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CAPÍTULO 12: LA NUEVA DINASTÍA PARTE 2

Penulis: Joe Paz
last update Tanggal publikasi: 2025-12-01 09:15:51

Astrid Novak apareció en el escenario con la energía de un huracán. Chaqueta de cuero, cabello oscuro suelto, voz rasposa y presencia arrolladora. Desde la primera canción, la conexión con el público fue instantánea. Cada acorde de su guitarra, cada palabra de sus canciones, cada mirada al público parecía encender aún más la emoción en el estadio.

Luca la observó con genuina fascinación.

No se trataba solo de talento. Se trataba de algo más. Una presencia que atrapaba, un fuego que se sentía incluso a la distancia.

Valentina, que estaba a su lado, lo miró de reojo y sonrió.

—Sabía que te iba a gustar.

Luca negó con la cabeza y bebió un sorbo de su whisky.

—Tiene algo. No sé qué es, pero lo tiene.

El concierto continuó con un ritmo imparable. Canción tras canción, el público cantaba cada palabra, y por un momento Luca dejó de lado los negocios, el club, las preocupaciones. Solo estaba allí, disfrutando del espectáculo.

Cuando el show llegó a su clímax, con las luces parpadeando y la multitud enloquecida, Astrid se quedó de pie en el centro del escenario, con su guitarra colgada al hombro y el micrófono en la mano.

—Gracias, Vittoria.

La ovación fue ensordecedora.

Cuando todo terminó, Valentina no tardó en arrastrarlo al backstage.

—Vas a conocerla.

—¿Es realmente necesario?

—Sí.

Luca suspiró, pero la dejó hacer. Sabía que cuando Valentina se proponía algo, no tenía sentido resistirse.

Los pasillos detrás del escenario estaban llenos de técnicos, músicos y miembros del staff. La atmósfera era caótica, pero en el centro de todo estaba Astrid, hablando con su equipo mientras sostenía una botella de agua.

Valentina se acercó con su sonrisa radiante.

—Astrid, quiero presentarte a alguien.

La cantante se giró y sus ojos azul acero se posaron en Luca con una mezcla de curiosidad y desafío.

—Así que tú eres el famoso Luca Moretti.

Él arqueó una ceja.

—¿Famoso?

—Tu hermana no deja de hablar de ti.

Astrid le tendió la mano y Luca la estrechó con naturalidad.

—Buen concierto.

—Gracias. No pensé que fueras del tipo que va a conciertos.

—No lo soy. Pero este fue diferente.

Astrid sonrió con un destello de diversión en los ojos.

—¿Eso es un cumplido?

Luca sostuvo su mirada.

—Tal vez.

Hubo un breve silencio en el que ambos se estudiaron mutuamente.

No era algo evidente, no era inmediato, pero había algo ahí.

Astrid rompió el contacto visual y miró a Valentina con una sonrisa.

—Tu hermano es más interesante de lo que pensaba.

—Dímelo a mí —respondió Valentina con una risa.

Luca sonrió de lado y, por primera vez en mucho tiempo, sintió que algo lo sacaba de su mundo de números, estrategias y presión.

Astrid Novak no era solo una estrella.

Era un desafío.

La noche seguía vibrando en el aire cuando Luca salió del backstage junto a Valentina. Las luces del estadio todavía parpadeaban, el eco del último acorde de guitarra parecía aferrarse a las gradas vacías, y el bullicio del equipo desmontando el escenario marcaba el fin del evento.

Pero en su cabeza, aún resonaba la voz de Astrid Novak.

Había algo en ella. Algo que no era solo su presencia en el escenario ni su talento indiscutible. Era la forma en que su mirada lo desafiaba sin esfuerzo, como si estuviera acostumbrada a leer a la gente y encontrar exactamente lo que buscaba.

No lo impresionaba fácilmente. Pero Astrid tenía algo diferente.

—Estás callado —comentó Valentina mientras caminaban hacia la salida.

Luca metió las manos en los bolsillos de su chaqueta y soltó una leve sonrisa.

—¿Tú crees?

—Te conozco —replicó su hermana, cruzándose de brazos—. Y sé cuándo algo te intriga.

Luca negó con la cabeza.

—Es interesante. Pero nada más.

—Ajá.

Valentina lo miró con una media sonrisa, pero no insistió. Sabía que Luca no era de los que admitían demasiado en voz alta.

Subieron a una de las camionetas privadas que los llevaría de regreso a la mansión Moretti. El evento había sido un éxito total. Marco, como siempre, había calculado bien el negocio: alquilar el estadio, hacer de Vittoria un punto de referencia para espectáculos y generar ingresos adicionales fuera del fútbol.

