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Capítulo 17

last update publish date: 2026-11-02 22:05:13

La noche del gran debut de Sandoval Atelier en la galería de arte contemporáneo del Bajo Manhattan se convirtió en el evento social más codiciado de la temporada neoyorquina. Los flashes de los fotógrafos cegaban la entrada principal, las cámaras de televisión transmitían en directo para los canales especializados en moda, y la alfombra roja estaba repleta de celebridades, críticos internacionales e inversores de alto nivel.

Ariadna Sandoval hizo su entrada triunfal acompañada por Clara Valcárcel y don Anselmo. Llevaba un vestido largo de corte asimétrico en tono negro medianoche, estructurado con una precisión geométrica impecable que destellaba elegancia y poder absoluto. Su cabello estaba recogido en una coleta alta y pulida, y su expresión reflejaba la tranquilidad absoluta de quien sabe que ha ganado la partida por puro mérito propio.

En primera fila, sentado en el centro del palco principal junto a los ejecutivos de Valcárcel Group, Mateo Valcárcel la observaba con una mezcla de orgullo y profunda fascinación. Su presencia silenciosa era el mayor respaldo institucional que cualquier diseñadora novel podría soñar en toda la industria.

—Damas y caballeros, con ustedes la colección inaugural de Sandoval Atelier: "Arquitectura del Alma" — anunció la voz del maestro de ceremonias a través de los altavoces.

Las luces de la pasarela principal se atenuaron, dando paso a una iluminación cenital fría y limpia. Los primeros acordes de una melodía instrumental minimalista comenzaron a sonar, y la primera modelo emergió desde tras bambalinas.

El impacto visual fue inmediato y arrollador. No había rastro de los tules recargados ni de las sedas excesivas que caracterizaban la decadente estética de Maison Montalvo. Las prendas presentadas eran abrigos estructurados de lino pesado, vestidos de líneas puras, trajes sastre de siluetas angulares y una sofisticación minimalista que dejaba sin aliento a los críticos especializados sentados en las primeras filas. Cada costura era una obra de arte; cada corte, una declaración de libertad femenina.

Clara Valcárcel, que ocupaba un asiento de honor junto a Mateo, aplaudía con entusiasmo incontenible, señalando cada salida con orgullo. —¡Es absolutamente magistral! —susurraba Clara hacia los periodistas sentados a su lado—. ¡Esto es lo que la alta costura necesitaba desesperadamente: alma y carácter real!

Al fondo de la sala, ocultos entre las sombras de una columna lateral y tratando de pasar completamente desapercibidos,se encontraban Lucas Montalvo y Regina. Lucas había logrado colarse en el evento utilizando una acreditación de prensa antigua, impulsado por una mezcla enfermiza de morbo, desesperación y incredulidad. No podía aceptar que la mujer a la que había pisoteado y dejado sin un solo centavo estuviera triunfando en la cima del mundo de la moda de Manhattan.

Lucas observaba la pasarela con los ojos inyectados en sangre, sintiendo que el pecho se le estrechaba dolorosamente con cada modelo que desfilaba luciendo las creaciones de Ariadna. Los aplausos estruendosos del público y el destello de los flashes parecían una bofetada directa a su ego herido.

—Mira nada más... Es imposible —mascullaba Lucas entre dientes, con la mandíbula tan tensa que le dolía la garganta—.Ella no era más que mi sombra en el taller... ¿Cómo demonios logró esto sin el presupuesto de nuestra empresa?

Regina, a su lado, observaba el éxito desbordante de Ariadna con una mezcla de envidia venenosa y pánico absoluto.Sabía perfectamente que, si la prensa descubría su presencia o si Lucas lograba conectar todos los puntos de su fracaso, se quedaría completamente sola y en la ruina. —Vámonos de aquí, Lucas... este lugar me da náuseas —siseó Regina tirando de la manga de su saco con desesperación—. No ganamos nada viendo este circo de pretensiones.

—Cállate y déjame ver —respondió Lucas con voz ronca y helada, apartando el brazo de un golpe seco, incapaz de apartar los ojos de la pasarela donde Ariadna acababa de hacer su aparición final para recibir la ovación de pie de todo el auditorio.

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