MasukSalí corriendo del recinto universitario siendo perseguida por mis compañeros y amigos. Mi mamá lloraba emocionada, igual que mi padre. Kentin me perseguía con un huevo en la mano, Chester sostenía una botella de cerveza con la intención de vaciármela encima, Ámber correteaba con unas tijeras en la mano, Ayaka tenía las palmas de ambas manos llenas de pintura y pretendía estampármelas en mi ropa nueva mientras Rosa sacaba fotos con una mano y con la otra sostenía su panza de embarazada.
—¡Te graduasteeeee! —gritó Chester mientras corría detrás de mí. No quería que me llenen de harina, huevos y pintura, incluso habían traído arroz, sémola, champagne y sidra, así que debía correr, pero Gaeil se interpuso en mi camino y me atraparon.
Lo que siguió a continuación fue la vergüenza más grande de mi vida. Allison vino con las tijeras, me cortó un mechón de cabello y luego tajeó mi pantalón nuevo en las nalgas, dejando mi trasero al aire en una tanga de jean. Ayaka estampó sus palmas a la altura de mis senos y me embadurnaron entera con todo lo que habían traído. No me importaba nada. Ya estaba sucia y esas manchas no iban a salir, así que no servía de nada resistirme.
—Qué lástima que Aren no esté aquí para apreciar este momento —dijo Ayaka con la mirada baja.
—No sé qué hora es en Islandia pero apenas pueda le mandaré un W******p —dije mientras chorreaba clara de huevo y otras cosas.
—Estoy muy feliz por ti, amor. Eres mi gran orgullo —dijo Kentin, quise abrazarlo pero él me apartó—. ¿Estás loca? Me vas a ensuciar.
Luego de un paseo por la Capital, regresamos al pueblo. Habían sido unas largas seis horas de viaje, yo ya apestaba y el engrudo que habían hecho en mi cabello se había endurecido. Ni el pegamento especial de Art Attack podía compararse con lo que tenía en la cabeza, así que apenas llegué a casa saludé a Fuser y entré a ducharme.
—Linda, ¿ya decidiste que hacer con las fiestas? —preguntó Kentin del otro lado de la puerta mientras yo me quitaba la ropa sucia y rota.
—¡Acabo de graduarme! ¡Dame hasta mañana para pensar que hacer, todavía faltan como dos semanas! —le grité. Mae y Rick vendrían para pasar las Navidades con nosotros y esperábamos juntarnos en familia, pero el departamento de Lola y Thomas era muy chico así que era muy probable que las pasáramos aquí.
—De acuerdo, pero avisa con tiempo porque hay que comprar una tonelada de comida —pidió Kentin. Escuché sus pasos alejarse y yo entré a la ducha.
Luego de higienizarme, me senté en la mesa a ver qué hacer con las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Lo mejor era que las pasáramos aquí, pero luego tendría que limpiar todo yo sola, a menos que Kentin me ayude, además Mae y Rick se quedarían en casa a dormir hasta regresar a Irlanda.
Tomé el celular y marqué el número de Gaeil, al tercer tono me atendió.
—Doctora Sucrette —dijo cuando me atendió, yo no pude evitar reírme.
—Abogada y ya, que todavía no hice la tesis ni la maestría —dije mientras me acomodaba en el sofá—. Y llámame “Annie”, que sigo siendo la misma.
—Está bien, abogada y ya —rio Gaeil—. ¿Necesitabas algo, cuñadita?
—Estoy pensando en que pasemos las fiestas aquí en casa, pero no sé si Helena vendrá, ¿tú que dices? —pregunté. Gaeil se quedó pensando un rato.
—Pues no me dijo nada de regresar a Argentina para las fiestas, así que creo que se queda aquí conmigo —respondió mi cuñado. Anoté su nombre en la hoja que estaba usando para calcular quién venía y quién no.
—Bueno, entonces tú y Helena traerán las bebidas, ¿de acuerdo?
—Específicamente, ¿qué bebidas llevo?
—Lo clásico: champagne, vino tinto y blanco, en lo posible cabernet o malbec porque Kentin no toma otra cosa, cervezas si quieres, ¡Ah! Y Coca-Cola para mí.
—Y una Coca para la futura mamá, muy bien. ¿Quieres de dieta? Tienes que comer por dos pero no engordar para dos —bromeó Gaeil.
