INICIAR SESIÓNGiancarlo:
Es tarde y Antonella todavía no regresa, esto me preocupa puede pasarle muchas cosas y peor si esta con el niño. Aunque por una parte me ha dado tiempo para lidiar con mis problemas a pesar de lo que decidí no estoy seguro que sea lo correcto porque no sé sobre lo que siento por Antonella, de verdad la quiero, también la deseo incluso desde la noche que dejo mi dormitorio se siente tan vacío sin olvidar la soledad, extraño su cuerpo y compañía. Tampoco quiero que la lastimen por eso deseo protegerla y puede que sea yo mismo el que más lo haga. ¿La amo? Me estado cuestionando todos estos días puede que sí pero lo que siento por Teodora es lo que me hace dudar. A pesar de eso quiero seguir con ella porque considero que es lo mejor para mi sin embargo para ella creo que no, es como si jugara con su amor.
Escucho a lo lejos el portón abriéndose, me levanto rápido y voy a la entrada. La encuentro soltando a los gatos, de ahí va a la parte de atrás para sacar a Oliver, parecen madre e hijo, si el medico no sé hubiese equivocado aquello sucedería pronto y tendría a que aferrarme. Aunque no es tarde para intentarlo, de esa forma todo con Antonella seria más fácil no importaría si dudo.
—Antonella, déjame ayudarte. – Le digo tomando a Oliver.
—Gracias.— Me sonríe. – Luego que dejes al pequeño, hablamos. – No la siento molesta, ni triste más bien tranquila ¿Debo preocuparme?
Hago lo que me indica, no tardo en ir a buscarla. Toco la puerta, espere su respuesta sale ella calmada.
—Giancarlo ¿Cuál es tu respuesta? – Pregunta.
—Sabes que te quiero. – Contesto esperando que eso baste.
—Lo sabía.— Agacha su cabeza y me da la espalda para comenzar a reír. Siento miedo, tal vez no me cree y no sé que más hacer porque la deseo a mi lado pero no quiero herirla.
—Antonella.— La llamo con miedo, di la respuesta incorrecta, ella deja de reír.
—Discúlpame Giancarlo, soy una completa tonta.— Habla sin verme.
—No tienes porque… Yo— Me interrumpe.
—Tu no harías eso.— No la entiendo. Se gira y me ve directamente a los ojos. – Tu no me engañarías, eres diferente…. Me has demostrado que es el amor. Yo estoy enamorada de ti.— Se acerca y toma mis manos. – Confió en ti, siento que tus palabras son verdaderas. Lamento dudar espero que me entiendas.
Ella es quien se disculpa conmigo cuando debería ser al revés, yo soy el mentiroso o al menos no consigo descifrar mis sentimientos. La abrazo muy fuerte porque no quiero que se escape al sentir que titubeo.
Ella me da un empujoncito para separarnos, lo hago: Giancarlo quiero darte algo.
—¿Algo? – Me desconcierta.
– Mete su mano al bolsillo. – No es algo muy costoso pero necesite mucho esfuerzo para hacerlo, es que me equivocaba y el papel terminaba malogrado de tanto dobles. Toma.— Me entrega un corazón de papel, en si es un corazón de origami.— Pongo mi corazón en tus manos. Tal vez suene precipitado pero estoy segura que eres el indicado para tenerlo. Tu me haz ayudado a repararlo con tu amor, comprensión y paciencia, que pueda ver lo bueno que es estar junto a la persona que amas y que ella te corresponda, también lo sublime que puede llegar hacer el amor… Gracias por todo esto. Te amo— Me abraza y de nuevo mi conciencia me repite que no merezco a esta mujer, que soy un miserable por ilusionarla y utilizarla con el fin de olvidar a otra que me ve como una especie de hermano. Veo con detenimiento aquel corazón de papel, me doy cuenta que tiene un pedazo de cinta scotch
—¿Qué hay adentro?— pregunto.
—Es algo que quiero que leas la noche del 31 de diciembre minutos antes que den las 12 anunciando el año nuevo. –Contesta.
¿Por qué?— Quiero conocer la razón.
—Sorpresa, ahora guarda mi corazón y cuídalo. – Se acerca y agacha la cabeza hasta chocar conmigo. – Pero si tu te enamoraras de otra persona, prométeme que me lo dirás, ten por seguro que no me enojare ni haré una escena… Soló quiero que seas feliz. – Me da un ligero beso en los labios.
