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El regalo perfecto

Author: Yubel Writer
last update publish date: 2022-03-27 05:13:07

Giancarlo:

No pienso verla hasta no tener el regalo perfecto para ella me comporte como un salvaje con ella pero no podía aceptar que él acertara y le regale algo que por lo visto le encanto no se ha separado de esa condenada caja de colores en todos estos días hasta se fue a dormir a su auto con el fin de no verme. Si eso es lo que quiere es su problema.

Aunque la extraño, quiero abrazarla probar sus labios, estrecharme en su cuerpo pero ella no. Por suerte por fin llego el paquete, lo había encontrado por internet pero los únicos países de entrega era en Europa por suerte Italia si estaba entre ellos, le pedí a Teodora que me hiciera el favor de recibirlo y reenviármelo, no imagine que demoraría tanto.

Al abrir la caja no es tan fantástico como su otro obsequio pero espero que con las hello Kitty mejore. En si necesito que todo se solucione con ella. Yo y mi m*****a manía de alejarme cuando las cosas van mal, sentirme en soledad me da paz y tranquiliza pero a la vez me aleja de lo que quiero.

La veo salir de su auto, se comienza a estirar como gato para sacar ropa de su maletera. La sorprendo cuando esta por entrar al baño, voy por atrás y la tomo de la cintura para terminar con un beso en su cuello. Pensaba seguir pero ella me aleja.

—¿Qué haces? ¿Deberías estar trabajando?— Me regaña.

—Vine a saludarte.— Contesto.

—Hola, ahora déjame cambiarme— Me empuja.

—¿Estás molesta?— Es una cosa más que obvia.

—Voy a llegar tarde. No sé que haces aquí. Sigo conservando la caja de colores y no voy a devolverla. Así que déjame tranquila.— Me cierra la puerta.

Fui a preparar a Oliver y lo deje desayunando para que no me esquive con la excusa de ver al pequeño. Cuando llego ella ya esta saliendo del baño y pude notar la cara de fastidio.

—Antonella no me trates así… Ya comprendí que quieres más a esa caja que a mi.— Me hago el trágico.

—Di lo que quieras.— Esta reacia a escucharme.

Le sujeto la mano: No sigas así.

—¿Seguir cómo? Sin dejar que venga un hombre y me mandonea, me diga que hacer. No voy a cambiar. – Está seria y se suelta. – Te amo, en verdad lo hago pero no estoy dispuesta a renunciar a mi libertad por alguien.

Se va, escucho como toma al niño y se ponen camino a la escuela. Insistir por ahora es tiempo perdido. Voy a la salida a recogerlos ella esta reacia pero me soporta. Almorzamos juntos, lavamos los platos y ella se despide de Oliver, mientras que a mi me dice hasta el domingo.

—¿Hasta el domingo?— Estoy intrigado.

—Si, voy donde mi mamá. Cuidas a Oliver y que haga sus deberes.— Me indica.

—Pero yo planee ir de campamento, lo acorde con Adam, Su hijo y Oliver tendrán una pijamada mientras tenemos nuestro tiempo juntos.

Le explico.

—Sin consultarme ni nada. Típico en ti. No quiero nada, nada… — Se aleja.

—Quería que fuera sorpresa, por eso no te pregunte. Todo esta listo.— Quiero convencerla.

—Una debe estar a tu disposición. No soy una muñeca ni una mascota que va estar ahí cada vez que tu quieras. – Me contesta.

—Sé que eres resentida como los gatos.— La fastidio.

—No estoy para tus juegos.— Esta seria, eso me preocupa.— Tu te vas sin decir nada, puedo comprender que es por trabajo. Pero vienes todo fastidiado te enojas por una tontería de un regalo. No me hablas en dos semanas por tu mal humor y no es la primera vez que haces eso. Luego vienes y quieres que siga de lo más normal. Sin pensar en lo que yo siento si soy yo culpable.— Suelta la verdad y lo peor es que tiene toda la razón.

—Necesito estar solo para pensar.— Confieso.

—Está bien… Pero me siento mal porque algo me dice que es por algo que hice, que te molesto. Así lo niegues y me mientas. Quiero creerte, me esfuerzo en hacerlo.— Sus palabras me dejan frío, así que al final ella no me creyó del todo lo del trabajo.

—¿Qué te molesta de mi? ¿Es Giovanni?— Adivina, ese es el gran problema, si medito es la causa de casi todas esas veces y Teodora.

—Es alguien importante en tu pasado, queramos negarlo o no.— Le digo.

—Tu sigues sintiendo celos de él no interesa lo que diga o haga. Ten por seguro que eso me asusta.— No quiero que sienta temor.