—No pienso engordar más que lo necesario; pero sí, tráeme de dieta —dije, lo que más me aterraba del embarazo era engordar, siempre fui una chica delgada pero no quería perder mi figura ahora que estaba esperando un hijo.
Dejé el celular y fui a buscar a Kentin que estaba robando queso del refrigerador.
—Ahora entiendo por qué no dura el queso —le dije mientras me miraba con los cachetes llenos como un hámster—. Con tremenda rata dando vueltas por la cocina... Me parece que tendré que pedirle prestado su gato a Nicholas.
—Pfero tegemos un pego —dijo Kentin con la boca llena.
—No entendí nada —dije conteniendo la risa. Kentin tragó el queso y volvió hablar.
—Que tenemos un perro, y no cualquiera, es un pitbull —dijo mientras buscaba un poco de jugo para pasar la comida.
—Decidí que vamos a pasar las fiestas aquí, va a ser lo mejor porque vienen Gaeil y Helena también —le dije mientras me sentaba en la mesa de la cocina y acariciaba mi barriguita. Mi embarazo avanzaba poco a poco y ya iba a cumplir las diez semanas de gestación.
—Ok, entonces deberé ir a hacer las compras una semana antes de Navidad —dijo mi esposo.
Ya era Nochebuena. Estaba terminando de poner la mesa cuando Helena me llamó.
—¿Sí, Helen? —pregunté mientras me acomodaba el celular entre el hombro y la oreja.
—¿Annie? Escucháme, ¿qué champagne preferís? ¿Gosset Rosé o Dom Pérignon Rosé? —me preguntó desde el otro lado. Se escuchaba un barullo tremendo, al parecer estaba comprando todo a último minuto.
—¿Dom Pérignon? Te va a costar un millón de dólares —le dije—. Compra un Navarro Correas o un Barón B, no tiene que ser un champagne de alta gama.
—No seas tonta, no sale tan caro —me dijo—. ¡Che! ¿Qué te pasa? ¡Estaba en mi carrito! ¡Devolvélo antes que te corte las pelotas! Disculpá, Annie; pero un pelotudo metió la mano en el carrito y me estaba robando el vino.
—Que desubicado… —susurré.
—Bueno yo llevo los dos. Tengo que colgar porque la vinoteca está hasta las manos y tengo que avanzar —dijo.
Colgué y fui a buscar a Kentin, estaba hablando por su celular desde el patio.
—Yo no tengo problema, además sé qué ustedes no se hablan con sus padres desde el nacimiento de los mellizos, así que pueden venir… si quieren… —dijo Kentin. Al parecer estaba hablando Allison o Nicholas. La relación entre ellos dos y sus padres nunca había estado peor desde el nacimiento de Dylan y Catherine, especialmente desde que Allison y Chester se habían casado. En cuanto a la relación de Kentin con Nick… siempre estaba tensa Claramente mi marido nunca iba a superar lo que había pasado entre él y yo, y sólo toleraba la presencia del rubio. Jamás habían vuelto a ser amigos—. Claro que no. Annie ya me dijo que vamos a pasarlo aquí, así que llámala para ver si necesita que compres algo... Ah espera, aquí esta. Amor, es Nicholas.
Tomé su celular y me lo puse al oído.
—Sí, Nick —dije.
—Hola, Annie. ¿No te molesta que Allison, Chester, los niños y yo pasemos Navidad contigo y Kentin? Ya que no tenemos familia, nos gustaría al menos tener una cara amigable.
—Sin problemas, cada uno estará trayendo un plato, así que ustedes pueden traer el postre. Yo haré el plato principal —dije.
—Genial, se lo comunicaré a mi hermana —dijo Nicholas. Intercambiamos unas palabras más sobre preparativos de último momento y luego colgué.
—¿Vendrá? —preguntó Kentin mientras regresábamos dentro de la casa.
—Sí. Es entendible… no quieren pasar las Navidades solos, aunque seguro que Chester está acostumbrado —respondí—. Helena está disputándose una batalla campal en la vinoteca para conseguir Dom Pérignon.
Kentin me miró casi escandalizado.
—¿Qué? Pero va a tener que hipotecar un pulmón para poder pagarlo.
—Según ella no sale tan caro.
—Bueno… Ve tú a saber cuánto le pagan en Dolce & Gabanna. En una de esas para ella no sale caro. —Kentin se encogió de hombros. La novia de Gaeil trabaja en D&G cómo primera secretaria del jefe del lugar y siempre estaba al último grito de la moda.
