Mag-log inErika Camel
Caminamos saliendo del bar tomados de la mano, sonriendo como dos niños, aunque nada más lejos de la realidad, no había inocencia en lo que haríamos. «Eso lo podía garantizar, de mi cuenta corría».
Esas eran las ventajas de ser libre, la capacidad de poder tener sexo consensuado sin tener que darle explicaciones absolutamente a nadie. Solo la llama del deseo daba las órdenes esta noche, y de nosotros dependía únicamente si lo repetíamos, si nos buscábamos luego.
Estaba deseosa de él, y mientras más sucios mis pensamientos , más sensacional se volvía la ocasión. La anticipación me tenia más excitada que en cualquiera otra noche de sexo anterior en los últimos seis años. Eso, unido a la euforia de haber logrado arrastrarlo conmigo a mi hotel, me tenían radiante.
Ya nada se interponía entre su cuerpo y el mío desnudos, o bueno si, quizás un poco de ropa. Eso se arreglaría tan pronto la puerta se cerrará a mi espalda.
En el ascensor fue imposible que ese hombre, casi un animal hambriento me pudiera quitar sus manos grandes y sensuales de encima. Mi espalda, hasta mi trasero fueron los lugares favoritos para recorrer. Me moldeé a él como plastilina, colgada de su cuello con ambos brazos, dejándolo tocarme como más le apeteciera. Ya yo había encendido su fuego, y ahora estaba dispuesta a apagarlo, aunque me calcinara en el proceso.
Su boca recorriendo mi cuello, hasta tomar entre sus dientes y mordisquear suavemente el lóbulo de mi oreja, ese sencillo ataque terminó por hervir mi miel.
¡Padre Santo! Estaba empapada, y como no, si además de ser Derek Meyer el hombre más sexy y sensual que había visto en mi vida, era increíblemente bueno besando y en las artes preliminares.
«¡Ahora! Que fuese bueno en “todo”, eso me lo tenía que probar en plena acción».
Quizás debería bajar un poco mis expectativas, hasta comprobar de que es capaz. Porque no es posible que este semental alemán sea absolutamente Perfecto en todo.
Me gusta él, me gusta al punto de poner en riesgo mi buen nombre, mi fama como empresaria respetada.
¡Qué se vaya todo al mismísimo carajo! Esta noche cabalgaré a ese hombre montada en su estribo, como si no hubiera mañana, como si no fuéramos rivales, como si yo no fuera Erika Camel y él no fuera Derek Meyer.
Abandoné todo pensamiento y comencé a sacarle la corbata con manos eficientes. El cuello de él era musculoso como el resto de su cuerpo. La piel bronceada se estaba electrizando con mi sencillo toque mientras que Derek hacía un puño con mi vestido, tratando de levantarlo para tener acceso a la piel de mis muslos.
El nudo de la corbata cedió y la tome por ambos extremos de la prenda tirando de mí presa hacia mi. Lo bese profundizando en su boca. Nuestras lenguas se rozaron, pero fue la suya la que se apoderó totalmente de mi boca, entrando y saliendo de manera deliciosa. Si así me follaba la boca no podía esperar tenerlo dentro de mi completamente. Él había logrado levantar la falda de mi vestido y me amasaba el trasero, haciendo que mi piel estallara en chispas, pues era un experto alternando su toque con pequeñas nalgadas que me estaban enloqueciendo.
El ascensor se detuvo y me tomó de la nuca para seguir besándome por unos segundos más, mis piernas se sentían como mantequilla. Cuando al fin nos separamos saqué rápidamente su corbata guardándosela en el bolsillo del saco, aprovechando para acariciar con mi mano sus pectorales duros y definidos, el jadeó como un felino ante mi toque poco sutil. Ya habíamos pasado de los toques cándidos, para sustituirlos por impetuosas caricias.
Caminamos por los corredores de aquel piso, hasta llegar a la puerta de una habitación que evidentemente no era la mía, era la de él.
Una agradable coincidencia que él también fuera huésped del mismo hotel cinco estrellas. Me recosté a la pared a su lado mientras que Derek hurgaba en su billetera localizando la tarjeta magnética que servía como llave de su Suite, que era muy similar a la mía.
Era mejor así, de esa manera no tendría que dar explicaciones de cómo la antigua asistente de Emiliano Alberti podía darse el lujo de pagar una Suite de un hotel Ritz en Alemania, servía para mantener mi coartada el mayor tiempo posible.
Él abrió la puerta de par en par y me dio una mirada felina. Sus ojos claros era más de lo que podía aguantar en ese momento.
¡Santo padre! ¡El ferviente deseo de tener a ese hombre sospechaba que jugaría en mi contra! Ese no era mi propósito. Quería arrodillarlo a mis pies, y no viceversa. Debía controlar las ganas vehementes de tocarlo más íntimamente, y actuar con inteligencia.
