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¿Prófugos o sobrevivientes?

Author: Jeanne H.A
last update publish date: 2022-04-26 12:11:25

Sebastien:

Una vez fuera, los llevamos a una habitación de invitados, ahí ella les proporciona ropa, por suerte Agnes era pequeña y menuda, por lo que su ropa les quedo bien a ambos.

- Quisiera saber que pasa, de lo contrario, no puedo ayudarles –digo serio, Agnes había ido a prepararles algo de comer, mientras el pequeño comía ella vendaba la mano de la mujer, la cual hacía gestos a pesar de los cuidados que tenía Agnes hacia ella.

- Soy Charlotte Von Hallen, y él mi hijo, Edan Von Hallen –dice viendo a Agnes trabajar, podía ver que su dedo estaba fracturado, eso debía doler como los mil demonios–, el hombre que vino es Ezra Von Hallen, mi esposo –asiento, sabía quien era el hombre, nunca lo había visto pero se alegraba de aquello.

- Había oído rumores de que era una bestia, pero como te veías tan contenta a su lado, creí que eran eso, rumores –dice mientras envuelve con cuidado el estabilizador improvisado.

- Las apariencias engañan, querida señorita St. Vincent –sonríe de lado–, más bien, señora Edevane-Gray –Agnes le sonríe de lado una vez termina.

- Eso lo sé –dice de manera escueta–. Esto te ayudará por un tiempo pero necesitas ver a un doctor para evitar alguna lesión peor –dice ella comenzando a guardar todo.

- Necesito que me ayuden a irnos de aquí, algún país dónde no pueda encontrarnos –mira a su pequeño, se estaba quedando dormido.

- Pueden quedarse esta noche aquí, por la mañana veremos que se puede hacer, quizás mi amigo me preste su avión privado y pueda llevarlos lejos, buscaré un país lejano dónde le sea difícil encontrarte –ella asiente agradecida–, ahora come y duerme, se irán temprano en la mañana –con cuidado abraza a Agnes, sin ella, nada de esto podría ser posible. Salimos dejándolos descansar.

- Sebastien, hay un problema en todo esto –dice nerviosa, me giro a verla–, van a necesitar documentación, y por lo que vi, ella no la tiene –dice bajo, asiento, ya había pensado en todo.

- No te preocupes, todo está cubierto, vete a dormir, mañana vamos a madrugar –ella asiente y se gira para marcharse, algo que me había causado conflicto, recordaba perfecto la noche anterior, no había podido más con los recuerdos y había acabado entre sus brazos, creí que se negaría y me echaría a patadas, pero me había aceptado de buena gana, señal de que seguía amándome, algo que me dejaba un sabor agridulce en la boca, una parte de mi agradecía que siguiera amándome, pero otra, quizás la parte más masoquista de mí, quería que me odiara para que intentará correr con su padre, no entendía como es que eso no pasaba, jamás la veía usando el teléfono para otra cosa que no fuera la alarma y contestarle a Cleo o Martin cuando anda lejos de ellos.

Podría decir que estaba equivocado, y podría pensarlo de no ser porque cada que veía a su padre, me preguntaba de la manera más amorosa por su hija, incluso mencionaba las llamadas que le hacía, que se alegraba mucho de que nuestro matrimonio fuese viento en popa y que esperaba siguiéramos así, que no era fácil pero con la persona adecuada, todo era posible, por esto y más, no tenía ninguna duda de que ella terminaría por romperse y quejarse con él, pero nada podría hacer, de manera legal, ella era mía. Con esta idea en la cabeza, camino a mi habitación, mañana sería un día largo.

Agnes:

Me había despertado a la misma hora, tras la ducha me dirijo a la cocina, necesitaba hacerles un pequeño almuerzo para el camino.

Había tenido vagos recuerdos de mi madre en mi infancia tras conocer a Charlotte, a decir verdad, no dudaba ni un poco que mi padre también fuese violenta con ella, y la verdad es que entendía porque se fue, pero al ver a esta mujer escapar con su hijo, no podía entender como ella se fue sin mí, porque no se arriesgó, preguntas como esa no me dejaban dormir de noche, y más ahora que había visto a esta madre.

- Buenos días –escucho decir una voz detrás de mí, era Charlotte y su hijo, había dejado más ropa para el día de hoy, tenía algunas camisetas y pantalones cortos en colore neutros, así él podría usarlos.

- Buenos días, ¿gustan algo de fruta, jugo, café? –digo suave, parecía más tranquila.

- ¿Puedo comer cereal? –mira a su madre y luego a mí, le asiento.

- Toma asiento pequeño, ya te sirvo –camino al frigorífico y saco la leche, de la alacena un plato y de otra puerta el cereal–, sólo tenemos del natural, pero podemos ponerle plátano, ¿te parece? –el pequeño asiente, así que sirvo todo, voy al frutero para coger un plátano, comienzo a cortarlo en rebanadas y le doy una cuchara, comienza a comer animado, era bueno verlo así de feliz y tranquilo.

- Serás una gran madre –la suave voz de Charlotte me hace apartar la vista de Edan, me sonrojo con ganas, dudaba mucho de eso, aunque Sebastien me buscase de vez en cuando, estaba segura que no sería suficiente para quedarme embarazada.

- Gracias –digo bajo fingiendo timidez, ella me sonríe de vuelta.

- Esta todo listo –dice Sebastien entrando en la cocina, en la mano sostenía unas bolsas–, traje pelucas y lentillas de color, en el lugar los esperará un amigo mío para darles papeles falsos, necesito que las usen al momento de llegar al país para que no descubran el engaño, deben apegarse a sus identidades, ¿de acuerdo? –mira a ambos, los 2 asienten–. Vamos, deben salir antes de que amanezca, así les será más difícil rastrearlos –el pequeño termina su cereal y se pone de pie.

- Gracias –Charlotte me abraza con fuerza y le devuelvo el abrazo.

- Espero que tengas una mejor vida Charlotte –digo suave, ella se separa y junto a su hijo, siguen a Sebastien, me apresuro a recoger la cocina para después comenzar con mi limpieza de todos los días. Mientras limpiaba la biblioteca, me preguntaba de dónde había sacado Sebastien aquellos documentos, porque estaba muy segura que no eran legales, sin embargo, había decidido no darle más vueltas al asunto, después de todo, lo importante era usar eso para el bien, ¿no? Y eso habíamos hecho, o al menos quería creer que más que prófugos, eran sobrevivientes, y estaba segura que lo eran viendo la actitud tan horrible de su marido, quizás con las nuevas identidades podrían fabricarse su propia muerte.

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