LOGINErika Camel.
¿Tener Sexo?, ¿Hacer el amor? No, para nada. Era más, mucho más. Creo que esos términos no le hacen justicia a todo lo que ocurrió durante el resto de la noche en aquel lujoso y exclusivo ático de las torres a las afueras de la emblemática ciudad de Nueva York.
La noche que pasamos juntos en Francfort, Alemania; aunque muy especial y pasional, quedó como un recuerdo agradable ante todo lo que se había desatado entre nosotros desde que cruzamos el umbral de la puerta y se cerró a la intimidad a nuestras espaldas.
Cada momento fue más Perfecto que el anterior, cuando creí que no se podía superar la perfección el me volvía a sorprender gratamente haciéndome explotar en placer. Más de una vez gemí, y grité con fuerzas en alemán, curioso lo sé, jamás pensé que hacer el amor en una lengua extranjera me produjera tanto placer. Lo recomiendo ampliamente, todo el mundo debería intentarlo.
Al terminar en la habitación pasamos a la ducha, para seguir a la cocina, donde solo conseguimos un poco de vino, ya que era imposible para Derek dejar las manos quietas y separarlas de mi trasero o mis senos. Yo misma era como dinamita en espera de una cerilla que me prendiera y me incinerara hasta los huesos con el fuego del deseo corriendo por las venas.
Podría decir que ante su toque yo me olvidaba hasta mi nombre, y sería absolutamente cierto. Desde que decidí jugar este papel de amante de mi enemigo, me olvidé de la Erika orgullosa y competitiva. De hecho podría llamarme Julie Peterson el resto de mi vida, si con ello me aseguro de que Derek me haga el amor de esta manera.
Hicimos en el amor en el mesón de la cocina, sobre el sofá del living, dentro del Jacussi del cuarto de baño, y hasta en la banqueta del piano junto al enorme ventanal con vista a la gran manzana.
Había algo en nuestra relación, que podría tornarse enfermizo, pero eso solo lo descubriría mucho después. Ahora solo estaba poseída por el hambre que me provocaba Derek, por su cuerpo y por el Aura de placer que se creaba a nuestro alrededor cuando estábamos juntos.
Tenía la impresión de que el tiempo se detenía por instantes, pero en sentido general avanzaba muy a prisa cuando nuestros cuerpos se encontraban en una combustión espontánea.
Sobre las dos de la mañana, estábamos exhaustos, tendidos en la alfombra del living escasamente iluminado por los reflejos del fuego de la moderna chimenea en la pared contraria al ventanal de vidrio polarízado gigante que se extendía desde el piso al techo, como si fuera totalmente inexistente.
Las luces de Manhattan parecían desvanecerse en las negras aguas del Río Hudson desembocando al océano Atlantico.
Mi cabeza apoyada en el abdomen de Derek, y él jugando con su mano sobre la aureola de mis senos, formaban un cuadro único. Era este el momento más íntimo, romántico e intimidante que había vivido con un hombre en toda mi vida.
No hablábamos, estábamos absolutamente bien así en silencio. Un silencio demasiado acogedor para romperlo. Él jugaba con mis pechos y yo enredaba mis dedos en su densa cabellera, acariciándolo despacio.
— ¿Quieres otro poco de vino?— inquirió acallándose la garganta y sin moverse.
—No— murmure. — Creo que necesito otra ducha— conteste con una medio sonrisa en los labios.
Me senté despacio y él hizo lo mismo. Yo tenia rastros del semen de Derek sobre el abdomen y quizás un poco en la espalda y en ella cara.
Su rostro se tornó inexpresivo, pero no dijo nada. Mas su semblante me advirtió que algo ocurría. Su mente había jugado alguna pieza que lo había hecho pensar en lo nuestro, y en las consecuencias que podría dejar en su exitosa vida. «Y él ni sospechaba lo desastroso que podía ser si alguien descubría su relación con Erika Camel, antes que él mismo lo hiciera». Los nervios se me pusieron de punta de tan imaginarlo.
— Hemos sido un poco irresponsables— murmuro pasándose la mano por el pelo. — No debimos haber sido tan infantiles como para no protegernos. Nos dejamos llevar demasiado por nuestros bajos instintos.
