaban junto a sus tío Dominico Mayer, y Julie Camel de Mayer, porque mi hermana después de tantos años por fin decidió cambiarse el apellido Peterson al de nuestro padre, y todo motivada porque deseaba que su primer hijo tuviera el nombre del hombre al que le debía prácticamente todo en la vida. Evidentemente papá y yo fuimos los más felices con su decisión,
Érika CanelEntré en la mansion de los Mayer y todo estaba en total quietud. Dominico fue el primero en aparecer por el living con un pantalón de pijama y una remera también negra. En las manos traía un vaso de cristal lleno de leche. Parecía un Niño pequeño on un bigote blanco sobre el labio superior.Julie se acercó a su flamante nuevo esposo sonriendo encantada y le besó con mucha dulzura la comisura de los labios.—Delicioso—susurro ella contra los labios de su esposo y rodé los ojos ante el hecho de tanta comolicodad. Aún no me podía creer que ese par de revoltosos inatrapables se hubieran casado antes que Derek y yo. Era totalmente increíble... en el sentido más literal de la palabra «increíble».—Hola Cuñada— me saludo Dominico Justo después de que acabo de comerse viva a su esposa. —Derek está en su habitación…. Se fue a dormir temprano, ya sabes…. Sueño embellecedor para estar «bien Alemán y bien matador» mañana en la boda.Julie se partió de risa y yo tuve que disimula
Érika y Camel Supuestamente debería estar en una despedida de solteras, «mi despedida de soltera», pero embarazada de tantos meses la idea no me resulta nada atractiva.Lo que es probable que ocurra es que caiga infartada si un stripper cachondo me muestra su miembro, o puede que me dé risa… no todos los días uno se topa con un semental vergón como con el que estoy a punto de casarme.No puedo beber tampoco, así que no tiene caso alejar a Julie de su flamante esposo, solo por pasar la noche nosotras dos como un par de monjigatas.—Vete a casa de tu esposo Jul— le dijo negociando con ella— Creo que yo hate exactamente lo mismo.—Érika Camel… es de muy mala suerte que el novio vea la novia… desde la noche antes hasta la ceremonia— me advierte Julie apuntándome con un dedo.—Y lo dice la mujer que consumo un matrimonio antes y después de la ceremonia… que para colmo fue a escondidas en Las Vegas— le recordé.—¡Touche!— admitió hiriéndose con una katana imaginaria a modo de harakiri.—Pe
Érika CamelMientras Julie hablaba sentada en mi cama frente a mi, menos daba crédito a lo que me trataba de contar. Tenía que tratarse de una broma .—¡Aún no te puedo creer Julie!¿¡Cómo así que te casaste en Las Vegas!? —pregunté con los ojos como platos y cada vez más sorprendida. —Pero cómo ocurrió, si cuando te marchaste esa tarde parecía que habías erradicado a Dominico Mayer de ti cerebro. No te dije nada sobre qué el también estaría en Las Vegas… pero no creí que las cosas llegarían a este nivel.—Solo ocurrió Erick… me lo pidió y no le pude resistir— se explica y aún no entiendo una mierd@. Para colmo lleva ese anillo de fantasía con un engarce que es más falso que judas. Y de la piedra ni hablar… ni siquiera es vidrio o una imitación aceptable. Es plástico y bastante feo. —¿!A este anillo fue a lo que no te pudiste resistir!?—chillo tomando su mano para analizar la «anti-joya», más bien debería decir la «basura» que lleva en su dedo anular.—No fue el anillo Ericka. El anill
Julie PetersonSi alguien me pregunta alguna vez algún detalle de mi boda… sin duda diré que me dolía el trasero. Creo que eso era lo que más iba a recordar de toda esta locura.También podría rememorar el orgasmo anal que me proporcionó mi futuro esposo una hora antes, pero bueno eso no era algo que se le contara a todo tipo de público.Me vestí con un sencillo vestido blanco ejecutivo, y Dominico se metió en un jeans con camisa blanca y un saco negro casual. Si no nos deteníamos... era un hecho que terminaríamos casados. Abordamos un taxi en plena madrugada y nos dirigimos a la icónica capilla Graceland.¿Hay algo más típico en Las Vegas que casarse ? A la par que el juego, las bodas son el principal atractivo de Las Vegas. Cada año se celebran más de ciento veinte mil bodas, siendo el segundo lugar del mundo en el que más matrimonios se celebran por detrás de Estambul.Sabia a donde nos dirigíamos, ese lugar era famoso. La Capilla Graceland era la capilla más famosa de Las Veg
Dominico MayerSiempre supe que totalmente cuerdo quien dice cuerdo del todo, pues yo no estaba… o era que quizás la crianza que me había dando mi madre en cuanto a relaciones matrimoniales pues no había sido la mejor, porque aunque mi padre murió siendo yo muy Niño aún recuerdo que ella parecía odiarlo a él y a todo lo que su esposo representaba. Así siguió años después... los Mayer para ella no valíamos nada, y después de su muerte quedó aún más claro. Entoces no es muy difícil de entender que después de pedirle a Julie Peterson que nos casáramos… hasta yo mismo me espanté de la intensidad de mis sentimientos hacia esa mujer. No sé de donde demonio había salido esa loca idea de casarme pero me parecía ahora lo más lógico y lo más acertado. Ya ella había huido… y allí estábamos de nuevo. Ya había ido tras ella, así que me merecía el premio mayor y ya no me conformaría con menos. Siempre dije que no me casaría, y ahí estaba pidiendo matrimonio de la manera menos convencional posi







