INICIAR SESIÓNEl sobre resultó ser más importante de lo que jamás hubiera imaginado, algún día tendría que agradecerle a Karla por su sugerencia. Después de ver el contenido no creía volver a ver a Christian de la misma manera, antes lo consideraba casi tan responsable como su padre por todas las malas acciones de la compañía, el sobre lo cambiaba todo. Era una prueba de ADN con una nota escrita por el mismísimo señor Daleman.
“Daniel:
Ha llegado el momento de confirmar mis sospechas, se acerca el momento de nombrar un heredero y necesito saber si Christian es mi hijo. Nada en su carácter se parece a mí. Recuerda lo que podrías perder si decido volverlo mi sucesor y lo que ganarás si me ayudas. - D.”
Me quedé sorprendida. ¿Daleman creía que Christian no era su hijo? Debía tener sospechas, si no ¿solicitaría una prueba? Además, Daniel, su mejor amigo estaba involucrado… Debería guardar esa información, corroborarlo y hacer al señor Daleman salir de su escondite a cambio de no revelar ese secreto a los medios. En vez de eso atravesé el baño compartido y abrí la puerta del cuarto de Christian. Este bebía una taza de té sentado a la orilla de la cama.
-Rachel, ¿se te ofrece algo?
-Señor, alguien en la compañía me pidió que le hiciera llegar este sobre. Es… de naturaleza delicada, muy importante.
-Supongo que son instrucciones para otra prueba de ADN.
- ¿Cómo lo supo? -Pregunté sorprendida, ¿Ya había pasado antes?
-Las cosas con mi padre no están nada bien, no desde que falleció mi madre. Por alguna razón no quiere admitir que soy su hijo. -Una enorme tristeza impregnaba cada palabra. - Creo que quizás él tuvo una aventura y tiene a otra familia a quien busca beneficiar, entonces al menos todo esto tendría algo de sentido… en fin, mis problemas personales han de aburrirte.
-Yo… lamento que pase por eso, no puedo imaginar cómo me sentiría si mi padre hiciera algo así.
-No es tan malo, me hice la prueba hace años, cuando comenzaron sus sospechas. Soy su hijo, yo lo sé y sin importar cuantas cosas haga con tal de negarme, eso no puede cambiarlo.
-Debe saber que su padre le envió la prueba a Daniel, señor.
Christian asintió, pensativo, sus cejas ligeramente fruncidas. No le sorprendió enterarse de aquella traición, más bien parecía esperarlo. Nunca creí que el señor Daleman fuera tan cruel con su familia como con su competencia y enemigos. Tratar así a su propio hijo, me resultaba asqueroso.
-Si quieres puedes retirarte, tenemos una junta mañana temprano, será mejor que descanses.
- ¿Estará bien?
-Ya estoy acostumbrado, no te preocupes por mí.
Me sentí mal al dejarlo solo, esa conversación cambió para siempre mi forma de verlo. Un error garrafal que más tarde llegaría a lamentar. Porque apenas lo vi como una persona real, de carne y hueso, con emociones y capaz de sufrir me resultó difícil considerar manipularlo. “Sería tan mala como Daleman” pensé apenas apagué la luz de mi cuarto. Esa noche apenas pude dormir, sentí que acababa de cerrar los ojos cuando sonó mi despertador.
Afuera aún estaba oscuro, pero uno de los inconvenientes de compartir un baño con tu jefe es el riesgo de que abra la puerta en un mal momento, por eso intenté despertarme antes de lo usual. Temía una situación incómoda, la tensión que sentía entre ambos no hacía más que aumentar y no quería agregarle incomodidad a las emociones que el apuesto hombre provocaba en mí, emociones olvidadas mucho tiempo atrás.
Abrí la puerta y entré, sólo para salir corriendo, adentro estaba Christian, desnudo, a punto de meterse a bañar. M****a. Me gustaría poder decir que el vapor del agua me salvó de ver a mi jefe desnudo, pero eso sólo pasa en las películas.
-Deberíamos tener un sistema o algo. - Gritó él, su voz ahogada por el sonido de la regadera. -A partir de mañana haremos un horario.
-Claro, señor.
Sacudí la cabeza, no necesitaba esa imagen mental, en absoluto. ¿Quién diría que el heredero de empresas Daleman estaba muuuuy bien dotado y que bajo su camisa había un abdomen perfecto y musculoso? Cerré la puerta sin mirar atrás. “Christian Daleman está fuera de límites” me reprimí, sorprendida por las atrevidas imágenes que conjuraba mi mente.