Mis padres traerían otro plato principal: ellos harían pollo al horno con papas y crema de champiñones y jamón. Yo cocinaría carne de res al horno con encebollado. Aunque unos invitados más se sumaron mientras estaba terminando de poner la mesa navideña.
El timbre sonó alertando a Fuser que estaba sentado en uno de los sillones.
—Bájate de ahí. Sabes que no puedes sentarte en los sillones —le dije y lo corrí. Me dirigí a la puerta y al abrirla me encontré con Ayaka y Aren.
—¡Feliz Navidad, An-chan! —exclamó Aren mientras me abrazaba. Lo miré con detenimiento. Tenía el cabello cómo antes.
—¡Aren! ¡Qué sorpresa más agradable! —le dije mientras lo abrazaba con todas mis fuerzas—. ¿Qué hacen por aquí? ¿Y Lily y Lila?
—Lily no pudo venir, se quedó en Islandia porque no le daban permiso en el trabajo, pero yo pedí mis vacaciones para estas fechas —dijo Aren mientras lo invitaba a pasar, Ayaka estaba trayendo varios tupper con comida—. Y cuando llegué al país me encontré con la grata sorpresa de que mis padres se fueron a pasar las fiestas a Brasil.
—Yo te lo dije, pero nunca me haces caso —dijo Ayaka—. En cuanto a Lila almorzaremos mañana juntos con su padre, ella pasará las fiestas con él. Ya sabes que es divorciado y está sólo con ella.
—Así que le preguntamos a Kentin si podíamos pasar las fiestas con ustedes y me dijo que sí —terminó Aren, yo miré la mesa, iba a tener que poner otros dos lugares más.
—Aren, baja los regalos del auto. Yo tengo que dejar esta comida —dijo Ayaka, su gemelo obedeció. Cuando Ayaka vio la mesa del comedor vestida de gala y llena de platos abrió los ojos, estupefacto—. ¿Cuántos somos?
—Once. Sin contar a los hijos de Allison —dije mientras tomaba otros dos platos más para los gemelos. Ayaka empezó a levantar los dedos.
—Yo cuento que somos diez, ¿quién más viene? —preguntó Ayaka.
—Louis. Rosa y Leigh se fueron a pasar las fiestas a Inglaterra junto con Ariadne y Ptolomeo —le expliqué. Louis se nos unió a último momento al enterarse que Chester celebraría Navidad con nosotros.
Aren regresó trayendo los regalos, al parecer Ayaka había ido de compras porque eran una montaña. Kentin bajó ya vestido, me sorprendía su organización porque había tenido suficiente tiempo para ayudarme en la cocina y vestirse para la cena.
—¡Hola, muchachos! Ya llegaron —saludó a los gemelos con un abrazo.
—Muchas gracias por invitarnos, lo habría pasado muy aburrido con Aren ignorándome toda la cena mientras juega —dijo Ayaka. Aren sacó su portátil y se puso a jugar mientras se sentaba en uno de los sillones al lado de mi perro—. ¡Aren! No seas maleducado, estamos en casa ajena.
—Es el evento de Navidad y debo estar. Serán sólo un momento, no suele durar más de cuarenta y cinco minutos,
Ayaka suspiró molesto mientras yo me reía.
—Déjalo, a mí no me molesta —le dije mientras me dirigía a la cocina a ver cómo seguía el cerdo.
—A mí sí. Es insoportable con esos malditos videojuegos —dijo Ayaka, se sentó en una de las sillas de la mesa de la cocina.
—¿Cómo está Lila, Aya? —preguntó mi esposo mientras robaba un pedazo de queso de la bandeja de carnes frías que consistía en la entrada. Le pegué en la mano, pero él simplemente rio y se lo comió.
—Bien. Está pasando la Navidad con su padre, quizás yo vaya a pasar Año Nuevo con ellos porque Aren no estará para para entonces, regresará a Islandia el veintiocho para pasarlo con Lily —explicó Ayaka.
—Una lástima. Estábamos pensando en organizar una fiesta de Año Nuevo o salir a festejarlo afuera —le comenté. Con Kentin teníamos pensado recibir el nuevo año bailando en una discoteca con nuestros amigos, aunque lo más probable era decorar la casa para ambientarla y que Chester y Allison la pasen con nosotros—. Esto de tener a uno de nuestros mejores amigos tan lejos no nos conviene.