No me estaba culpando, pero tampoco me gustaba su expresión. Yo había llegado allí tras una invitación fallida a un restaurante, pare sin proponérmelo en un apartamento de solteros, lo primero que creía que encontraría sería un paquete grande y brillante de profilácticos listos para ser usados.
—Ambos tenemos que ser consistentes Julie... — pronunció despacio sin atreverse a verme a la cara. — Tenemos qué tener claro...
—¿Qué es lo que tenemos que tener claro? Disculpa, creo que me perdi— interrumpí empezando a exasperarme por su nueva actitud. Había escuchado que los hombres recuperaban el sentido común después del sexo, peor esto me parecía rídiculo. Él era tan culpable como yo de lo que había ocurrido.
—Por muy placentero que sea lo que hacemos, es solo eso. Es solo sexo.
—¿Perdón?— inquirí abiertamente ofendida. — ¿Acaso piensas que estoy esperando una preposición de matrimonio?
—No, no es eso...— trato de disculparse. Pero ya no me importaba que lo hiciese. Había caído en mi propia trampa. Había fantaseado tanto con Derek Meyer que había olvidado que era un humano común y corriente y no el príncipe semental aleman que yo me había imaginado. Un poco decepcionada decidí no dejarlo hablar más acerca del tema.
— En serio no importa— simplifique y avance hasta donde estaba mi ropa interior y mi vestido comenzando a vestirme— Me puedes decir la dirección de este edificio. Llamaré un taxi para que venga por mi.
—Julie, no te vayas. No te dejare irte en medio de la madrugada.
—No soy una niña Derek, no puedes jugar conmigo, y hacerme sentir como nada para después preocuparte por mi seguridad.
—Lo siento. Creo que no yo mismo entendí muy bien lo que quise decir. Mi vida ahora mismo está llena de caos. Por un lado mis problemas familiares tras la muerte de mi madre, rompí hace muy poco un compromiso de dos años. Ahora mismo un embarazo no es algo que esté preparado para afrontar.
— Puedo entenderte, tampoco estoy lista para estar embarazada— dije sinceramente— pero no me trates como si yo hubiera provocado lo que ocurrió.
—Se que no lo hiciste— se disculpó.
EPÍLOGO(Cinco Años Después)Fráncfort, Alemania.Érika CamelEl frío del invierno me hace abrazarme más el cuerpo, mientras espero paciente que Derek Mayer llegue hacia mi con un enorme ramo de flores que acaba de comprar del otro lado de la calle.Lleva la semana completa llenándome de regalos, y no es casualidad que estemos en esta helada ciudad justo hoy.Hoy es el día de nuestro quinto aniversario. Nuestras bodas de Madera, como metáfora de un árbol que crece y necesita de crear una base sólida para prosperar y crecer. Nuestra unión estaba en su mejor momento y se mostraba resistente con el tiempo.Nuestros dos hijos estaban junto a sus tío Dominico Mayer, y Julie Camel de Mayer, porque mi hermana después de tantos años por fin decidió cambiarse el apellido Peterson al de nuestro padre, y todo motivada porque deseaba que su primer hijo tuviera el nombre del hombre al que le debía prácticamente todo en la vida. Evidentemente papá y yo fuimos los más felices con su decisión,
Érika CanelEntré en la mansion de los Mayer y todo estaba en total quietud. Dominico fue el primero en aparecer por el living con un pantalón de pijama y una remera también negra. En las manos traía un vaso de cristal lleno de leche. Parecía un Niño pequeño on un bigote blanco sobre el labio superior.Julie se acercó a su flamante nuevo esposo sonriendo encantada y le besó con mucha dulzura la comisura de los labios.—Delicioso—susurro ella contra los labios de su esposo y rodé los ojos ante el hecho de tanta comolicodad. Aún no me podía creer que ese par de revoltosos inatrapables se hubieran casado antes que Derek y yo. Era totalmente increíble... en el sentido más literal de la palabra «increíble».—Hola Cuñada— me saludo Dominico Justo después de que acabo de comerse viva a su esposa. —Derek está en su habitación…. Se fue a dormir temprano, ya sabes…. Sueño embellecedor para estar «bien Alemán y bien matador» mañana en la boda.Julie se partió de risa y yo tuve que disimula