-Ya salí. - Avisó unos minutos después. - Aun hay agua caliente.
-Okay.
Me bañé, con esa desagradable sensación de haber hecho algo malo, aunque fue cien por ciento accidental. Nos fuimos a la empresa a las seis y media, el sol ya había asomado sus primeros rayos, iluminando la hermosa capital. Me miré reflejada en la ventana, no se notaba la noche en vela, afortunadamente. Las escasas ojeras que rodeaban mis ojos quedaban ocultas por mis lentes volviendo innecesario el maquillaje, contuve un bostezo e intenté disfrutar esa rara oportunidad de mirar la ciudad.
-Luisa estará ahí, ¿no te molestó ayer? -me preguntó Christian.
-Puedo ser profesional, sus problemas de confianza no son de mi incumbencia.
-Me alegra que pienses así. Yo… lamento que sea sí contigo, no lo mereces.
Bueno, de eso nunca tuve dudas. Mi teoría de una infidelidad había cambiado con los acontecimientos de la noche anterior, ahora creía que fue Luisa la anterior persona que mandó el señor Daleman a hacer la prueba de ADN. Una traición capaz de terminar la más estable relación y destruir amistades que parecían destinadas a durar la vida entera. Uf, qué vida tan complicada.
Miré adelante, ese día tenía una misión más importante, según cierta periodista era posible que el señor Daleman tuviera varias propiedades en distintos países destinadas a esconderse cuando las cosas salieran mal. Un lugar así era perfecto para la culminación de mis planes. Con eso en mente Lucía había recopilado una lista de empleados que podían tener acceso a esa información. Memoricé los primeros tres nombres de la lista: Luisa, Daniel y un tal Ramón Díaz. Tres oficinas por revisar, en mi bolsa llevaba tres pequeños micrófonos, prácticamente indetectables, listos para ser activados, Lucía y su esposo recibirían las grabaciones que después me mandarían a mí cuando regresara a México.
-Necesitaré tu ayuda…- Dijo Christian apenas bajamos del auto, miraba su teléfono con preocupación. - Había contratado un servicio de catering, pero acaban de cancelar. ¿Puedes encargarte, Rachel?
-Por supuesto, señor.
-Excelente. - Me dio una tarjeta de crédito, con la brave explicación de que pensaba pagarlo todo él en vez de usar el dinero de la compañía.
Pagar por sus propios errores, algo que su padre nunca había hecho. Desgraciadamente eso me alejaba un poco de mi plan del día; estaría lejos de las oficinas por la mayor parte de la mañana. Rápido le mandé un mensaje a Lucía “Cambio de planes, tal vez en la tarde” a lo cual ella no contestó, teníamos la política de no contestarnos a menos que fuera de verdad importante.
Mi idea de un viaje a Ecuador nunca fue correr con tacones por las calles de Quito buscando quién pudiera hacer el catering con tan poco aviso. Al final tuve que improvisar, o más bien hacer algo que se asemejaba bastante a llenar algo con parches. Conseguí unos panecillos y pasteles miniatura, café y sushi. Bueno, pudo ser peor, recordaba una reunión laboral en la que mi anterior jefe compró un pastel helado y lo dejó en la mesa toda la mañana… un verdadero éxito para las burlas, por no mencionar que el incidente le ganó el odio del conserje.
-Señor, esto es lo que pude conseguir, lo lamento si no es lo que esperaba. - Dije al presentar los bocadillos acomodados en una mesa en la sala de conferencias.
-Es perfecto, gracias. -Christian sonrió, una sonrisa de esas capaces de iluminar los ojos con un cálido brillo. Sus claros ojos así lucían aún más hermosos. - En realidad dudo que coman, sólo quiero que todo esté bien… Mi padre odia verme fracasar.
-Mi padre decía que “el fracaso es parte de la vida, si no sabes caerte nunca aprenderás cómo levantarte”-Conté, era uno de esos momentos que se quedan siempre contigo, de mis pocos consuelos después de su muerte. - No te preocupes por cometer errores, sólo asegúrate de aprender algo de ellos.
-Tu padre suena como un gran hombre.
-Lo era.
-Oh, lo lamento, no sabía que…-murmuró en disculpa.