«Relajate Erika» me llame a la calma mentalmente. Era cuestión de maña, y no de velocidad.
Me atrajo a sí y cruzamos el umbral de la puerta. Comenzamos a besarnos suavemente, pero rápidamente el beso se prendió. Su lengua en el interior de mi boca enviaba sensaciones por todo mi cuerpo. Mi pecho subía y bajaba excitado, mi abdomen en se contrajo, y sentí un cosquilleo en mis genitales. Él se desprendió de su saco y lo tiró lejos con despreocupación absoluta por la prenda , su único y verdadero interés era desnudarme a prisa.
Mis manos lucharon con los botones de su camisa, mientras que él con maestría bajo la cremallera de mi vestido. Saque su camisa y lo que vi me corto el aliento momentáneamente. Una cosa es imaginar, y otra bien distinta era asimilar lo que tenia en frente. Su pecho estaba completamente esculpido, duro, bronceado. Derek Meyer estaba jodidamente bueno, como esos hombres que salen corriendo por la playa en los comerciales de Coca Cola.
Toqué despacio sus pectorales, él me saco de mi fascinación cuando me instó a levantar los brazos para sacar por mis hombros el vestido rojo borgoña, que acabó hecho un rollo de tela sobre un sofá minimalista haciéndole compañía a su saco y a la costosa camisa.
Me observaba como una fiera, podía ver arder llamas en sus ojos producto a su propio deseo contenido.
Quede desnuda, solo unas diminutas bragas de encaje color vino cubrían mi cuerpo unidas a un liguero y medias. Los tacones de aguja completaban el conjunto y me daban ese aspecto irresistible que tanto necesitaba.
No era momento de aparentar timidez, era una tigresa cazando y como tal debería comportarme. No me tape los pechos de su vista, sino que me erguí aún más, me eché las ondas de cabello hacia atrás, para mostrarle el lugar exacto de donde deseaba que me comenzara a lamer el cuello.
Él entendió mi mensaje y comenzó a besarme despacio, para luego recorrer con su lengua, mi cuello, y humedecer la piel sobre mi clavícula. Gemí su nombre mientras que mis manos temblorosas se desasían de su cinturón para luego hacer lo mismo con el broche de su pantalón.
Había esperado suficiente, lo quería desnudo y era lo próximo que me disponía a hacer.
Derek regresó a mi boca con más hambre, con más ímpetu. Mordisqueó mi barbilla y siguió descendiendo hasta alcanzar el monte de mis senos.
—¡Eres arte!— susurró con su boca entre mis senos— pero moldeada por los dioses—el contacto de su lengua con mi pezón me hizo soltar un gemido seguido de un improperio. Él continuó su ataque deliciosamente sensual alternando mis pezones. Acababa de dar con mi talón de Aquiles, mi punto de quiebre, pocas cosas me excitaban tanto como que succionarán mis pechos, y le dieran especial atención a esa parte de mi cuerpo.
Eché la cabeza hacia atrás y me dediqué a sentir.
—Tan deliciosa que me dan demasiados deseos de marcarte como mía— su boca succionó un poco más fuerte dejando un círculo de pasión en mi piel. Encajé un poco mis uñas en sus hombros en respuesta.
Cuando por fin liberó mis pechos comencé a besarlo. Quería conocer ese cuerpo esculpido, con músculos marcado a golpes de esfuerzo obteniendo como resultado que fuese absolutamente duro, perfecto e irresistible . Comencé mi descenso por su cuerpo, besando y lamiendo su piel broceada. Mi lengua saboreó sus tetillas, que se pusieron duras como dos pequeños botones. Llegue a su abdomen y mi lengua rodeó su ombligo. Él gruñó y enredó su mano en mi cabello, tirando de el obligándome a echar la cabeza hacia atrás para que lo mirara a los ojos.
Su pupila dilatada, y la mirada oscura por la pasión me acabó de convencer, y mirándolo comencé a delinear con mi lengua la “v” de su pelvis.
—No tienes que hacer eso si no lo deseas— murmuró apretando los dientes, para evitar que los gemidos cargados de goce salieran de su boca .
—Ese es el problema, que si quiero. No hay nada que desee más en este segundo— tome la faja de su bóxer y la baje apoderándome de su erección.
—¡Padre Santo! ¿Qué diablos es esto?— murmuré arrodillada frente a él. El sonrió acariciándome el pelo enredado en sus dedos.
—No menciones a Dios, no creo que él apruebe lo que estas a punto de hacer— se mordió los labios listo para recibir placer y su mano recorrió la impactante longitud de su erección. —Tampoco maldigas mi polla, siempre he estado orgulloso de ella—se harto y cómo no, si la cosa era la más grande que hubiese visto en mi vida. Estuve a punto de preguntarle si su madre tuvo contacto con caballos durante el embarazo.
Quería parecer una Femme fatal, pero lograría un poco menos que parecer inexperta . Para relajar la mandíbula y poder engullir todo ese pene se necesitaba práctica, y de dicha práctica evidentemente yo carecía.
Probé su sexo, y él reforzó su agarre en mi cabeza. —¡Más!— pidió perdido en las sensaciones que iba esparciendo mi boca caliente sobre su miembro enorme.
Su pedido lo sobrecumplí con gusto. Era una verdadera delicia saborearlo. Lo tomaba en mi boca cada vez de manera más profunda mirando las expresiones de su rostro. Él apretaba los dientes cada vez que avanzaba sobre la polla con mi lengua. Su pene casi topaba con mi garganta y aún me faltaba por engullir un poco menos de la mitad que no lograban entrar en mi boca. Es que debían de tratarse de unas 10 pulgadas, por redondear en defecto, incluso puede que midiera un poco más.
Su glande cada vez se sentía más grueso, y cada vez se acumulaba más sangre en su polla. Gruñendo como una pantera me levantó del piso, y yo enrede mis piernas en sus caderas.
Camino hacia la cama y me dejo caer despacio.
Con ambas manos tiró de mi, sujetándome por los tobillos. Me acomodó cerca del borde de la cama con un poco de rudeza, estaba adorando verlo desatado, dominante.
—Eres fuego— expresó con voz ronca— Pero esta noche te consumiré de tal forma, que en la mañana no tendrás mas remedio que renacer de tus cenizas y volver a hacerme él amor.
—Cuantas veces quieras, todo lo que quieras—jadeé sin entender cómo es que nunca me había llegado a sentir tan dispuesta, tan excitada y ansiosa por un hombre.
Cómo de bronce candente siento sus besos viajar por mi abdomen. Sonrió sabiéndome triunfadora, él es mi presa, ahora solo debo motivarlo, hacerlo adicto a mi.
Derek retiró con pericia mis bragas, las lanzó lejos y me atrajo hacia él.
—Quiero que mires aquí, que me veas a la cara mientras te devoro, que sepas que me alimentas con tu savia, que al menos esta noche yo, Derek, seré tu único dueño— asentí con la cabeza, respirando por la boca, fatigada con anticipación por lo que ocurriría.
Su lengua tocó mis labios internos, me derretí al punto de casi perder el sentido. Mis manos fueron a sus hombros. Mis uñas encajadas en su piel.
Esa sin dudas era la lengua de mis fantasías, escondida tanto tiempo en el cuerpo de mi enemigo empresarial. Me derretí mientras que su boca succionaba despacio mi piel más sensible. El diapasón de sensaciones cada vez se hacía más intenso. Era una montaña rusa, totalmente peligrosa, desatada, violenta pero también sin dudas la sensación más agradable y peligrosa que había vivido en mi vida. La adrenalina disparada por los aires. Es cierto que lo prohibido es siempre más placentero, éramos la prueba de ello. Rivales de nombres, pero no de cuerpos.
Otra vez su lengua acariciando mi clitoris fue demasiado para soportar. Me deje ir gritando su nombre, mi primer orgasmo rompió el silencio de la habitación. Aún me retorcía de placer cuando el abandono mis labios y subió a besarme la boca.
EPÍLOGO(Cinco Años Después)Fráncfort, Alemania.Érika CamelEl frío del invierno me hace abrazarme más el cuerpo, mientras espero paciente que Derek Mayer llegue hacia mi con un enorme ramo de flores que acaba de comprar del otro lado de la calle.Lleva la semana completa llenándome de regalos, y no es casualidad que estemos en esta helada ciudad justo hoy.Hoy es el día de nuestro quinto aniversario. Nuestras bodas de Madera, como metáfora de un árbol que crece y necesita de crear una base sólida para prosperar y crecer. Nuestra unión estaba en su mejor momento y se mostraba resistente con el tiempo.Nuestros dos hijos estaban junto a sus tío Dominico Mayer, y Julie Camel de Mayer, porque mi hermana después de tantos años por fin decidió cambiarse el apellido Peterson al de nuestro padre, y todo motivada porque deseaba que su primer hijo tuviera el nombre del hombre al que le debía prácticamente todo en la vida. Evidentemente papá y yo fuimos los más felices con su decisión,
Érika CanelEntré en la mansion de los Mayer y todo estaba en total quietud. Dominico fue el primero en aparecer por el living con un pantalón de pijama y una remera también negra. En las manos traía un vaso de cristal lleno de leche. Parecía un Niño pequeño on un bigote blanco sobre el labio superior.Julie se acercó a su flamante nuevo esposo sonriendo encantada y le besó con mucha dulzura la comisura de los labios.—Delicioso—susurro ella contra los labios de su esposo y rodé los ojos ante el hecho de tanta comolicodad. Aún no me podía creer que ese par de revoltosos inatrapables se hubieran casado antes que Derek y yo. Era totalmente increíble... en el sentido más literal de la palabra «increíble».—Hola Cuñada— me saludo Dominico Justo después de que acabo de comerse viva a su esposa. —Derek está en su habitación…. Se fue a dormir temprano, ya sabes…. Sueño embellecedor para estar «bien Alemán y bien matador» mañana en la boda.Julie se partió de risa y yo tuve que disimula
Érika y Camel Supuestamente debería estar en una despedida de solteras, «mi despedida de soltera», pero embarazada de tantos meses la idea no me resulta nada atractiva.Lo que es probable que ocurra es que caiga infartada si un stripper cachondo me muestra su miembro, o puede que me dé risa… no todos los días uno se topa con un semental vergón como con el que estoy a punto de casarme.No puedo beber tampoco, así que no tiene caso alejar a Julie de su flamante esposo, solo por pasar la noche nosotras dos como un par de monjigatas.—Vete a casa de tu esposo Jul— le dijo negociando con ella— Creo que yo hate exactamente lo mismo.—Érika Camel… es de muy mala suerte que el novio vea la novia… desde la noche antes hasta la ceremonia— me advierte Julie apuntándome con un dedo.—Y lo dice la mujer que consumo un matrimonio antes y después de la ceremonia… que para colmo fue a escondidas en Las Vegas— le recordé.—¡Touche!— admitió hiriéndose con una katana imaginaria a modo de harakiri.—Pe
Érika CamelMientras Julie hablaba sentada en mi cama frente a mi, menos daba crédito a lo que me trataba de contar. Tenía que tratarse de una broma .—¡Aún no te puedo creer Julie!¿¡Cómo así que te casaste en Las Vegas!? —pregunté con los ojos como platos y cada vez más sorprendida. —Pero cómo ocurrió, si cuando te marchaste esa tarde parecía que habías erradicado a Dominico Mayer de ti cerebro. No te dije nada sobre qué el también estaría en Las Vegas… pero no creí que las cosas llegarían a este nivel.—Solo ocurrió Erick… me lo pidió y no le pude resistir— se explica y aún no entiendo una mierd@. Para colmo lleva ese anillo de fantasía con un engarce que es más falso que judas. Y de la piedra ni hablar… ni siquiera es vidrio o una imitación aceptable. Es plástico y bastante feo. —¿!A este anillo fue a lo que no te pudiste resistir!?—chillo tomando su mano para analizar la «anti-joya», más bien debería decir la «basura» que lleva en su dedo anular.—No fue el anillo Ericka. El anill
Julie PetersonSi alguien me pregunta alguna vez algún detalle de mi boda… sin duda diré que me dolía el trasero. Creo que eso era lo que más iba a recordar de toda esta locura.También podría rememorar el orgasmo anal que me proporcionó mi futuro esposo una hora antes, pero bueno eso no era algo que se le contara a todo tipo de público.Me vestí con un sencillo vestido blanco ejecutivo, y Dominico se metió en un jeans con camisa blanca y un saco negro casual. Si no nos deteníamos... era un hecho que terminaríamos casados. Abordamos un taxi en plena madrugada y nos dirigimos a la icónica capilla Graceland.¿Hay algo más típico en Las Vegas que casarse ? A la par que el juego, las bodas son el principal atractivo de Las Vegas. Cada año se celebran más de ciento veinte mil bodas, siendo el segundo lugar del mundo en el que más matrimonios se celebran por detrás de Estambul.Sabia a donde nos dirigíamos, ese lugar era famoso. La Capilla Graceland era la capilla más famosa de Las Veg
Dominico MayerSiempre supe que totalmente cuerdo quien dice cuerdo del todo, pues yo no estaba… o era que quizás la crianza que me había dando mi madre en cuanto a relaciones matrimoniales pues no había sido la mejor, porque aunque mi padre murió siendo yo muy Niño aún recuerdo que ella parecía odiarlo a él y a todo lo que su esposo representaba. Así siguió años después... los Mayer para ella no valíamos nada, y después de su muerte quedó aún más claro. Entoces no es muy difícil de entender que después de pedirle a Julie Peterson que nos casáramos… hasta yo mismo me espanté de la intensidad de mis sentimientos hacia esa mujer. No sé de donde demonio había salido esa loca idea de casarme pero me parecía ahora lo más lógico y lo más acertado. Ya ella había huido… y allí estábamos de nuevo. Ya había ido tras ella, así que me merecía el premio mayor y ya no me conformaría con menos. Siempre dije que no me casaría, y ahí estaba pidiendo matrimonio de la manera menos convencional posi