Érika y Camel Supuestamente debería estar en una despedida de solteras, «mi despedida de soltera», pero embarazada de tantos meses la idea no me resulta nada atractiva.Lo que es probable que ocurra es que caiga infartada si un stripper cachondo me muestra su miembro, o puede que me dé risa… no todos los días uno se topa con un semental vergón como con el que estoy a punto de casarme.No puedo beber tampoco, así que no tiene caso alejar a Julie de su flamante esposo, solo por pasar la noche nosotras dos como un par de monjigatas.—Vete a casa de tu esposo Jul— le dijo negociando con ella— Creo que yo hate exactamente lo mismo.—Érika Camel… es de muy mala suerte que el novio vea la novia… desde la noche antes hasta la ceremonia— me advierte Julie apuntándome con un dedo.—Y lo dice la mujer que consumo un matrimonio antes y después de la ceremonia… que para colmo fue a escondidas en Las Vegas— le recordé.—¡Touche!— admitió hiriéndose con una katana imaginaria a modo de harakiri.—Pe
Érika CamelMientras Julie hablaba sentada en mi cama frente a mi, menos daba crédito a lo que me trataba de contar. Tenía que tratarse de una broma .—¡Aún no te puedo creer Julie!¿¡Cómo así que te casaste en Las Vegas!? —pregunté con los ojos como platos y cada vez más sorprendida. —Pero cómo ocurrió, si cuando te marchaste esa tarde parecía que habías erradicado a Dominico Mayer de ti cerebro. No te dije nada sobre qué el también estaría en Las Vegas… pero no creí que las cosas llegarían a este nivel.—Solo ocurrió Erick… me lo pidió y no le pude resistir— se explica y aún no entiendo una mierd@. Para colmo lleva ese anillo de fantasía con un engarce que es más falso que judas. Y de la piedra ni hablar… ni siquiera es vidrio o una imitación aceptable. Es plástico y bastante feo. —¿!A este anillo fue a lo que no te pudiste resistir!?—chillo tomando su mano para analizar la «anti-joya», más bien debería decir la «basura» que lleva en su dedo anular.—No fue el anillo Ericka. El anill
Julie PetersonSi alguien me pregunta alguna vez algún detalle de mi boda… sin duda diré que me dolía el trasero. Creo que eso era lo que más iba a recordar de toda esta locura.También podría rememorar el orgasmo anal que me proporcionó mi futuro esposo una hora antes, pero bueno eso no era algo que se le contara a todo tipo de público.Me vestí con un sencillo vestido blanco ejecutivo, y Dominico se metió en un jeans con camisa blanca y un saco negro casual. Si no nos deteníamos... era un hecho que terminaríamos casados. Abordamos un taxi en plena madrugada y nos dirigimos a la icónica capilla Graceland.¿Hay algo más típico en Las Vegas que casarse ? A la par que el juego, las bodas son el principal atractivo de Las Vegas. Cada año se celebran más de ciento veinte mil bodas, siendo el segundo lugar del mundo en el que más matrimonios se celebran por detrás de Estambul.Sabia a donde nos dirigíamos, ese lugar era famoso. La Capilla Graceland era la capilla más famosa de Las Veg
Dominico MayerSiempre supe que totalmente cuerdo quien dice cuerdo del todo, pues yo no estaba… o era que quizás la crianza que me había dando mi madre en cuanto a relaciones matrimoniales pues no había sido la mejor, porque aunque mi padre murió siendo yo muy Niño aún recuerdo que ella parecía odiarlo a él y a todo lo que su esposo representaba. Así siguió años después... los Mayer para ella no valíamos nada, y después de su muerte quedó aún más claro. Entoces no es muy difícil de entender que después de pedirle a Julie Peterson que nos casáramos… hasta yo mismo me espanté de la intensidad de mis sentimientos hacia esa mujer. No sé de donde demonio había salido esa loca idea de casarme pero me parecía ahora lo más lógico y lo más acertado. Ya ella había huido… y allí estábamos de nuevo. Ya había ido tras ella, así que me merecía el premio mayor y ya no me conformaría con menos. Siempre dije que no me casaría, y ahí estaba pidiendo matrimonio de la manera menos convencional posi