Es en momentos como esto que me gusta ella mejor dicho me encanta. Son pequeñeces que la convierten en alguien tan especial que me siento afortunado por tenerla por saber que ella es mía y me ama a pesar de todo. Aquellas dudas se van desvaneciendo, tal vez no haya olvidado a Teodora sin embargo al estar con Antonella las cosas cambian y simplemente la quiero a ella.
—¿Vas a dormir conmigo está noche?— Mi pregunta sonó más a una orden aunque esa es la intención.
—No…Creo que no. – Titubea.— Es que tengo muchas cosas que hacer.
—Puedo ayudarte.— Me acerco a la puerta con intención de abrirla.
—No, estoy bien sola.— Está nerviosa.
—¿Qué me ocultas? Antonella— La veo inquisidoramente.
—Nada.— Rueda los ojos, ese nada equivale a mucho y estoy seguro que es sobre algo que no me agrada.
—Antonella. – Empujo la puerta.
—Giancarlo, por favor. Te digo que estoy ocupada.— Se molesta.
—Quiero tenderte una mano para que termines rápido y duermas conmigo. – Le explico.
—Te repito que puedo porque tengo mucho que hacer. Aprovecha este tiempo para descansar. – Me dice.
—Si tu no estás no puedo descansar.— Es verdad, desde que ella se fue mi sueño ya no es tranquilo, siento que falta algo.
—Júrame que no te enojaras.— Me ve seria.
—Me das miedo.— La veo.
—Solo hazlo y podrás ayudarme para que duerma contigo esta noche.— Me tienta.
—Puedo disuadirte.— Le advierto.
—Giancarlo solo di que lo prometes y tendrás una noche salvaje.— Se pone roja.
—Bien, lo prometo… — Me resigno. Abre la puerta y encuentro sus maletas sobre la cama, confundiéndome por completo. — ¿Qué significa esto?
—Dijiste que no te enojarías.— Esta tensa y veo cierto temor.
—Tengo muchas ideas confusas en mi mente al ver esto así que antes que saque una deducción equivocada. Explícamelo.— Le exijo tratando de parecer tranquilo aunque no lo estoy porque tengo miedo a que se me valla.
—Voy a mudarme.— Lo soltó y lo sentí como un baldazo de agua fría.
—¿Por qué? No te entiendo, hace un momento decías que estás enamorada y hasta me entregaste de forma simbólica tu corazón y te mudas.— Le suelto.
—Si estoy enamorada. No lo dudes.— Me ve y toma mi mano.
—Entonces ¿Por qué?— Quiero serenarme pero no puedo.
—Cada quien debe tener su espacio.— Habla.
—Tu tienes tus propios aposentos.— Le rebato.
—Pero vivimos bajo el mismo techo… Lo mejor es que cada quien tenga lo suyo y no piensen que soy una aprovechada o pago mi estancia aquí estando contigo.— Me dice mirando a otro lado.
—¿Quién te ha dicho algo?— Me enoja cuando la gente se entromete en cosas que no le interesan.
—Nadie. – Contesta de inmediato.
—Entonces qué es, no debo dudar de tu amor sin embargo tu desconfías del mío. – Me decepciono a pesar que en cierto punto siento que ella debe estar en lo correcto.
—Es que. – Gira su cabeza, se nota que tiene problemas para expresarse.
—Dime, voy hacer el esfuerzo por comprenderte. – Tomo su mano para bTeodoradarle seguridad.
—Los sentimientos cambian Giancarlo. – Esas palabras no sabía a quien se refería. – Sé que no eres igual a Giovanni el cual sus palabras y promesas no valen sin embargo estuve yo tan enamorada que soporte muchas cosas pero todo tuvo su limite.
—No comprendo el parecido que le puedas ver. – Estoy más confundido.
En que tu me quieres a pesar de muchas cosas pero va haber un momento en que ya estés cansado de mis problemas, tus sentimientos cambien y decidas estar con otra persona. Cuando suceda aquello, no quiero estar aquí. – Podía percibir el nudo en su garganta.
—Yo no dejare de quererte. —La abrazo y estas palabras son verdaderas.
—Eso puedes decir ahora. Lo mismo repetí, mírame ahora, aquí contigo enamorada y con temor a que tus sentimientos cambien. – Se burla de si misma al final.
En tan poco tiempo crees que me aburriré de ti. – Levanto su mirada.
—Soy muy complicada… La última vez que nos peleamos viste un lado mío que no suelo mostrar, estoy segura que no te agrado eso sin mencionar mi pasado. Es una gran posibilidad de que te canses. – Sigue esquiva.
—Estamos en septiembre, luego viene octubre, después noviembre y por último diciembre donde estarás atada a mí. —Le recuerdo, no me gusta verla así de triste.
—En si es el último día de diciembre que aceptare comprometerme contigo y fijaremos una fecha para la boda. – Me ve seria.
—Ten por seguro que serás la señora Madicci antes que llegue febrero y comenzaremos la ardua labor de crear nuestra descendencia. – La estrecho entre mis brazos y le sonrío pícaramente.
—Giancarlo.— Se sonroja.
—Aunque podemos empezar desde ahora. – Le sugiero.
—Tengo que alistar todo. – Pone ojos de cachorrito.
—Insistes en mudarte. – Me resigno.
—Serán unos meses. Luego volveré, vendré todos los días y en la noche me iré. —Quiere convertirlo en algo insignificante.
—En las noches es cuando más te extraño. – Es cierto, estos días al no tenerla junto a mí fue como si me faltara algo. – Estas molesta por lo que llegue tarde.
No… Él que debía estalo eres tú, quiero explicarte lo que sucedió pero temo que me alejes o sientas lastima. Yo… Yo ya no quiero que sientan lastima por lo tonta que fui. – Se aleja.
—Antonella… No me alejare de ti y yo lo único que deseo es protegerte.— La reconforto.
—Cuando viví con él habían dos tipos de noches… Unas buenas y otras malas. – Hace una pausa.
—¿Estás segura que quieres hablar de aquello? —Tengo miedo que se lastime.
—Si. Las buenas eran cuando llegaba muy tarde, me encontraba dormida en el sofá y a veces me cubría con una manta o me llevaba cargada hasta la cama. Las malas era cuando llegaba muy ebrio me despertaba para golpearme, reclamarme lo inútil que era para terminar abusando de mi, si sentía algo de culpa me regalaba algo pero fueron pocas prefería llegar tarde y taparme, quizás apropósito me evitaba.
Por eso me confundiste. Yo no te lastimare Antonella. – La abrazo de nuevo, sin saber que aquellas palabras podrían ser mentira.
—Lo sé… Ahora me ayudas a terminar rápido para poder dormir juntos. No te voy a negar esta noche. —Me sonríe.
No tardamos en meter todo en las maletas y cajones, todo se ve tan vacío como si ella no hubiera estado aquí. Acaso ella se irá al final, esto será una especie de preludio antes que se valla definitivamente. Que tonterías pienso, esto es temporal, ella vendrá después y todas mis dudas se despejaran ella será mi esposa y formaremos nuestra propia familia. Convirtiéndose Teodora en parte de mi pasado.
—Señor Madicci ¿Nos vamos? – Me pregunta mientras me jala de la mano.
—Quédate— Le pido.
—Giano… No lo hagas tan difícil. – Hace una pausa. – Prometo que está noche seré sólo tuya… ¿Qué quieres hacer?
No podemos salir de la casa por Oliver, sería imprudente dejarlo solo. Así que las únicas opciones son mi alcoba y el baño: Estamos muy sucios, deberíamos tomar un baño.
—¿Necesitaras ayuda?— Me pregunta.
—Tal vez….— Me hago el difícil.
—No se preocupe amo Giancarlo hare que su baño sea inolvidable.