—Para nada, especialmente cuando se trata del bueno de Aren —rio mi esposo,
—¡Lo tomaré como un cumplido! —gritó Aren desde la sala, sonó el timbre y Kentin fue a abrir, escuché la voz de Louis, Chester y Nicholas saludando a Kentin.
—¡Feliz Navidad! —dijeron con entusiasmo. Me quité el mandil y salí a saludarlos. Allison se había recuperado perfectamente de su embarazo, pero ahora se cuidaba con anticonceptivos inyectables. Llevaba a Catherine y Dylan en sus brazos mientras Chester traía los regalos, al igual que Louis y Nicholas la comida.
—¡Llegaron! Qué bueno, ya estamos casi todos. Sólo faltan Gaeil y Helena —dijo Kentin mientras tomaba en brazos a Dylan, Allison y Chester nos habían nombrado los padrinos del niño y a Nicholas y Melany como padrinos de la niña, pero desde que el rubio había terminado su noviazgo con ella que no la habían vuelto a ver, así que sustituí a Melany en sus labores cómo madrina de Catherine.
Al ver que su padrino lo alzaba en brazos, Dylan empezó a reír con muchas ganas.
—¡Hola, campeón! A ver esos cinco —dijo Kentin y le enseñó su mano cubierta por los guantes para la moto, Dylan chocó su palmita con la enorme manaza de Kentin—. ¿Te has portado bien? ¿Qué le pediste a Santa?
Dylan primero rio, se notaba que era un niño algo tímido, pero para tener dos años ya hablaba bastante bien.
—Un camión —susurró, Chester se rio con ganas.
—Eso no es todo lo que le pediste, ¿qué más? —preguntó su padre, Dylan volvió a sonreír.
—Un triciclo —murmuró, Kentin dejó salir su carcajada.
—¿Y te portaste bien? Mira que si no comes toda la cena no vendrá —sonrió. El niño asintió mientras reía—. Eso está muy bien, ¿quieres ir con la madrina?
Dylan me miró y me tendió sus bracitos para que lo alce, yo lo recibí y le di un beso. Kentin se acercó a Catherine, pero ella se alejó mientras negaba con la cabeza y se escondía.
—¡No! —le dijo. Allison río.
—Está enojada porque Chester no puso a la Dotora Juguetes en el auto mientras veníamos para aquí —explicó. Chester blanqueó los ojos.
—Ya estoy harto de esas canciones infantiles, al menos mi hijo aprecia el rock, ¿o no, Dylan? —rio el pelirrojo.
—Prefiero que mi ahijada escuche música acorde para su edad, aunque la Doctora Juguetes no es recomendable… —masculló Nicholas, Louis lo apoyó.
—Eso es cierto. Los pediatras recomiendan que los infantes escuchen a Mozart, aunque prefiero a Chopin o Puccini.
Escuchamos unos pasos en la escalera y bajaron la abuela Mae y Rick. Al ver a nuestros amigos, los saludaron y Mae me miró un poco ceñuda.
—Annie, querida no cargues mucho peso. Estás embarazada —dijo, y extendió sus manos hacia Dylan para poder alzarlo.
—En eso Mae tiene razón, no es recomendable que lo alces estando encinta —dijo Allison mientras dejaba a su hija en el piso—. ¿Ya sabes que nombre le pondrás?
—Pues aún no, estábamos pensando en ponerle Jason o Stephan si es varón, y Alía o Rachel si es mujer, aunque todavía no está decidido —dije pero Kentin me interrumpió.
—Esos son los nombres que tú le quieres poner, yo pensaba en William o Alexander si es un niño—rio.
—William me gusta —dijo Rick mientras nos sentábamos todos a la mesa. Aún faltaban mis padres, el de Kentin, Lola y Gaeil con Helena—. Alexander no tanto.
—¿Y si es una niña? —preguntó Louis.
—Pues Lorenna o Nora —dijo mi esposo.
—Ay, no, Nora no —se quejó Mae mientras negaba con la cabeza—. No le pongas el nombre de tu tía abuela, por amor de Dios. Heredará su mismo carácter podrido.
Nuevamente sonó el timbre de casa y fui a abrir: eran los invitados faltantes.
—Merry Chirstmas, everyone! —exclamó Gaeil, que fiel a su estilo venía vestido con una campera de cuero y tachas con un gorro de Santa Claus en la cabeza.
—Ay, Dios. Cuándo no dando la nota —suspiró mi esposo mientras se tapaba la cara.
Helena pasó con la comida, al igual que mi madre y Thomas. Lola traía a Fionna al estar embarazada de casi nueve meses no podía cargar nada más que su panza.
—Bienvenidos todos —dije mientras los saludaba. Ahora sí podíamos empezar a cenar.
La cena transcurrió con normalidad, toda la comida estaba deliciosa aunque Gaeil y Chester estaban un poco alegres por el vino y la cerveza, mi esposo miraba todo con ceño fruncido.
—¡Atención, queda menos de un minuto para la medianoche! —anunció mi padre mientras empezaba a preparar el champagne para brindar, aunque yo iba a brindar con refresco.
—¡Cinco... Cuatro... Tres... Dos... Uno... Feliz Navidad! —gritamos todos y alzamos las copas en alto. Luego de un intercambio de abrazos y besos fuimos a abrir los regalos.
Los más agasajados fueron los niños, y el futuro bebé O'Connor, aunque yo también recibí varios regalos.
—¡Una Navidad en familia no está completa sin unos villancicos! —dijo Rick mientras se acercaba con cuidado al piano de la casa.
—¡Te apoyo en esta, abuelo Rick! —exclamó Chester. Yo quisiera saber en qué momento había entrado su guitarra a la casa.
—Pero papá, tú no sabes villancicos en español —le recordó Thomas con una sonrisa.
—Eso no importa, los cantaremos en inglés si hace falta —dijo Chester—. Además el único que no sabe inglés aquí es Ayaka.
—En ese caso, tocaré una que todos conocemos, sea en inglés o español —dijo Rick. Se hizo tronar los dedos y tocó unos acordes que al instante los reconocí al instante, al igual que todos—. You know Dasher and Dancer and Prancer and Vixen, Comet and Cupid and Donder and Blitzen. But do you recall the most famous reindeer of all?
—Era Rodolfo un reno que tenía la nariz... —empezamos todos a cantar en lo que Rick tocaba el piano. No podía estar más feliz, estas eran las verdaderas Navidades en familia: una deliciosa cena, villancicos y amor por dónde se mire.
Estaba descansando apoyada contra la pared de la galería de afuera cuando Kentin se me acercó, adentro se estaba desarrollando un baile algo improvisado.
—Que Navidad más maravillosa —suspiró mientras me abrazaba.
—Amo este tipo de reuniones —le comenté mientras le rodeaba la cintura con un brazo. Kentin levantó la vista y vio unas pequeñas hojas colgando con frutos rojos arriba de nuestras cabezas.
—Muérdago —anunció, no pude evitar reírme.
—Debe estar lleno de nargles —dije. Kentin me miró extrañado, pero me reí y me acerqué a sus cálidos labios con gusto a champagne.
Finalmente, llegamos a La Libertad la tarde del veintinueve de julio, para hacer noche allí y dirigirnos rápidamente hacia Guatemala. No hay mucho para comentar de esta parte del viaje, puesto que apenas estuvimos un par de horas y el tiempo que pasamos allí lo aprovechamos para comer y descansar; sin embargo, descubrimos que era un pueblito realmente bello, pintoresco y tranquilo.Nos pareció bastante justo darnos una cena como Dios manda, pues hacía bastante que necesitábamos con urgencia comida de verdad; habíamos estado sobreviviendo a base de pizzas, hamburguesas, pollo frito y comida enlatada (verduras variadas en el caso de Lila) así que lo que nos ahorramos alojándonos en un hotelito pequeño, barato y de mala muerte lo gastamos comprando arroz, mariscos y pescado fresco, todo tipo de verduras, frutas y cereales y nos armamos una comilona digna de los dioses del Olimpo; como La Libertad era un pueblito de pescadores había muchísima oferta de carnes marinas a buen precio y bien
Nuestra estancia en Cartagena fue realmente hermosa: La gente colombiana, tan cálida y amable, nos recibió en su ciudad con los brazos abiertos e hicimos muy buenos amigos, amigos que duran hasta el día de hoy. Los Murcia estaban empecinados en que dejemos nuestra estancia en el hotel y nos hospedemos en su casa, pero tuvimos que negarnos ya que Chester había gastado sus puntos de viajero frecuente para hacernos ese costoso regalo a todos nosotros.Además de disfrutar del hotel y sus comodidades también nos permitimos recorrer a fondo la Ciudad Amurallada, disfrutando de sus colores, aromas y sabores.Nos quedamos enamorados de las casitas pintadas de colores tan vivos (nuevamente me volví loca con los balcones coloniales), las artesanías y cuadros pintados por artistas locales (Lila alabó al artista y adquirió varios cuadros para su casa).Sin lugar a duda, mis sitios favoritos fueron la Torre del Reloj, la Ciudad Vieja y las murallas; me sentía como Fermina Daza en el Amor en los Ti
