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Capítulo Dos

Author: Victor
last update publish date: 2026-05-08 06:29:10

Punto de vista de Julian

El escozor de la bofetada aún perduraba. No solo en mi mejilla, sino en mi orgullo.

La reacción del salón fue otra cosa. Algunos esperaban mi respuesta. Otros incluso se rieron.

Las risas aún resonaban en mi cabeza mientras salía del Onyx. Tenía la mandíbula tensa y el orgullo herido de una forma que no había sentido en años.

Una mujer se había atrevido a ponerme las manos encima. En público.

Imperdonable.

No tenía idea de con quién se había metido.

La puerta de mi coche ya estaba abierta cuando salí. Mi chofer inclinó ligeramente la cabeza mientras me deslizaba en el asiento trasero, con el cuero fresco contra mis palmas.

Saqué el teléfono y marqué un número.

—Martin.

—¿Sí, señor? —La voz de mi jefe de seguridad sonó tan firme como siempre.

—La bartender. La que me abofeteó esta noche. Quiero su nombre, dirección, todo antes del amanecer.

—Considéralo hecho.

Colgué y miré por la ventana tintada mientras el coche se adentraba en la noche. Nueva York brillaba a mi alrededor, pero lo único que veía era su rostro: aquellos ojos furiosos, aquella mano desafiante.

Bella Reyes. Fuera quien fuese, había cometido el error de cruzarse en mi camino. Y las personas que se cruzaban en mi camino… no duraban mucho.

Para cuando llegué a mi ático, la ciudad se extendía debajo de mí como un reino. Mi reino.

Salí del ascensor y me recibió el silencio. Las paredes de cristal se abrían al resplandeciente skyline de Manhattan.

Ventanas del suelo al techo, suelos de mármol italiano, obras de arte invaluables y hermosas… Todo allí gritaba riqueza, poder y control.

Y, sin embargo, sentía un destello de algo que no había experimentado en años. Una chispa de irritación… y de interés.

Me aflojé la corbata y me serví un vaso de bourbon. El líquido ardía al bajar, pero no acalló el pensamiento que daba vueltas en mi mente.

Bella Reyes.

No solo me había abofeteado. Me había desafiado. Y eso era algo que no podía permitir.

Debería estar furioso. Debería estar planeando su ruina. Y lo estaba, pero debajo de todo eso sentía algo más, algo que no podía nombrar.

Curiosidad.

Por primera vez en años, no pensaba en poder ni en dinero.

Pensaba en ella.

Punto de vista de Bella

El resto de mi turno fue una tortura. Cada vez que pasaba, sentía el peso de las miradas sobre mí: curiosas, burlonas e incluso compasivas. Las noticias volaban rápido en el Onyx, y para entonces todos sabían que había abofeteado a Julian Blackwood.

No me arrepentía. Ni por un segundo. Pero sabía que acababa de convertirme en un objetivo.

Cuando por fin terminé mi turno y entré al office trasero para recoger mi bolso, mi jefe me estaba esperando. Su expresión lo dijo todo antes de que abriera la boca.

—Bella… —suspiró, frotándose la nuca—. Estás despedida.

—¿Qué? —Mi voz se quebró.

—No te hagas la sorprendida. Deberías haberlo pensado mejor antes de ponerle las manos encima. Julian Blackwood es dueño de media ciudad. La gente como nosotros no gana contra hombres como él.

Se me cerró la garganta, pero me negué a dejar que me viera llorar.

—¿Así de simple? ¿Me defiendo y pierdo mi trabajo?

No respondió. No hacía falta. El silencio fue suficiente.

Agarré mi bolso y salí furiosa, con el taconeo de mis zapatos resonando contra el suelo de baldosas.

Fuera, el aire frío de la noche me golpeó, pero no fue suficiente para apagar el fuego en mi pecho. Mi aliento se condensaba en la brisa helada mientras caminaba, cuadra tras cuadra, con la rabia luchando contra el nudo de temor en mi estómago.

El alquiler vencía en dos semanas. Mi hermana aún dependía de mí para ayudarla con la matrícula de la universidad. Y ahora, por culpa de un multimillonario arrogante, mi sueldo había desaparecido.

Pero no iba a derrumbarme. No por Julian Blackwood. No por nadie.

Levanté la barbilla y seguí caminando.

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