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Recordando

Author: Anne Zamora
last update publish date: 2022-03-17 23:01:56

Erika Camel 

Trato de no pensar en Mark, pero no deja de insistir telefónicamente, aún no olvido del todo  el último día en que lo vi. Ese día terminamos definitivamente, ahora me doy cuenta que fue una sabia decisión.

INICIO DEL FLASHBACK 

La cena está lista y Betty, mi dulce Nana,  entra en el despacho donde estoy concentrada preparando mi discurso;  para  anunciar que mi padre ya bajó y espera por nosotros para que la mesa sea servida.

Mark, mi novio está sentado frente a mi, leyendo la prensa desde su teléfono e ignorando descortésmente la presencia de la nana en el despacho.

Hoy está aún más pesado que de costumbre. El que me haya negado a acompañarlo a no sé qué cena, para impresionar a no  sé qué baboso; lo tiene insufrible.

Necesito estar enfocada en mi trabajo. No tengo tiempo para invertir en eventos sociales diarios, para que él algún día logre ser más que un diputado.

Me molesta estar allí solo sonriendo y quedándome sola en medio del salón constantemente. Mientras que a Mark Weber no le importa olvidarse de mi para usar sus dotes de lambiscon  tratando  impresionar a los más influyentes en el mundo de la política local.

—Era una Reunión Social importantísima para mi Carrera, Érika—me hizo saber—Me daba puntos para llegar al Congreso—me explicó de mal modo—. Pero últimamente la única carrera que parece importar es la tuya.

—Mark Weber—dije imitando su tono de voz—. He pasado los últimos seis años asistiendo a cada una de esas ridículas cenas, a cada uno de esos eventos y seguimos  en las mismas. «Tu sigues siendo diputado y yo sigo sin soportar asistir». No creo que el hecho de perder una cena marque la diferencia a estas alturas.

—¿No soportas asistir?— preguntó retóricamente — Yo tampoco soporto tu comportamiento Érika. Últimamente eres tosca y obstinada.

Quise pretender que no me ofendieron sus palabras, pero no lo logré.

—¿Tosca?— indague con creciente asombro ante su censura. Esto era lo último que esperaba escuchar de él. 

—Si, ya no eres la misma. Es como si carecieras de refinamiento social. Eres poco amable, mal educada, sobre todo con las personas que intento impresionar. Hoy mismo debía asistir contigo. Era imperativo que asistiera con mi esposa para dar una impresión sólida, ayudaría enormemente a mi imagen.

Se puso de pie y dio un paseo corto por el despacho.

—¿Yo?, ¿Conmigo? ¿Con Érika Camel, la tosca?— me burlé con más sarcasmo que el habitual—Yo no soy tu esposa Mark— le deje claro.

—¿Crees que no lo sé, Sweety? No sé qué esperas para hacer oficial nuestro compromiso y ponerle fecha a esa bendita  boda. En vez de vivir jugando a ser empresaria, deberías ser como las chicas normales y organizar un matrimonio hermoso como el que nos merecemos ambos, por nuestros contactos y posición.

—¿Jugar a la empresaria? ¿Chicas normales?— indago sin dar crédito a sus palabras. Ladeó la cabeza y hago una mueca prácticamente imperceptible con la boca—. ¿Te estás escuchando, Mark?.

—Si Érika. Ya es hora de poner los puntos sobre las ies. Es tiempo que tengamos una familia, que tengamos una casa. Mis deseos son naturales y lógicos.

—Ya tengo una casa Mark— musité con el ceño fruncido—. Una muy grande por cierto, también tengo una familia, que si quisieras podía ser parte más activa de ella— se exaspera y suelta el aire antes de responder otra vez.

—Una familia conmigo, Sweety. Una casa donde vivamos solos nosotros,  sin tu padre, pero sobre todo sin Julie. Esa muchacha disfruta en molestarme y en hacerme quedar mal frente a tu padre. Vive metiéndose en todo— Me enoja que hable de Julie, él ha formado un mal concepto de mi mejor amiga con el paso del tiempo. Delante de mi, tiene que guardarse su desagrado, pues no permito que me hable mal de Julie bajo ningún concepto.

—Julie es mi hermana, Mark. Esta es su casa, es lógico que opine de lo que quiera, su opinión es importante para mi padre y para mi—deje a un lado mis papeles y lo mire a los ojos bajándome las gafas de lectura— Metete en la cabeza que no hay modo que me deslíe de ella. Si algún día me caso, ella será la dama de honor, y si tengo hijos... a Julie la llamaran tía.

—¡Me niego que mis hijos llamen tía a esa mujer, Érika!— se quejó espantado—no me quedó más remedio que reírme ante su incapacidad de sentir empatía por alguien tan especial como Julie.

—Pues Mark, siento decirte que si mi hermana no es lo suficientemente buena para tus hijitos imaginarios, resulta que yo tampoco lo soy—si cara se cubrió de estupor e intentó decir algo pero la entrada imprevista  de mi padre por la puerta del despacho disipó momentáneamente la energía negativa que nos rodeaba.

—Érika, pequeña, estoy famélico y ya Julie acaba de llegar. Pasemos al comedor— dijo ofreciéndome una cálida sonrisa como siempre.

—Enseguida Daddy— contesté— Adelántate y Mark y yo te seguimos.

»Papá asintió y me hizo una observación—Julie regresó Feliz, ¿Habrá encontrado el amor verdadero al fin?— sentí deseos de aullar de la risa. Mas no había forma de explicarle a mi padre que Julie y “amor”, eran términos incompatibles, a no ser que se tratara de «Poliamor».

—No creo que Julie buscará tal cosa, daddy. El concepto de Amor de Julie dista bastante del tuyo.

—Par de tontas—nos reprendió— el amor es el mismo para todos, Érika. Eso lo comprenderás cuando te enamores—profetizó con voz elocuente.

—Ya su hija esta enamorada— acotó Mark interrumpiendo algo molesto por el comentario de mi padre.

Mi papá le regala una mueca de incredulidad, pero no dice nada más. Da la vuelta y Mark se queda mirando la puerta por donde mi padre se marchó.

La situación es tensa entre nosotros, y se siente aún más incómoda por el hecho que el patriarca de mi familia, mastica pero no se traga a mi novio. Al principio no era así, pero el comportamiento de Mark y los continuos desplantes hacia Julie, terminaron por arruinar la opinión que mi padre tiene de mi «casi prometido» (cómo prefiere Mark que lo llamen).

—Está familia gira alrededor de esa malagradecida— murmura Mark por lo bajo.

—¿A quien te refieres, Mark? No quiero pensar que...

—A quien sino Sweety, a la encantadora Julie Mathison. Mira a la hora que se digna a aparecer, no hemos cenado esperando por ella.

—Julie tenía una cita con el odontólogo—digo perdiendo la paciencia — Si hubieras querido cenar más temprano, pues pudiste irte a tu casa cariño.

—Ves lo que te digo, Érika— me reclama— En ocasiones te falta refinamiento y  educación. Eres hosca. ¿Esa es forma de tratar a tu futuro esposo?

—¿Y a ti Mark? No te parece que juzgas demasiado y sin motivos a mi hermana.

—Esa mujer no es tu hermana— me escupe molesto— No digas tal tontería. Es ridículo.

—Márchate Mark— le pido sin ninguna cortesía ni contemplación.

—He esperado demasiado, Sweety. No me iré sin cenar.

—Has lo que quieras.

A veces he aguantado por costumbre. Por no tener que romper un compromiso y tener que buscar algo nuevo, pero he permitido que Mark se torne insoportable.

Pasamos a la mesa y tomó asiento junto a Julie, después de besarle la mejilla.

—¿ Como estuvo el dentista?— le preguntó en un murmuro.

—Delicioso— se vanagloria relamiéndose los labios  y le respondo su descaro con una sonrisa pícara.

Julie es mi ídolo. No crea lazos sentimentales ni se ata por costumbre. Conoció a ese hombre el otro día, cuando fue a una visita de rutina al consultorio de  su dentista habitual, quedaron para salir y hoy por fin en la tarde concertaron la cita. Ambos sabían a lo que iban, así que me imagino que no hayan perdido demasiado tiempo.

—¿Delicioso, no? ¿Del uno al diez?—inquiero sin mirarla, mientras me colocan delante el plato de salmón y queso.

—Un nueve— acota pensativa, analizando sus recuerdos— Si un nueve. Creo que le faltaron detallitos— explica como si se tratara de un tema demasiado interesante, y no puedo evitar estallar en risas.

Aunque me gusta el sexo tanto como a ella, lo he dejado un poco de lado. Actualmente mi vida sexual es un asco, al igual que mi vida romántica en general.

La última vez que recuerdo haber llegado al orgasmo fue hace unos cuatro meses. Lo más triste de todo es que no fue con Mark.

Si, lo sé, soy consiente que soy la peor de las novias, pero es que últimamente parece que mi querido novio está más pendiente de su carrera política y de criticar a Julie que en preocuparse por darme placer.

Así que, en aquella ocasión salí con Julie a uno de los bares de stripper que frecuenta. Una copa llevó a la otra y en media hora estaba absolutamente ebria y enredada con un bailarin. Sé que el alcohol no justifica lo que hice. Me acosté con otro hombre porque quería hacerlo, porque lo necesitaba. Mi cuerpo me lo pedía a gritos. Lo peor de todo es que no me arrepiento.

Al día siguiente intenté terminar con Mark, aunque evité comentarle que me había ido a la cama con otro. Fue inútil, prácticamente se tiro al piso rogando por una oportunidad de hacer lo mejor por los dos. Fui una imbécil en dejarme convencer, tenia que haber cortado esta relación absurda en ese mismo momento.  Creo que le ganó la lastima de lo que vi en sus ojos al sentido común.

Ahora mismo hace más de un mes que Mark no me toca. Nada de nada pasa entre nosotros. La última vez que intentamos algo, él llegó al klimax antes que yo, dejándome frustrada y molesta por demás.

—Érika mañana quiero que me acompañes a ver un viñedo de uno de los senadores del estado. Recién lo he recordado cuando vi la copa de vino— comenta Mark, y todos en la mesa lo miran excepto yo. Estoy tan cansada de sus comentarios y su carrera política que si le respondo ahora; él comprendería el verdadero significado de la palabra tosca—Tiene excelentes vinos y a precios competitivos, talvez podamos encargar los vinos de la boda.

Tal y como espere al escuchar ese comentario, Julie soltó una carcajada que casi la ahoga con su propia copa de vino blanco.

—Siento lastimar tu ego, y arruinar tus planes “Webor”— papá se ríe entre dientes al escuchar el sobre nombre— Te cuento que mañana a esta hora, Érika Camel estará en Alemania.

—¿Alemania?— preguntó Mark con el rostro desfigurado por el mal carácter.

—Lo siento Érika, pero con las prisas de esta tarde olvidé decirte que no encontré cupo para el día siguiente—me explica Julie apenada y estoy segura que si ella dice que no hay cupo, es porque  no hay. No conozco a nadie más eficiente en su trabajo.

— No hay problema— la calmo— puedo volar mañana sin complicaciones.

—¿No hay problemas? ¿Érika?— Mark está con los ojos como platos y las venas del cuello se le marcan más que de costumbre. Estallará en 3, 2, 1— ¡Érika Camel!, estoy harto de humillaciones. Si te vas a Alemania esto se acabo.

Sintiéndome extrañamente culpable, y aún sabiendo que ese sentimiento es una total  estupidez, trato de calmarlo.

—Mark...— se pone de pie y deja caer en un gesto brusco la servilleta sobre la mesa listo para marcharse. Ninguno de los presentes hacemos nada por detenerlo, al contrario, creo que es  la mejor idea que ha tenido Mark en meses.

—Hablamos mañana, solos tu y yo,  cuando desistas de esa estupidez de irte a Alemania Érika— Julie lo mira impávida y mi padre ni se molesta en mirarlo cuando sale por la puerta.

Anne Zamora

Chicas hermosas y Sensuales, espero sus comentarios acerca de esta loca novela, y de nuestra hermosa pareja protagonista.

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