-Está bien, como dije en la entrevista, yo no tengo familia. Fue hace varios años, ya no es tan doloroso como antes… no te preocupes por eso…-le aseguré, la preocupación en su voz ¡No! De nuevo la burra al trigo, tenía que dejar de verlo así, apenas lo conocía y ya estaba involucrada emocionalmente. - ¿Debería acomodar su corbata? De nuevo es un desastre.
Christian miró abajo, soltó una risita al ver su corbata toda chueca, atravesaba su pecho en una diagonal hacia la izquierda. Asintió. Con manos expertas volví a hacer el nudo, era más fácil volver a empezar que arreglar sus nudos de principiante. De nuevo estaba muy consiente de la cercanía entre ambos, en cuanto estuvo listo quise apartarme, entonces noté su mirada fija en mí, sus labios quedaban casi a la altura de mi frente, al verlos me pregunté si serían tan suaves como lucían. Tan cerca, ambos inclinamos la cabeza, yo hacia arriba, el hacia abajo para mirarnos bien.
Las voces en el pasillo que se acercaban a gran velocidad nos hicieron regresar a la realidad. Retrocedí varios pasos, desviando la mirada hacia el suelo. Christian comenzó a caminar de un extremo al otro de la sala de conferencias antes de tomar asiento en la silla más alejada de la puerta.
Unos segundos después entró Luisa seguida por quienes asumí eran los inversionistas del centro comercial. En ese punto me retiré, tenía la instrucción de regresar en dos horas pues se hablarían temas muy delicados.
-Yo confío en ti, pero no quiero causar más problemas. Los del centro comercial deben sentir que están en control y que todo está bien. No puedo hechar esto a perder -se había justificado Christian, al lo cual aseguré que no había ningún problema.
Tiempo lejos de ellos, mientras estaban demasiado ocupados con otra cosa, era justo lo que necesitaba. Con pasos decididos fui hacia la oficina de Daniel, sería la más sencilla pues ya conocía su ubicación. Me aseguré de que el pasillo estuviera vacío antes de entrar. La oficina estaba tan desordenada como la recordaba, dioses ¿acaso encontraba algo en ese mar de cosas? Casi sin darme cuenta empecé a recoger las envolturas del escritorio. Necesitaba un buen lugar para poner el micrófono, donde fuera poco probable que Daniel o alguien más lo encontrara.
- ¿Señorita Guerra? -me llamó una vocecita desde la puerta. Voltee, la pasante del otro día me miraba desde la entrada. - ¿Qué busca?
-Nada, tenía tiempo libre y esta oficina está hecha un desastre, no he podido dejar de pensar en esto. -Le enseñé mi mano llena de envolturas. -No pienso mover los papeles ni nada, sólo quería quitar la basura.
-El señor Daniel no siempre fue así. - la joven entró a la oficina, mirando con sus ojos castaños casi negros los muebles enterrados en el desorden. -Ha tenido problemas, no se supone que lo diga, pero duerme en la oficina la mitad de los días. Creo que va a separarse de su esposa…
-Pobre, nunca lo habría adivinado.
Sentía la mirada de Karla fija en mi mientras seguía levantando envolturas del escritorio, en medio había una planta tan seca que daba lástima. Recogí la maceta, tenía la idea perfecta para poner el micrófono. Salí con la pasante, pobre, estaba tan convencida de mis buenas intenciones que incluso me señaló el bote de basura más cercano. Minutos después regresé con una planta aparentemente indefensa, cuya doble maceta ocultaba el micrófono a plena vista. La inocente planta quedó pronto en su lugar enmedio del escritorio, sus lindas hojas verdes y frondosas serían mis aliadas en aquella misión.
-Ahora tenemos una entrada directo al corazón de dos sucursales. No puede pasar nada sin que lo sepamos.- le informé a Lucía en cuanto regresé a mi cuarto de hotel.-Voy a destruirlos, estoy segura...
Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda. - ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco. Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa. - Así es, nunca pe
Decir que me sorprendió ver a mi madre sería restarle importancia al suceso. No la había visto desde el funeral… nuestra última reunión fue hostil y yo decidí no buscarla cuando decidió irse a la ciudad a perseguir su olvidado sueño de ser actriz. Las dos dijimos, más bien gritamos, cosas terribles que probablemente ninguna había olvidado o perdonado, palabras dichas con la única intención de lastimar. Nunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos. - ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aq
El momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.-Vete, Daleman. - Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.- No.- Aún no digo nada…- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y dec
Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde,
Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.La conversación con Antonio fue
Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners







