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La reunión

Author: Jeanne H.A
last update publish date: 2022-04-28 01:56:55

Agnes:

Sebastien me había notificado de un evento importante al que debíamos asistir, me había comprado un vestido de noche precioso, y claro que no había dejado de fantasear toda la noche, el pensamiento que él tendría que actuar como si me amase me ponía por demás feliz, y a esa felicidad podríamos incluir que mi padre no estaba invitado.

Cerca de las 7 me bañe, cambié y comencé a maquillarme y peinarme, usaría maquillaje para ocultar las zonas dónde mi rostro parecía hundido, quizás debería comenzar a comer más, no es que me importara enfermarme o algo parecido, lo único que quería es no verme así en caso de que me llevará a más fiestas, lo que estaba segura que pasaría, era la temporada, muchos hombres hacían grandes negocios o las mujeres decidían hacer reuniones para mostrar alguna cosa ostentosa que sus maridos les regalaron como disculpa por una o varias infidelidades.

Me observo en el espejo y noto que, pese a todo, me veo bastante bien, el maquillaje era discreto y sencillo, pero resaltaba los puntos importantes de mi rostro. Había creído que todo eso de aparentar se había terminado, pero en fin.

Durante mi preparación había pensado en los temas que muchas de las mujeres me preguntarían en la fiesta, tenía una o varias respuestas que dependería de cómo formularan dicha pregunta, sabía muy bien cómo eran esas mujeres, me preguntarían sobre mi vida de casada, como me trata, como es Sebastien como esposo, si me divierto en mi matrimonio, cuando planeo embarazarme y un sinfín de preguntas relacionadas, la verdad es que esas pobres mujeres no tenían en qué ocupar su tiempo, quizás si tuvieran un marido que las pusiera a hacer algo de provecho, no se meterían en las vidas ajenas, pero en fin, quién era yo para juzgar eso cuando muchas veces había envidiado su libertad.

A eso de las 7:30 Cleo me avisa que Sebastien esta listo para marcharse, así que tomo un bolso de correa, guardo el móvil, un labial y salgo alzando un poco el frente del vestido, me quedaba un poco largo pero durante el trayecto lo arreglaría mejor.

- Lamento la tardanza –digo llamando la atención de Sebastien, él veía por la ventana, su mente parecía perdida.

- Vamos –me ve de reojo antes de comenzar a caminar, el clima era perfecto para no usar un abrigo, además de que mi vestido tenía mangas ¾, así que no había necesidad de uno.

Salimos de la casa, Martin nos espera con la puerta abierta, me ayuda a subir y enseguida Sebastien, Martin cierra la puerta y se dirige al asiento del piloto, pronto estamos en marcha.

Me acomodo de tal forma que puedo moverme para acomodar en vestido en la parte delantera de mi sujetador, debía ser cuidadosa de no rasgar o dañar el vestido.

- Listo –digo más para mí que para él, estaba segura que con ese arreglo, no me arrastraría ni se vería el arreglo.

- Supongo que no debo recordarte que debes comportarte, ¿o sí? –dice en tono frío, alzo la vista para verlo, lucía demasiado bien en traje, además el gris oscuro resaltaba sus ojos.

- Sí, no te preocupes, lo tengo todo bajo control –sonrío de lado, él no sabía cuántas veces había hecho esto, pero ya lo comprobaría.

Sebastien:

La reunión era en casa de uno de mis socios, a decir verdad, esa era la única razón por la que venía. El auto se detiene frente a la mansión, Martin nos abre la puerta y ayudo a Agnes a bajar, ella sonríe antes de colocar su brazo sobre el mío.

Caminamos a la entrada, debía decir que toda la decoración gritaba ostentoso por todos lados.

- Señor y señora Edevane-Gray, que gusto verlos esta noche –dice una mujer cerca de los 50 que se negaba a envejecer.

- Señora McAllen, que gusto verla de nuevo –dice Agnes salvándome de la situación, la verdad es que no sabía el nombre de casi nadie, eran pocos–, ¿cómo se encuentra Lauren y sus hijos? Me imagino que deben estar bastante grandes los gemelos –y esta era otra cosa que desconocía, la vida de los demás.

- Están de maravilla, mis nietos crecen tan rápido, aunque a veces me dicen que si no son mis sobrinos, no creen que sean mis nietos –dice en falso tono molesto, no era un secreto para nadie que era fanática del bisturí, no juzgaba, ella sabría, pero su belleza no era natural ni por asomo.

- No lo dudo, si nos permite, aún debemos saludar a otros –Agnes le muestra una sonrisa apenada.

- Claro, claro, adelante, salí por un poco de aire –dice abanicándose el rostro con la mano.

- Nos vemos dentro, entonces –esperaba que mi falso tono cortés fuera creíble a los oídos de esa mujer, y al parecer fue así porque sonrío y al fin pudimos entrar.

Las presentaciones me parecieron eternas, odiaba estar entre tantas personas, por el contrario, Agnes parecía que había hecho esto toda su vida, y era probable que así fuese teniendo que acompañar siempre a su padre en representación de su madre.

- Señor Edevane-Gray, nos robamos a su esposa unos momentos, debemos hablar cosas de mujeres, ya sabe –me guiña un ojo y asiento sin más, Agnes lucía tranquila pero estaba seguro que esta situación le molestaba, me había dado cuenta en cuanto las vio acercarse.

Veo como se alejan, ella sonríe, asiente, se sonroja o niega a lo que le preguntan, por mi parte estaba en una esquina hablando con algunos socios o hijos de ellos.

- Tienes mucha suerte Sebastien –dice uno, evito fruncir el ceño o rodar los ojos por la familiaridad con la que me habla–, cualquiera de nosotros habría dado lo que fuese por estar en tu lugar –suspira mirando a Agnes, frunzo el ceño molesto–, es que imagina, lo tienes todo, es hermosa, inteligente, esta buenísima y encima al padre que tiene, eres un jodido suertudo, cuando no la quieras, nos avisas, cualquiera de nosotros estaremos felices de tenerla en nuestra cama –escucho que todos ríen, aprieto los puños y me giro a verlo.

- Ten cuidado con lo que dices acerca de mi esposa –digo con ira contenida, mi expresión es suficiente para borrarles las estúpidas sonrisas de sus horrendas caras–, sólo te recuerdo quien es mi suegro, si tú o tu familia quieren evitarse problemas, mantén la boca cerrada, con permiso –digo alejándome de ahí dando grandes zancadas, necesitaba aire, así que decido salir al jardín, justo dónde estaba la señora McAllen.

Me froto el rostro, una cosa es que quisiera vengarme y otra diferente que permitiera que le faltaran al respeto, podría ser muy hipócrita de mi parte, pero ante todo era una mujer, no un objeto.

- No debes hacerles caso –su suave voz me trae al presente–, suelen ser unos enormes tontos la mayoría del tiempo, por eso ninguna mujer con 3 dedos de frente se interesa en ellos –se encoge de hombros mientras se acerca a la fuente, se sienta y juega con el agua, con la poca luz lograba darle un aura etérea, era casi irreal verla.

- ¿Cómo soportas esto? –pregunto al tiempo que me siento frente a ella.

- Son años y años de hacerlo, al final aprendes a poner tu mejor cara, sonreír y responder de manera educada pero breve lo que te preguntan –se encoge de hombros–, pero es muy cansado, es lo malo de ser parte de este círculo social –dice con ironía, su vista perdida en las ondas que hace el agua por la intrusión de sus dedos, asiento sin dejar de verla, tenía la extraña sensación de que había mucho más en aquellas palabras de lo que yo podía descifrar.

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