ANMELDENGiancarlo:
Las dos siguientes semanas volvimos a la rutina de antes, iba a dejarla y recogerla del trabajo, evitaba dejarla completamente sola, hasta ahora tengo presente la amenaza de los narcos, por poco me quitan algo que considero muy valioso y a ella casi la dejan sin su gata.
Por una parte me alegra que Antonella considere esto un accidente y nada más que eso, sin tomar en cuenta que estuvo a punto de morir. Pensó que debe ser causado por lo que le sucedió antes y estuvo en peores condiciones que ahora. Si los comparamos el último parece un accidente en patineta. Aunque yo no olvidare el miedo que sentí al creer que la perdía y peor sabiendo que desaproveche momentos con ella además que estaba molesta, por más que lo negara.
¿Quieres pensar?— La oigo preocupada.
—No, dije que te acompañaría hacer las compras. – Le recuerdo.
—mmm… Está bien después de todo necesito que alguien cargue las bolsas. – Me ve con la misma cara de Amelie cuando quiere algo.
—¿Qué más deseas? – La miro dudoso.
—Quiero ver a mi mamá este fin de semana. ¿Podemos? – Sigue igual.
—Antes no querías y ahora sí. ¿Quién te entiende?— Estoy confundido.
Te extrañaba… Ahora es a ella, no quiero preocuparla. – Agacha la cabeza. – Cuando era niña evitaba en lo posible meterme en problemas porque no quería que ella se angustiara… Suficiente tenía con Ana o Adrien. – Hace una pausa.— Ya de grande le traigo todos estos dolores de cabeza.
—Mañana partimos luego de las clases. ¿Te parece?— Le propongo.
—Si.— Se pone contenta.
Entramos al supermercado a comprar todas las cosas de la lista que nos dio la señora Esther. Papas, fideos, sal, atún, salsa de tomate, Salsa pomarola, comida para gato, detergente, jabón, shampo, etc. Digamos que es una lista bastante larga. Poco a poco el carrito de las compras se va llenando, estando a la mitad en la sección de detergentes, nos cruzamos con alguien que deseaba acribillar.
—Sebastían. – La escucho a ella pronunciar ese nombre con una alegría que fastidia.
—Antonella. Que gusto verte. Me contaron del accidente que tuviste ¿Te encuentras mejor?— La saluda como si nada. Cuando fue por sus malditos negocios que ella tuvo ese accidente.
—Hola Sebastían. – Lo saludo de la forma más fría y me pego a Antonella.
—Hola Giancarlo. – Se pone nervioso.
—Ya estoy bien, con el descanso que tuve junto a los cuidados y medicamentos me dejaron como nueva. – Habla ella para romper la tensión.
—Me alegra Antonella, por lo visto no fue tan grave. – Comenta.
—Si fue grave, ella estuvo en paro dos veces. – Le digo para que viera lo que provoco.— Tiene suerte que se recuperara rápido. – Antonella me mira feo por otra parte Sebastían agacha la mirada, siente culpa ese imbécil.
—Ya estoy bien Giancarlo… Admito que la suerte estuvo de mi lado porque solo fueron golpes y unos coágulos que pudieron disolver lo que me sucedió…— Intervine.
—No tuviste hemorragias pero nos asustaste. – Le recuerdo a Antonella.
Ya paso, sigo viva. – Me contradice.
—No digas que no fue nada… No saber que te podría pasar mientras estuviste inconsciente. – Le recuerdo.
—Ya estoy bien. – Habla.
—Giancarlo tiene razón Antonella, fue algo grave lo que te sucedió. Pudiste morir. – Interviene Sebastían al menos tuvo la consideración de darme la razón.
—Tu lo apoyas. Que injusto. –Se enoja.
—Es que él está en lo correcto, entrar en paro es que tu corazón se detuvo. No muchos llegan a sobrevivir.— Le explica.
—Si.— Responde derrotada.
—Con su permiso debo de llevar unas cosas rápido si no quiero que Chelsea se transforme en monstruo. Bye Antonella y Giancarlo— Se despide.
—No debiste tratarlo así. – Me regaña.
—Tengo mis razones. – Es mi respuesta.
—Celoso.— Me ve con cara de desaprobación.
—No lo estoy.— Le contesto.
—Claro te creo. – Es sarcástica. – Sebastían es bastante dulce, antes me caía un poco mal pero tratándolo es agradable. ¿Qué opinas?
Me alejo, no quiero oír como halaga a Sebastían en mi cara, si supiera que fue por su culpa que ella tuvo el accidente y que esta metido con Narcotraficante. Si que le parecerá un persona agradable y tratable.
—Giancarlo. – Me llama está corriendo.— Espérame…. No puedo correr mucho. – Esta agitada. Me detengo a esperarla.— Celoso y de primera….
—No lo soy. – Hablo serio.
—Entonces que fue lo de hace un momento… — Sigue riñéndome. —Además sabes que te quiero a ti, estaré contigo hasta que me aguantes.— Me sonríe.