Antonella:Las cosas que me ha contado ese hombre han sido terribles, pero ahora comprendo las razones que tiene Giancarlo para sentirse así, Giovanni estaba tan sorprendido como yo, y yo, simplemente Sali de allí tan rápido como pude, no he logrado comunicarme con Giancarlo, tiene su celular apagado, seguramente esta demasiado ocupado con sus pendientes, y quizás es mejor que no le cuente nada de lo que he averiguado, aunque admito que me duele que me oculte una cosa así, realmente, no se ni que debo pensar al respecto, han pasado solo unas horas desde que me entere de la verdad y no se como debo sentirme o como debo reaccionar al respecto.Giancarlo:Me siento hecho una furia, tan es así que realmente no puedo ni me quiero controlar. Se demasiado bien de que se trata todo este repentino interés después de tantos años, y esos regalos supuestamente desinteres
Giancarlo:Antonella esta rara, es como si me escondiera algo y si intento preguntar me advierte que no está para interrogatorios. Lo único bueno de hoy que fuimos donde Michael para que nos diga que todo está bien y que en unos días los sentiremos. Porque lo del sexo de los gemelos vamos a dejarlo como para nuestro aniversario de relación, es decir al día siguiente de la vendimia, ella lo decidió sin consultarme, pero mejor no la contradije porque me vio con mirada asesina si protestaba.Al final me pidió quedarse en casa de su madre porque deseaba ponerse al día con ella tal vez hasta ir de compras. Me ha dejado de lado. Aprovechare para hacer una visita pendiente, una que espero que me de la paz que estoy buscando.Antonella:Hace tiempo que no venía a la casa de los Spencer, la última vez fue cuando Alondra me hizo queda
Hola mis lectores, quiero pedir una disculpa si no he subido actualizaciones, e estado ocupada con cuestiones familiares, a partir del lunes retomo la actualizacion para el final de esta hermosa historia, gracias por su paciencia. Espero puedan comprender que la situacion se fue de mis manos y por ello les ofreco una disculpa. Espero sus comentarios y esperen tambien una nueva historia que pronto estara disponible en la aplicacion, se que han preguntado pro las actualizaciones pero hasta hoy tuve tiempo de avisar, nuevamente espero comprension y amor, de verdad una gran disculpa por las molestias que esto genero, no era mi intencion fallarles. Yubel.
Adam:Antonella sale más temprano de lo habitual y también al irse, siempre se va antes que llegue Giancarlo. Estoy segura que ese par a discutido por algo lo peor es que ninguno de los dos se abre. Antes ella lo hacia pero desde lo sucedido con Teodora le cuesta confiar, no hay necesidad que lo diga sus acciones lo muestran. Tal vez ya no esta tan contenta aquí y quiere irse, después de aquello quien no. Todos conocíamos la historia entre Giancarlo y Teodora, ninguno fue digno de advertirle.—Chau Adam, te veo mañana. – Se despide igual que todos los días.—Antonella ¿Podemos hablar un momento? – Le pregunto.Duda un momento: Está bien.—Acompáñame al otro salón. – Le indico, no es bueno discutir esto en público.—¿Qu&ea
Antonella: Desde la operación Giancarlo a estado serio y extremadamente sobreprotector. No entiendo el motivo, mi madre dice que es por el embarazo sin embargo antes no estuvo así, sin olvidar esos obsequios que llegan a los bebes. Quiero reclamarles a los de la tienda y exigir saber quien los envía porque puede ser algún loco, Giancarlo no deja. Según él porque son tonterías sin importancia, lo peor es que sospecho que conoce al misterioso remitente. Supongo que no tendría que preocuparme pero me es molesto. Lo que ha sido más difícil en este tiempo es tener quieto a Giancarlo, es peor que niño chiquito. Desde la operación si no esta a mi lado saca loco a Adam para ver las cosechas. Al menos ya tomo de nuevo el interés en el trabajo porque Adam me conto que desde que me fui su único plan era como comunicarse conmigo y solucionar todo, después cuando se entero que iba a ser padre se leyó todos los libros sobre paternidad, cuidados en el
Giancarlo:Despierto y lo primero que busco con la mirada es a Antonella o a Adam.—Hasta que por fin despiertas. – Escucho una voz indeseable.—¿Qué haces aquí?— Mi tono es molesto.—No deberías alterarte luego de una operación, es riesgoso. – Por desgracia tiene razón.—¿Qué quieres? Hasta donde recuerdo usted y yo no tenemos ningún parentesco. – Le contesto.—Negar lo innegable. Mírate, eres igual a mi. – Me dice.Me rio: Yo no le quite su herencia a nadie, ni abandone a una mujer embarazada y menos a mi hijo. Tampoco soy un golpeador.—El enojo se ve en su rostro.—Son situaciones que ameritaron dichas acciones. – Se justifica.—No me interesa