—Antonella yo no te voy a lastimar.— Le aseguro.

—Dudando lo haces, quien sabe después puedes venir con tonterías como que regrese con Giovanni a tus espaldas. Los celos son muy malos en una relación.— Me explica.

—Soy posesivo, lo admito. Comprende que me fastidia que lleves una relación cordial con él.— Le digo.

—Acaso yo te digo algo cuando te vez con alguna ex tuya.— Me dice.

—Tu no has visto a mis ex.—

—Esa vez que fuimos a esa discoteca y como seis tipas se acercaron a decirte que esperaban repetir la noche contigo. – Pensé que no se dio cuenta de aquello. – Eso no paso una sola vez, han sido varias veces y en distintos lugares. – M*****a la hora que se me ocurrió vivir la vida loca ese año que me fui de la hacienda.

Yo…— Me tapa la boca con un dedo.

—Me repetí todas esas veces que me daba igual porque yo estaba contigo y la que terminaba esa noche contigo era yo.— Nunca la vi tan segura de algo. – No vuelvas a exigirme algo, en especial el de alejarme de alguien porque ten por seguro que te daré la contra. – Me advierte.

—Diría que lo quieres más a él que a mi— Me molesta.

—Una vez cedí ante eso y fue como deje que me convirtiera en su prisionera, no pienso repetirlo. Así que ten algo bien claro Giancarlo Madicci. Te amo, deja tus condenados celos. Si no puedes dímelo porque la solución no nos va gustar a ninguno de los dos.— La comprendo.

—Prometo intentar controlarlo.— Me esfuerzo.

—No sé que problemas te haces, a pesar de todo me tienes aquí contigo.— Ya no suena enojada.

—¿Iras conmigo? – Tiento.

—¿Puedo llevar la caja de colores?— Pregunta.

—¿Enserio?— Me sorprendo.

—No bromeo, así que más te vale acostumbrarte a ella.— Se aleja.

—¿Dónde vas?— No quiero que me deje hablando solo.

—Voy por ella, iremos en tu camioneta y ayúdame a llevar mi maleta y lleva el colchón inflable que me duele la espalda.— Comienza a ordenarme, no me quejo prefiero verla así que enojada.

Al llegar ya era de noche y ella seguía durmiendo aproveche para preparar todo. No sé si esta vez las cosas resultaron más fáciles y a la vez complicadas. No imagine que Antonella prestara atención todas esas veces y explicar que ellas bueno no fueron una relación sino más bien una noche más. Lo hice con el fin de olvidar a Teodora “Igual que lo hiciste con Antonella” Ella fue diferente me repito, porque la busque hubo una conexión desde que nos conocimos.

—Siempre tan callado y envuelto en tus pensamientos.— Me abraza.

—Te extrañe. – Dejo que continúe.

—Yo igual, sobre todo tu cama, es tan suave y cómoda sin olvidar lo calientita. —La describe.

—¿Sólo mi cama? – Me hago el ofendido.

—Es horrible tener que dormir por dos semanas en el carro. – Se queja.

—No tenías que irte. – Le informo. —Siempre tendrás el sitio en mi cama, así nos enojemos. Yo puedo dormir en el sillón.

—Será para la próxima.

—Ya no quiero que halla una próxima vez. – La aprisiono.

—Alto ahí mi querido lord de la lujuria—Me empuja y la vez me fastidia su comentario.

—No niegues que eso esta en tus planes. Ahora quiero que leas esto. – Me entrega un sobre que dice para Antonella “Te envió esto con los mejores deseos en este día tan especial, con la intención que pintes tu nueva vida junto a la persona que amas, sé que él también lo hace. Úsalo que si se acaban puedo regalarte otra”

—Lo hizo por eso.— Me sentí tonto por enojarme.

—Te voy a contar algo que había olvidado.— Ve al mar.

—¿Qué cosa?— Pregunto.

—Al poco tiempo que conocí a Giovanni, Alexandra me comento que era el cumpleaños de este pero que ella tenía que viajar y no iba asistir a una pequeña cena que organizo, cuando fui al punto de encuentro me di cuento que soy la única que asistió. Él me lo agradeció prometiendo no olvidar mi cumpleaños. Porque él sabía lo se sentía, es que siempre la gente lo olvidaba y a pesar de conocerlo un par de meses me tome el tiempo de felicitarlo.

—¿Acaso no es el único hijo de Massimo Coppola? Es lógico que haga grandes fiestas.— Comento algo obvio.