—Yo no me cansare de ti.— La despeino, esto se ha vuelto una manía.
—No soy una niña. – Se ofusca, le doy beso para que se calme se resiste un poco pero luego me corresponde. No hablamos nada seguimos con las compras.
Giovanni:
Regreso a mi apartamento tarde, la razón es sencilla, prefiero pasar el menor tiempo posible al lado de Alexandra. Tal vez Antonella tenga razón y la niña que espera Alexandra sea mi hija, no quiero que le suceda lo mismo del que casi fue su medio hermano. Ver las ecografías de ese niño junto los relatos de Antonella me tocaron. Por lo que si no deseo exasperarme con el temperamento de ella lo mejor es evitarla.
Hoy fue un día en el que unos accionistas rusos vinieron a cerrar unos tratos al final terminamos todos en un night club bebiendo y pasándolo bien junto a varias mujeres. Si que fue una noche divertida, hoy si que me encuentro de buen humor y para no arruinarlo iré a dormir al cuarto de huéspedes.
Camino hacia la habitación noto que la luz del baño se encuentra encendida y entre abierta, es raro. Abro la puerta y encuentro a Alexandra tirada en el suelo en un charco de sangre. Me asusto, la borrachera que tenía se me fue al instante. La llamo no responde compruebo sus signos vitales, por suerte respira. Llamo a emergencias de inmediato y pido una ambulancia.
¿Qué le sucedió? Estoy seguro que yo no fui, estuve con los rusos y recién regrese.
Giancarlo:
Después de más de un mes de no estar juntos íntimamente lo hicimos. Se nota que nuestros cuerpos se extrañaron mucho, la cama quedo hecho un desastre, solo quedo la sabana con la que me estoy cubriendo también lo tapan al desvergonzado.
Suena mi celular terminando de despertarme.
—No contestes. – Me aprisiona entre sus brazos. – Quedémonos así todo día.— Me tienta
Me suelto: Puede ser una emergencia, tengo que hacerlo. – Me levanto cubriéndome con la sabana. – Alo ¿Quién habla?
—Antonella soy Giovanni… — Iba a mandarlo a lo profundo de los infiernos. – No cuelgues por favor. Te llamo por Alexandra.— Esto último capta mi atención.
—¿Qué hiciste?— Le hablo de forma dura, acaso hizo la misma tontería de nuevo.
—No tuve nada que ver… Tienes que venir por favor, ella te necesita.— Me pide.
—¿Qué tiene?— Le pregunto.
—Lo que me han dicho los médicos es que tiene preeclampsia junto una bronquitis aguda casi una neumonía, por su estado no le puedan antibióticos fuertes. Lo única solución es que le hagan una cesarea pero ella se niega… Tu eres la única que la puede hacer entrar en razón… Ven te lo pido. – Se escucha desesperado.
Por otra parte Giancarlo realiza señas para saber con quién hablo. No me cabe duda que estoy en problemas porque apenas se entere se va enojar pero tengo que decirle la verdad. Le contesto.— Giovanni.
Vi sorpresa y luego se levanta de la cama en dirección al baño sin pronunciar una sola palabra.
—¿Estás ahí Antonella? – Me regresa a la realidad.
—Si ¿Dónde está internada? – Le pregunto.
—En la clínica virgen del Carmen. Vendrás ¿Cierto? – Está preocupado.
—No te lo prometo. Bye. – Le cuelgo.
Toco la puerta del baño: Giano abre la puerta. – No responde, se escucha solo el sonido del agua correr. – Giano, eres un adulto no uno de mis alumnos. Abre la puerta – Eso funciono porque no tarda en salir del baño para pasar de largo. – Me llamo porque Alexandra esta muy mal. Su vida y la de su bebe corren peligro. – Le cuento.
—¿Y? No es tu problema.— Responde.
—Si. Pero ella es mi amiga y quiere que hable con ella.— Le explico.
—Es tu decisión, no la mía. – Habla mientras se viste, sin darme la cara.
—Giano no quiero que te enojes conmigo. – Le pido.
—¿Quién te ha dicho que estoy molesto?— Se vuelve frío.
—Tu actitud. – Es mi respuesta.
Es tarde y tengo asuntos que atender. No puedo estar todo el día contigo en la cama. – Me responde.
—Antes que contestara estuviste dispuesto. – Le recuerdo, intento calmarme respirando hondo, no sirve de mucho. – Vete, haz con tu vida lo quieras. – Recojo mi ropa del suelo e ingreso al baño y la cierro con fuerza le coloco seguro.
—Antonella. – Me llama.
—Vete hacer tus cosas importantes.— Le contesto manteniéndome firme, no pienso ceder. – No pienso importunarte más.
—Tu eres importante para mí. – Dice.
—No lo soy… Ve y preocúpate de tus asuntos que yo me ocupare de los míos… — No digo más, me alejo de la puerta e ingreso a la ducha dejando que el agua corra y permita que mis lágrimas se mezclen con él.
Antonella:Las cosas que me ha contado ese hombre han sido terribles, pero ahora comprendo las razones que tiene Giancarlo para sentirse así, Giovanni estaba tan sorprendido como yo, y yo, simplemente Sali de allí tan rápido como pude, no he logrado comunicarme con Giancarlo, tiene su celular apagado, seguramente esta demasiado ocupado con sus pendientes, y quizás es mejor que no le cuente nada de lo que he averiguado, aunque admito que me duele que me oculte una cosa así, realmente, no se ni que debo pensar al respecto, han pasado solo unas horas desde que me entere de la verdad y no se como debo sentirme o como debo reaccionar al respecto.Giancarlo:Me siento hecho una furia, tan es así que realmente no puedo ni me quiero controlar. Se demasiado bien de que se trata todo este repentino interés después de tantos años, y esos regalos supuestamente desinteres
Giancarlo:Antonella esta rara, es como si me escondiera algo y si intento preguntar me advierte que no está para interrogatorios. Lo único bueno de hoy que fuimos donde Michael para que nos diga que todo está bien y que en unos días los sentiremos. Porque lo del sexo de los gemelos vamos a dejarlo como para nuestro aniversario de relación, es decir al día siguiente de la vendimia, ella lo decidió sin consultarme, pero mejor no la contradije porque me vio con mirada asesina si protestaba.Al final me pidió quedarse en casa de su madre porque deseaba ponerse al día con ella tal vez hasta ir de compras. Me ha dejado de lado. Aprovechare para hacer una visita pendiente, una que espero que me de la paz que estoy buscando.Antonella:Hace tiempo que no venía a la casa de los Spencer, la última vez fue cuando Alondra me hizo queda
Hola mis lectores, quiero pedir una disculpa si no he subido actualizaciones, e estado ocupada con cuestiones familiares, a partir del lunes retomo la actualizacion para el final de esta hermosa historia, gracias por su paciencia. Espero puedan comprender que la situacion se fue de mis manos y por ello les ofreco una disculpa. Espero sus comentarios y esperen tambien una nueva historia que pronto estara disponible en la aplicacion, se que han preguntado pro las actualizaciones pero hasta hoy tuve tiempo de avisar, nuevamente espero comprension y amor, de verdad una gran disculpa por las molestias que esto genero, no era mi intencion fallarles. Yubel.
Adam:Antonella sale más temprano de lo habitual y también al irse, siempre se va antes que llegue Giancarlo. Estoy segura que ese par a discutido por algo lo peor es que ninguno de los dos se abre. Antes ella lo hacia pero desde lo sucedido con Teodora le cuesta confiar, no hay necesidad que lo diga sus acciones lo muestran. Tal vez ya no esta tan contenta aquí y quiere irse, después de aquello quien no. Todos conocíamos la historia entre Giancarlo y Teodora, ninguno fue digno de advertirle.—Chau Adam, te veo mañana. – Se despide igual que todos los días.—Antonella ¿Podemos hablar un momento? – Le pregunto.Duda un momento: Está bien.—Acompáñame al otro salón. – Le indico, no es bueno discutir esto en público.—¿Qu&ea
Antonella: Desde la operación Giancarlo a estado serio y extremadamente sobreprotector. No entiendo el motivo, mi madre dice que es por el embarazo sin embargo antes no estuvo así, sin olvidar esos obsequios que llegan a los bebes. Quiero reclamarles a los de la tienda y exigir saber quien los envía porque puede ser algún loco, Giancarlo no deja. Según él porque son tonterías sin importancia, lo peor es que sospecho que conoce al misterioso remitente. Supongo que no tendría que preocuparme pero me es molesto. Lo que ha sido más difícil en este tiempo es tener quieto a Giancarlo, es peor que niño chiquito. Desde la operación si no esta a mi lado saca loco a Adam para ver las cosechas. Al menos ya tomo de nuevo el interés en el trabajo porque Adam me conto que desde que me fui su único plan era como comunicarse conmigo y solucionar todo, después cuando se entero que iba a ser padre se leyó todos los libros sobre paternidad, cuidados en el
Giancarlo:Despierto y lo primero que busco con la mirada es a Antonella o a Adam.—Hasta que por fin despiertas. – Escucho una voz indeseable.—¿Qué haces aquí?— Mi tono es molesto.—No deberías alterarte luego de una operación, es riesgoso. – Por desgracia tiene razón.—¿Qué quieres? Hasta donde recuerdo usted y yo no tenemos ningún parentesco. – Le contesto.—Negar lo innegable. Mírate, eres igual a mi. – Me dice.Me rio: Yo no le quite su herencia a nadie, ni abandone a una mujer embarazada y menos a mi hijo. Tampoco soy un golpeador.—El enojo se ve en su rostro.—Son situaciones que ameritaron dichas acciones. – Se justifica.—No me interesa