La familia Moretti no dejaba escapar oportunidades.

—¿Sabes que esto fue aprobado por Alessandro? —comentó Valentina, revisando su teléfono mientras el vehículo avanzaba por las calles iluminadas de la ciudad.

Luca giró la cabeza.

—¿Alessandro estuvo detrás de esto?

—Marco organizó todo, pero Alessandro le dio el visto bueno —explicó ella—. Es un buen negocio para la empresa y para Vittoria. Así que no te sorprendas si empiezan a usar el estadio para más eventos de este tipo.

Luca asintió.

—Es lo lógico. Vittoria tiene que generar ingresos más allá del fútbol.

—Exacto. Y créeme, después de esta noche, otras compañías van a querer reservarlo. Astrid es la artista del momento. Todos quieren su imagen atada a sus marcas.

Luca pensó en la cantante por un instante.

—Debe ser agotador.

Valentina lo miró con curiosidad.

—¿El qué?

—Vivir bajo la presión de ser una estrella. Ser el rostro de una generación, saber que millones de personas esperan algo de ti todo el tiempo.

Valentina sonrió levemente.

—Es parecido a lo que te pasa a ti, ¿no?

Luca giró la cabeza hacia la ventana.

—Tal vez.

El resto del viaje transcurrió en silencio. Pero, aunque no lo dijo en voz alta, Luca sabía que esa no sería la última vez que vería a Astrid Novak.

Cuando dejaron a Valentina en la mansión, Luca decidió no quedarse. No tenía ganas de otra conversación familiar esa noche.

El éxito del evento, la reunión con Astrid, la forma en que su hermana lo miró con esa expresión de "te conozco demasiado", todo se mezclaba en su cabeza.

Así que continuó el trayecto hasta su departamento, donde al menos podría relajarse un poco.

Al llegar, apenas cruzó la puerta cuando Rocco, su pastor alemán, corrió hacia él con la energía de siempre.

—Vamos, muchacho, tranquilo —murmuró Luca, inclinándose para rascarle detrás de las orejas.

El perro movió la cola con entusiasmo antes de seguirlo hacia la sala, donde Luca dejó su chaqueta en el respaldo del sofá.

Se sirvió un vaso de whisky, encendió las luces bajas y se dejó caer en el sillón, disfrutando del silencio por primera vez en todo el día.

Hasta que su teléfono vibró sobre la mesa.

Un mensaje de voz. De Isabella.

Luca arqueó una ceja antes de tomar el móvil y presionar play.

—Moretti… —la voz de Isabella sonaba ligeramente relajada, casi arrastrando las palabras—. Buen concierto, ¿no? Nunca pensé verte en uno de estos… y menos divirtiéndote.

Hubo una pequeña pausa antes de que ella soltara una leve risa.

—Astrid Novak, ¿eh? Vaya, vaya. ¿Desde cuándo te interesan las estrellas de rock?

Luca sonrió levemente. Sabía exactamente a dónde iba Isabella con esto.

—De todos modos, supongo que te la pasaste bien. Yo también. Aunque… —otra pausa—. Digamos que no esperaba verte tan entretenido con ella. Me recordó a otros tiempos. Pero bueno, qué más da.

El mensaje terminó con un tono ambiguo. No era solo un comentario casual.

Luca dejó el teléfono sobre la mesa y tomó un sorbo de su whisky.

Conocía a Isabella demasiado bien como para no notar el pequeño matiz de celos en su voz.

A pesar de haber terminado hace tiempo, a pesar de que ella era la que había tomado la decisión de seguir adelante, algo en ella aún se removía al verlo con otra mujer.

Y Luca no podía negar que eso le divertía.

Sin embargo, no era el tipo de hombre que jugaba con el pasado.

Tomó su teléfono y respondió con un mensaje de voz breve, sin darle más vueltas al asunto.

—No sabía que te importaba con quién me entretengo. Pero sí, fue un buen concierto. Buenas noches, Isabella.

Dejó el teléfono en la mesa, terminó su whisky y se recostó en el sofá mientras Rocco se acomodaba a sus pies.

Había sido un día interesante.

Y algo le decía que las cosas apenas estaban comenzando.

La mañana siguiente llegó con la disciplina de siempre.

Luca se despertó temprano, se puso sus auriculares, ajustó sus zapatillas y salió a correr por la ciudad. Era su rutina, su forma de despejar la mente antes de enfrentarse al día.

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