—Desde que murió la madre de Giovanni no sé ocupo más de él salvo para cubrir sus gastos y reñirlo por algo que no estaba de acuerdo, su relación padre hijo esta muy deteriorada desde antes que lo conociera. – Me cuenta.

—No lo imagine.— Me sorprende.

—En apariencia Massimo quiere hacerse el padre preocupado sin embargo es lo opuesto lo único que le importa es él y su apariencia. Su familia no puede tener ni un hecho deshonroso. Aunque Giovanni últimamente ha dejado mal a la familia.— Comenta.

—Así que de esa forma es Massimo.— No es tan bueno como alardea.

—Si se casó con Alondra fue porque no podía con Giovanni, en si fue porque lo llamaron de la escuela sin darle mayor razón. Massimo castigo y golpeo a su hijo dejándolo como santo cristo, cuando fue al colegio vio que era para darle un premio a su hijo por ganar el concurso de matemática, al día siguiente apareció con su nueva esposa. Giovanni me dijo que no era mala que mientras no sé metiera uno en la vida del otro todo estaba bien. A pesar de tener un montón de dinero para comprarlo todo, no era feliz. – No pensé que ella me contara aquello y sentí lastima además de afortunado porque Massimo me abandonara.

—¿Tu infancia cómo fue Antonella?— Me pregunto.

—Normal y solitaria, mis hermanos me llevan ocho y diez años de diferencia, así que luego del colegio no tenía con quien jugar, salvo mis mascotas o juguetes conforme crecí fueron los video juegos. – Me relata.

—¿La relación con tus padres? – Me intriga.

—Con mi padre no era ni buena ni mala podría decir neutral, mientras que siempre he sido apegada a mi mamá. – Contesta. – Sé que la tuya fue difícil. Aunque Adam me conto que eras un niño prodigio.

—Exagerado, lo dice porque a los tres años tocaba el violín, me gustaba Vivaldi. En lo demás era un niño como cualquiera.— Hablo normal.

—No todos los niños de tres años aprenden a tocar el violín ¿Supongo que fue gracias a tu abuela?—

—Si, era profesora de música.— Me resulta cómodo hablar con ella.— Mi abuela me incentivo con mentiras blancas, dijo que mi madre era una gran violinista, que yo me parecía mucho a ella y por ese motivo debía aprender a tocarlo. Al no recordarla sentía que aquello me acercaba a ella.

—¿En que mintió? ¿Acaso a tu madre no le gustaba la música?— Le pareció raro.

—Le gustaba pero ella tocaba piano, en el pequeño apartamento no entraba uno y por eso mi abuela decidió que era mejor el violín. Además de que físicamente me parezco más a mi padre aunque en genio y carácter, no. – Le cuento.

—¿Cuándo supiste lo del piano?— Sigue comprendiendo mi desagrado de hablar sobre mi padre.

—Al llegar a la hacienda encontramos un piano de cola en medio de la sala Touri me conto que a mi madre le encantaba.— Respondo.

—A veces es así… Por ejemplo físicamente me parezco más a mi padre al igual que en ciertos gustos como gustarme mucho el arroz y otras manías de las cuales ni enterada estaba aunque tengo ciertas cosas de mi madre como que nos gustan los pyes de diferentes frutas. Cada uno saca diferentes cosas de sus padres sin saberlo.— Habla.

—¿Qué quieres decir con esto?—No la entiendo.

—Que quieras o no terminas pareciéndote a tus padres, por algo tienes sus genes. Pero depende de cada uno el camino que sigue. Además que me gustas como estas.— Me abraza.

—¿Cómo qué?— La coqueteo.

—Tus brazos fuertes, esos ojos grises que me cautivan, ese porte italiano esculpido por los dioses romanos.— Comienza a exagerar.— No puedo olvidar tu exuberante cabellera. –Pasa su mano por mi pelo.

—Tu también me encantas, especialmente cuando te devoro a besos.— La jalo a mis piernas pero terminamos cayendo a la arena.

—Giancarlo— Jadea mientras mis manos se abren paso.

—Me gusta como dices mi nombre— Le digo mientras levanto su brasier y masajeo sus pechos.

—Giano. Suelta.

—Eso a ti también te gusta, es tan sabrosa tu piel.— paso mi lengua por su pecho y hago un recorrido por su vientre.

—Sigue— Es lo único que dice mientras desabrocho su pantalón.

—¿Qué tienes que decir? – La castigo deteniéndome.

—Sigues con eso…— Se escucha fastidiada, se levanta y comienza acomodarse la ropa.— No lo haré. – Se mete a la carpa y la cierra dejándome con las ganas.

—Antonella.— Atino a decirle.

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