Luego de una semana de viaje por tierra, pasamos por Chivay, Puno, Cuzco, Chalhuanca y Nasca... Y finalmente llegamos a Lima, y pese a que extrañaba mucho a mi amiga, agradecía que Rose se haya tomado el vuelo directo hasta la capital del Perú, pues habría tenido que escuchar sus quejas cuando no conseguimos hospedaje en Chalhuanca y tuvimos que acampar en el patio trasero de la casa de una familia, que muy amablemente nos ofreció esa opción mientras hablábamos en una gasolinera, intentado encontrar un lugar dónde nos reciban a todos; pero en todos lados pasaba lo mismo: No había habitaciones para todos nosotros. La otra opción había sido que nos separemos en distintos hostales pero nos salía mucho más caro que quedarnos todos en un sólo lugar.Pero por suerte, los Quispe nos ayudaron y nos ofrecieron un baño limpio, agua caliente y comida. Aunque... No todo lo que brilla es oro, y cuando la limosna es demasiado grande, hasta el santo desconfía: Chalhuanca no me gustó para nada, y men
Estuvimos cerca de cinco meses, si no fue más tiempo, planificando hasta el más mínimo detalle para que este último viaje sea lo que todos queríamos: Una loca aventura.Lo primero y principal en la lista de "Cosas Para Hacer" o la "To Do List", como le decía Rose, fue con quién dejar a nuestros hijos. En el caso de Rose, Chester y de mi familia no había mucho problema, ya que nuestros hijos y las de Rose estaban mayores y podían de cuidarse solos, y los hijos de Chester estaban afuera; además que Gaeil me había prometido que iría todos los días a ver cómo se encontraba Dante, pero dos de los hijos de Armin eran aún menores, así que se solucionó de manera muy efectiva: Los padres de los gemelos cuidarían de sus nietos mientras que Luz vería por la seguridad de la casa de sus abuelos.Lo siguiente fue encontrar los vehículos adecuados para transportar por toda América a once personas: Obviamente, mi camioneta entró sin discusiones a la flota imperial, dónde iban a viajar cuatro personas
La boda de Liam con Carmencita fue especialmente hermosa e íntima, conseguimos un bonito salón en los predios del ejército y todo salió acorde a lo planeado. El padrino de Liam fue su hermano, Dante, y la Dama de Honor de Carmencita fue una de sus amigas que viajó especialmente para ese día, una muchacha muy bonita y de hermosos ojos café. Estaba muy orgullosa de mi hijo mayor y aunque me lloré toda la ceremonia hice lo posible para salir bien en las fotos.Catrina también había venido desde Europa, aprovechamos su regreso para conversar sobre su embarazo. Sabía quién era el padre y había decidido ser madre soltera, por el momento no quería casarse pero estaba muy consciente que ese bebé que venía le limitaría mucho su vida profesional, ya que sus horarios de ensayo eran muy estrictos y no podría cumplir con ambas obligaciones como ella quería.—He decidido que voy a solicitar una plaza en el Ballet de la Ciudad y montaré mi propia academia de danza —dijo Catrina mientras elegíamos el
Estábamos en el aeropuerto de la ciudad esperando el arribo de Rose, sus hijas y Louis. Estaba preocupada por mi amiga, seguramente vendría destrozada y sin ánimos de nada, pero allí estaba yo para acompañarla en ese momento de gran dolor, pues había vivido en carne propia lo que era perder a un marido de un momento al otro y la depresión que me había atrapado por varios meses.—Se anuncia la llegada del vuelo 4829, proveniente de la ciudad de Londres, Inglaterra, en la puerta cinco —dijo la voz de una mujer por los altoparlantes del aeropuerto y luego repitió esto en inglés. Nosotros ya estábamos en esa puerta con mi esposo, Chester, Allison, los gemelos y sus respectivas esposas. Dante se había quedado estudiando para los parciales y Gaeil se había excusado por una fuerte gripe que lo tenía postrado en cama.El aeropuerto había cambiado mucho desde que Kentin llegó de Kuwait; lo habían ampliado y ahora contaba con más puertas de embarque y recibía más de mil vuelos mensuales. Sin lu







